Hallazgos muy nobles

Por qué el Palacio de Liria es una de las visitas más asombrosas en Madrid

La residencia habitual del Duque de Alba no solo es un lugar imponente; también una caja llena de sorpresas.

Combina los elementos clásicos de palacio de cuento con los de una vivienda habitada repleta de obras de arte dignas de ser expuestas en el mejor museo de cualquier capital mundial. Pero las doscientas estancias del Palacio de Liria esconden además millones (literalmente) de secretos y curiosidades. Llegó el momento de descubrirlas.

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Jardines-Principales. Un récord nada más cruzar sus puertas

Foto: Palacio de Liria

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Un récord nada más cruzar sus puertas

Ahí está. A poco más de un kilómetro de la Puerta del Sol o la Plaza Mayor -en lo que eran las afueras de la capital cuando se construyó en el siglo XVIII- el del Palacio de Liria es hoy el jardín privado más grande del casco histórico madrileño. Basta con asomarse desde fuera para descubrir su parte delantera pero la joya de la corona se guarda sólo para la familia y sus invitados: el jardín trasero. Esta zona excavada, diseñada para ser vista desde lo alto con un estilo barroco y parterre incluido rematado con una gran fuente, no entra dentro de la ruta de los turistas. 

Salón Goya

Foto: Palacio de Liria

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Tan palacio como museo

Sí, aquí está el famosísimo retrato que Goya pintó de la Duquesa de Alba; el del vestido blanco y el fajín rojo con el perrito a sus pies. Tan conocido es que parece como si ya lo hubiéramos visto todos. Así que, ¿por qué no girar la mirada y descubrir algunas otras de las obras que lo rodean? Hay autenticas joyas de Rubens, El Greco, Mengs, Madrazo… Y atención: el único cuadro de Jean-Auguste-Dominique Ingres que puede verse en España. Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al duque de Berwick es un óleo fechado en 1818 que el XIV duque de Alba, Carlos Miguel, encargó al artista cuando ambos se conocieron en Roma.

 

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Foto: D.R.

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"Me pareció ver un lindo Mickey Mouse"

Y acertó: un Mickey Mouse de lujo, salido de los pinceles del maestro Zuloaga, quien en 1930 lo pintó a los pies del poni favorito de Doña Cayetana Fitz-James Stuart. Cuentan que entonces, con apenas cuatro años, quien después llegaría a ser la XVIII duquesa de Alba era una niña muy inquieta y que la única manera de que se mantuviera un poco quieta posando para el artista fue dejándola jugar con sus muñecos, entre los que se encontraba el ratón que Walt Disney había diseñado sólo dos años antes. Aquel Mickey de trapo debió de estar tan presente durante las largas sesiones, que el artista decidió incluirlo en la obra junto a otros de sus juguetes. Un auténtico reflejo de la personalidad de la modelo y de su tiempo.

Salón de la Empreatriz 5. Una, ninguna y cien mil

Foto: Palacio de Liria

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Una, ninguna y cien mil

Que Dios tenga en su gloria a la persona encargada de limpiar el polvo en palacio porque si Pirandello -autor de Uno, ninguno y cien mil- tuviera que enumerar la cantidad de miniaturas, cajitas, joyeros, figuritas, marcos, pastilleros, polveras… e infinidad de objetos que la familia ha ido coleccionando a lo largo de los siglos, acabaría agotado. Quien tenga problemas de vista, que no olvide las gafas antes de la visita. Hay tantas colgadas por las paredes, sobre las mesas, los escritorios etc. que es imposible que no reparar en ellas y quedarse fascinado admirando los detalles. Las escuelas italianas y francesas son las más representadas.

Biblioteca. Mucho más que libros

Foto: Palacio de Liria

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Mucho más que libros

Se abren las puertas de la biblioteca verde y la primera reacción sólo puede ser un "guau". Vaya por delante una advertencia para aquel que entre a la caza de curiosidades entre las estanterías: los libros están colocados por tamaño, no le busquen la lógica. Aunque las verdaderas joyas de esa sala se encuentran en las vitrinas. ¿Cómo seria un autógrafo de Cristobal Colón? La respuesta está tras uno de sus cristales. Y lista de quienes le acompañaron en el primer viaje. La familia de Alba posee el mayor conjunto de cartas escritas por el almirante. Y no sólo por él, las hay tan curiosas como las que Alejandro Dumas hijo enviaba a Eugenia de Montijo, de la que siempre estuvo enamorado. ¿Qué le diría? Aquí la respuesta.

Comedor. Una, ninguna y cien mil

Foto: Palacio de Liria

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Todos a la mesa

Pero no todo en palacio es de «mírame y no me toques». Al tratarse de una residencia habitada, hay estancias que se mantienen muy vivas. Un ejemplo de ello es el gran comedor de la planta superior con vistas al jardín trasero que el duque utiliza a diario cuando está en Madrid pero que no por ello se mantiene ajeno a las miradas de los visitantes. Hacerlo no, pero imaginar cómo sería sentarse a la mesa rodeado de los impresionantes tapices de Gobelinos fechados en 1789 dedicados a la flora y fauna de algunos de los rincones más recónditos del mundo que lo decoran, está al alcance de todos.     

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