Flechazo rural

El pueblo de Huesca al que se llega tras cruzar un puente peatonal de la Edad Media

Paisajes de ensueño y una arquitectura medieval con rincones encantadores son dos de sus múltiples encantos que lo convierten en una escapada rural perfecta.

Capital del antiguo Reino de Sobrarbe, Aínsa aparece suspendida en el tiempo y en el espacio en un promontorio rocoso cuyo telón de fondo, el murallón del Monte Perdido, parece escoltar la villa medieval. Esas legendarias cumbres pirenaicas anuncian un mundo de roca y nieve que apasiona a los amantes de la naturaleza. Desde lejos, el conjunto de fachadas de piedra aparece uniforme, constante, con la torre de la iglesia despuntando sobre los tejados como una promesa de la belleza rural a la que se está por llegar.

Aínsa invierno
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qué ver en Aínsa

Aínsa sintetiza a la perfección la estética de los pueblos del Pirineo aragonés. El castillo, auténtico germen de la villa, es lo primero que ve el visitante. Un mundo medieval se abre al cruzar el puente que conecta el aparcamiento con el casco histórico a través de su milenaria fortaleza. De aquella inexpugnable construcción quedan los muros y el gran patio de armas, una antesala de lujo para uno de los núcleos medievales mejor preservados de Aragón

Calles de Aínsa
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La Plaza Mayor, triangular y porticada, se transforma en el escenario de la fiesta de la Morisma, que conmemora la victoria sobre los musulmanes en el siglo VIII, gracias –supuestamente– a una cruz de fuego que prendió de forma milagrosa e insufló coraje a los cristianos allá por el año 724. Esa cruz es el símbolo de Sobrarbe y protagoniza cada dos años en septiembre una fiesta en la que participan hasta 300 vecinos, todos vestidos con ropas de época, caracterizados para una obra en verso que dura hora y media. 

A lado y lado del Ayuntamiento salen sendas calles que confluyen en la encantadora plaza de Santo Domingo: la Mayor y la de la Santa Cruz, que lleva a la iglesia de Santa María (siglo XIII), uno de los mejores ejemplos del románico del Alto Aragón. Cada una de las calles tiene rincones de una fotogenia extrema que se pueden conocer con visitas guiadas y teatralizadas.

iglesia Aínsa
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Antes de llegar al Portal de Abajo, la salida de la villa medieval, habrá que asegurarse de que se han contemplado las fachadas de la Casa Arnal (siglo XVI) y de la Casa Bielsa (siglos XVI-XVII). Son dos  ejemplos arquitectónicos de la prosperidad que alcanzó el pueblo gracias a los privilegios concedidos por la Corona de Aragón para comerciar. En aquellos tiempos, la ciudad contaba con una influyente comunidad judía, como se ha comprobado tras el hallazgo en 2015 de unmikvé (recinto de baños rituales) del siglo XIV en el sótano de una casa situada junto al Portal de Abajo.

En Casa Latorre, hay que visitar el Museo de Oficios y Artes Tradicionales. ¿El resto? Una auténtica colección de rincones que ensalzan la bohemia rural con multitud de detalles bien cuidados. Sí, Aínsa es parada obligada en cualquier momento del año, pero en febrero convergen algunas razones que lo hacen especialmente apetecible. 

 

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SEIS razones para visitarla

Una gastronomía envidiable

La cocina aragonesa, y más concretamente la del Pirineo, ya es motivo de visita, pero en el restaurante Estrella Michelin Callizo, la gastronomía típica pasa por un filtro contemporáneo que merece una degustación.

Una colección de paisajes nevados

Aínsa sigue disfrutando de un emplazamiento único, en la confluencia de los ríos Cinca y Ara, con la sierra de Guara al sur y el túnel de Bielsa al norte, puerta a las maravillas pirenaicas del Parque Nacional de Ordesa y el Monte Perdido. 

Un destino ferroviario emblemático

La estación de Canfranc está a poco más de una hora en coche. Se trata de uno de los destinos ferroviarios más emblemáticos de España que, tras una formidable rehabilitación será una de las aperturas hoteleras más esperadas de este 2023.

Un tren blanco

Será un espectáculo ver llegar el próximo 14 de febrero al mítico Tren Blanco desde Zaragoza a Canfranc. Su nombre es un homenaje a aquellos esquiadores que viajaban en él para disfrutar de las pistas del Pirineo Aragonés las últimas décadas del siglo pasado.

Un carnaval que es cultura

Algarabía y fanfarrias llenan las calles de Torla, en el alto valle del Ara, en un carnaval de lo más rural y divertido . Dos personajes principales lo protagonizan: Carnaval y Tenedor, que va a su caza para llevarlo a un juicio final rimado para más júbilo de los visitantes que llenan el pueblo.

¿Por qué quedarse solo con un pueblo?

No solo Aínsa, también las otras villas de Ordesa tienen suficientes argumentos como para estar entre los pueblos más bellos de Huesca.