Lejano oeste

La Valencia más insólita

Un recorrido por la parte más escarpada, sinuosa y rural de esta provincia.

La Plana de Utiel-Requena, el Valle de Ayora-Cofrentes y el Canal de Navarrés son tres comarcas de Valencia, poco conocidas pero que guardan verdaderas sorpresas, por la belleza de sus pueblos y una de las naturalezas más salvajes de la Península Ibérica.

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iStock-527481967. La Plana y su fertilidad

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La Plana y su fertilidad

Este viaje comienza en la meseta de Utiel y Requena. Se precisa más de una jornada para descubrir la más vasta comarca del País Valenciano: 1725 km2 de una tierra fértil como pocas gracias a sus suelos aluviales, toda ella abierta a horizontes y con una más que relevante calidad ambiental, en la que solo habitan unas 38.000 personas. Con doble capitalidad (Utiel y Requena), la sobrecogedora belleza del paisaje va asociada al cultivo de la vid, que marca el ritmo anual en estas llanuras. Emocionan también las contundentes masas forestales, las aguas limpias de todos sus arroyos y ríos, los horizontes abiertos y la pureza del aire.

iStock-814386146. Utiel y Requena, por separado

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Utiel y Requena, por separado

Utiel invita a pasear por una trama medieval, donde sobresalen el Ayuntamiento del siglo xviii y la portentosa iglesia de Santa María de la Asunción, del xvi. Pero la mayor sorpresa la depara su imponente Bodega Redonda, sede de la denominación de origen del vino de la comarca. A solo unos minutos de coche se halla Requena, cabeza del municipio de mayor superficie de Valencia, en el que se asientan hasta 25 aldeas. Siempre maravilla su barrio antiguo, con las iglesias del Salvador (siglos xiv al xvi, en la imagen) y de Santa María (xv al xvi), el palacio del Cid (xv) y la Torre del Homenaje, que invita a disfrutar de un tranquilo paseo entre plazoletas íntimas, calles medievales y casas de ricos terratenientes.

iStock-944860754. El río escultor

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El río escultor

Desde Utiel o Requena es fácil acercarse a las riberas del río Cabriel y a sus vertientes –hoy parque natural–, fuente inagotable de recursos patrimoniales y naturales. Aquí aguardan enclaves arqueológicos, puentes, salinas, azudes y norias de riego aún en funcionamiento, como la de Casas del Río. Singulares árboles proliferan por decenas en la comarca, como la carrasca del Pozo, los chopos del ­Regajo, los pinos de las Fuentecillas o el enebro del Carrascalejo. Sin soslayar lo más llamativo de este río: su armónica configuración de meandros y la calidad microbiológica de sus impolutas aguas.

Camino carretero en Castellar de Meca 66. El poblado ibérico más alucinante

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El poblado ibérico más alucinante

Siguiendo el cauce del Cabriel se llega a la comarca del Valle de Ayora-Cofrentes. Allí el río rinde sus aguas al todopoderoso Júcar (Xúquer en valenciano). Con sus afluentes y barrancos, la comarca ofrece parajes de gran belleza, como la laguna de San Benito, vigilada por la imponente muela de Almansa.

El pequeño valle a sus pies emula una estepa africana desde la que se asciende a las conocidas como Casas de Meca. El trayecto resulta espectacular. Desde abajo el poblado ibérico parece más inaccesible y enigmático. Pocos lugares arqueológicos transmiten tanta sensación de viaje al pasado como Castellar de Meca. Poco a poco se deja atrás un camino de acceso excavado en la roca por las rodadas de los antiguos carruajes, fuentes cortadas sobre duros materiales pétreos, aljibes gigantes, escaleras agujereadas a pico... Todo sorprendente, enigmático, ancestral, sobrecogedor. Pero cuando se alcanzan los vestigios del poblado, lo que maravilla es la trama urbana, el camino carretero, cientos de aljibes y, frente a la vista, se abre la panorámica más amplia sobre tierras manchegas que se puede imaginar. Y ya de regreso, mientras se desciende por el camino troglodita, no se puede dejar de pensar en el duro paso de los carros, cuando Roma aún ni imaginaba Iberia.

iStock-528531867. De vuelta a Cofrentes... y al Júcar

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De vuelta a Cofrentes... y al Júcar

Desde este poblado se bordea el Júcar a lo largo de un desfiladero recortado por acantilados de vértigo, en el recorrido fluvial de mayor longitud de la Comunidad Valenciana. Tras abrirse a cuerpo entero sobre la vaguada de Cofrentes, el río se adentra de nuevo entre espectaculares paredes verticales. En lo alto del cañón, sobre la plataforma natural de la muela de Cortes de Pallàs (800 m), encontraremos poco más que el silencio y las soledades de las que disfrutan cabras salvajes, jinetas, jabalís y muflones de una Reserva Nacional de Caza, un territorio salvaje y libre de asentamientos humanos e infraestructuras de transporte.

iStock-497548272. Otros paisajes

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Otros paisajes

Aguas abajo, el Júcar alcanza la comarca del Canal de Navarrés. Impresiona el trayecto entre Millares y Bicorp. Barrancos laberínticos, acantilados y muelas convierten en iniciático un periplo que discurre en la más absoluta soledad. Este pedazo olvidado de tierra valenciana se halla a solo 40 km en línea recta del mar. Su aislamiento se explica porque el gran río crea una barrera insalvable por el levante, encajado entre verticalidades.

Casi toda la comarca vive a los pies del Caroig (1126 m), una montaña tótem, cuyas vertientes cobijan algunas de las pinturas rupestres más valiosas del Mediterráneo; es el caso de las que cobija la Cueva de la Araña –Patrimonio de la Unesco– en la villa de Bicorp, con un didáctico ecomuseo sobre ella.

iStock-497548512. El lejano oeste valenciano

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El lejano oeste valenciano

Este territorio es conocido por sus aguas impolutas, como las que afloran en el lago de La Albufera del pueblo de Anna. Pero también posee decenas de pozas transparentes e incontables láminas de agua en barrancos como los de los ríos Grande, Fraile o Cazuma. La cultura del agua ha modelado lugares periurbanos con lagunas, embalses, lavaderos, acequias o cuevas sumergidas, especialmente en pueblos como Chella, Bolbaite, Navarrés o Quesa. Muchos de estos recursos naturales son empleados en centros de interpretación y aulas de la naturaleza.

También son notables poblados ibéricos como el de Lucena en Enguera, el yacimiento prehistórico de la Ereta del Pedregal en Navarrés o las casetas de piedra en seco (conocidas como cucos) de la Sierra de Enguera. En cualquier pueblo de esta ruta es digno de apreciar el patrimonio arquitectónico, con sus iglesias, palacios, viviendas populares, cruces de término, capillas y ermitas. Por todo ello, recorrer estas tierras del lejano oeste valenciano es, sencillamente, conmovedor.

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La Valencia más insólita

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