La Rioja en altura

Por qué este pueblo de La Rioja lo tiene todo para triunfar este febrero

Ostenta el título de Primera Villa Turística de La Rioja y es un trampolín cultural y gastronómico desde el que asaltar la Sierra de la Demanda.

La fama de Ezcaray como casco urbano encantador ha quedado un poco eclipsada por la de su flamante estación invernal, pero sus callejuelas con soportales, engalanadas con flores, y sus plazuelas porticadas e irregulares siguen ahí, igual de bellas que siempre, conjugando la arquitectura popular serrana con los palacetes señoriales. Con poco más de dos mil habitantes, sorprende su palpitante calendario cultural, su refinada gastronomía y el legado de una ancestral industria textil que brinda la oportunidad de llevarse un suvenir con carácter y que contribuye a un desarrollo rural sostenible: una manta de lana.

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Su nombre suena a euskera porque fueron grupos de vascos los que repoblaron estos valles allá por principios del siglo X, cuando el primer rey de Pamplona Sancho Garcés I arrebató las orillas del Oja a los musulmanes. No se devanaron los sesos a la hora de buscar un nombre: Ezcaray proviene de la unión de los vocablos haitz y garai, es decir, ���peña” y “alta”. La toponimia persiste en esta simple idea y hoy le otorga a la comarca el nombre de La Rioja Alta, porque es aquí donde el país del vino se acerca más al cielo.

 

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Un tren, un restaurante y el nombre de “La Rioja”

La gran joya monumental local es la iglesia de Santa María la Mayor, un templo con aires de fortaleza por las columnas que forran sus aristas. Conserva algunas piezas de la iglesia románica del siglo xii sobre la que se construyó, aunque hoy se imponen los elementos góticos, renacentistas y hasta hispano-flamencos que fue acumulando hasta el siglo xvi. El segundo plato, pero casi a la misma altura, es una sorprendente colección de casonas nobles barrocas del siglo xviii, entre las que merecen especial mención el casa de los Condes de Torremúzquiz, el palacio del Arzobispo , el palacio del Ángel o la casa de los Gil de la Cuesta.

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Torrija-Echaurren

Existe un aplastante consenso con respecto al hotel Echaurren: es un imprescindible local. Se trata de una antigua casa de postas que, cuando a finales del siglo xix se anunció que el ferrocarril iba a llegar al pueblo y que ya no haría falta una parada de diligencias, decidió transformarse en un hotelito con restaurante. Hoy, siglo y cuarto después, lo ha adquirido la prestigiosa cadena Relais & Châteaux y se ha ganado un par de estrellas Michelin; pero el éxito no se le ha subido a la cabeza y preserva ese ambiente familiar que lo catapultó a la fama. De hecho, en paralelo a su restaurante más “experimental”, sobrevive otro que se hace llamar Echaurren Tradición.

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Ese ferrocarril que, sin quererlo, engendró el negocio más popular de Ezcaray, mantuvo conectada esta localidad con Haro durante cerca de cincuenta años.  Los locales bautizaron a su tren como “El Bobadilla” porque su modesta vía estrecha resultaba un tanto ridícula en comparación con las de los grandes proyectos ferroviarios de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. En 1964 hizo su último recorrido y ahora, en lugar de “El Bobadilla” es la Vía Verde del Río Oja, ya que transcurre en paralelo al río que da nombre a esta Comunidad Autónoma y a uno de los vinos más célebres del planeta. 

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La vieja estación de tren de Ezcaray tiene ese arrebatador encanto que impregna los edificios industriales del final de la Belle Époque. Se mantiene en muy buena forma gracias, en parte, a que se utiliza como un bar. Desde aquí, un sencillo paseo ciclista de 15 km nos puede conducir a Santo Domingo de la Calzada, cuyo puente sobre el río Oja está estrechamente relacionado con el desarrollo del Camino de Santiago. De regreso a Ezcaray por la vieja vía, las vistas de la llanura repleta de viñedos con la Sierra de la Demanda de fondo cubierta de nieve, es una de las grandes postales que ofrece la región, y adentrarse por sus valles, una de sus grandes aventuras.

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Coronando la Sierra de la Demanda entre tres provincias

Ezcaray se sitúa en uno de los últimos llanos que ofrece la Sierra de la Demanda antes de que esta comience a tomar grandes alturas para convertirse, junto a los picos de Urbión, en territorio fronterizo entre La Rioja, Burgos y Soria. El llano de Ezcaray todavía se extiende un poco más hacia el oeste, en dirección Burgos, donde aparece la vecina localidad de Valgañón, donde su iglesia de Nuestra Señora de Tres Fuentes ostenta un universo de exóticas tallas tardorrománicas, donde aparecen rostros africanos, leones, un basilisco o un dragón bicéfalo. Sin embargo, para honrar el nombre de la Rioja Alta y su sierra, convendría atreverse a abandonar el llano y tomar altura.

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No hace falta hollar sus cumbres para disfrutar de uno de los grandes atractivos de esta sierra: sus bosques templados caducifolios. Desde Ezcaray, si remontamos el río Oja casi hasta su nacimiento, una vez pasamos la aldea de Posadas podemos trazar la pintoresca ruta del barranco del Ortigal, cuya vieja haya de los Pastores dicen ronda los 450 años de edad. Pero la reina de la Sierra de la Demanda, por lo menos durante el invierno, es la estación de esquí de Valdezcaray, que después de su remodelación de 2022 ha conseguido que los deportistas de nieve de Burgos, Logroño e incluso Bilbao se sientan menos tentados por los Pirineos. Ahora suma 20 km esquiables repartidos en 26 pistas que cuentan con una buena red de remontes, de la que llama la atención su densidad de telesillas desembragables: 4 en total, siendo uno de ellos de 6 plazas.
 

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La estación invernal de Valdezcaray se construyó aprovechando las laderas del pico San Lorenzo. Los remontes no se atreven a alcanzar su cumbre, pero el telesilla Campos Blancos se acerca hasta media ladera, siendo un recurso genial para los esquiadores de montaña que se propongan enlazar varias cumbres de la Demanda. A San Lorenzo los locales también lo llaman el Cocullo, que con sus más 2.271 m es el más alto de La Rioja y es el segundo del Sistema Ibérico, solo por detrás del Moncayo (2.314 m). Los cerca de 180 km de viaje en coche que separan ambas cumbres, la primera en su extremo occidental y la segunda en su parte central, dan cuenta de las magnitudes de este sistema montañoso moteado de pueblos que, como Ezcaray, están hechos de piedra, barro y madera, y rodeados de bosques infinitos.