Los pueblos más bonitos de Asturias

Las localidades que han sido capaces de domesticar las montañas y el mar.

 

 

Taramundi

Una navaja de Récord Guinness y una Ruta del Agua sirven para comprender Taramundi. ¿Por qué? Porque este pueblo del interior de Asturias es famoso por su cuchillería, una práctica que se remonta a sus yacimientos de hierro, a la abundancia de agua y a la riqueza forestal de la zona, y que encuentra su mayor representación en La Casa Museo de la Cuchillería Tradicional de Taramundi. Pero también es conocido por sus cascadas, riachuelos y lagunas, que lo convierten en un destino perfecto para desconectar. Ya inmerso en el pueblo, uno puede visitar edificios históricos como la iglesia parroquial y su campanario o La Rectoral o antigua casa del cura que a día de hoy se ha transformado en un hotel rural, de esos que prometen tranquilidad y de los que hay muchos en Taramundi.

Bandujo

Bandujo significa regresar a la Edad Media sin darse cuenta. Esta localidad de Proaza puede presumir de ser uno de los pueblos mejor conservados del entorno rural asturiano y de estar enclavado en un paraje excepcional: el Valle del Oso, que alberga una de las últimas poblaciones de Oso Pardo de España. Tras cruzar este paraje natural, Bandujo se recoge entre castañales, praos, peñas y albañales y, una vez en su interior, la Torre de Tuñón, la iglesia de Santa María y el Palacio son los narradores incansable de su historia, como también lo son los barrios de La Molina, el Palacio, Entelaiglesia, la Reguera, el Campal y el Tora, que atesoran hórreos antiguos, un viejo lavadero y casas de piedra que conviven con el desnivel característico del pueblo, encaramado en una cresta en forma de herradura.

Cudillero

Rumbo al norte y a unos 70 kilómetros de Bandujo, Cudillero hace bandera de la Asturias más marítima. Escondido tanto desde el mar como desde la tierra, este pueblo descubre una estampa de casas de colores que le ha valido la fama. Sí, de esas que los más ‘posturetis’ no pueden dejar de fotografiar. Cudillero presume de sus tradiciones pesqueras, de un puerto digno de un Óscar (allí se rodó ‘Volver a empezar’ de José Luis Garci) y del Versalles asturiano, apodo con el que se conoce el Palacio la Quinta de Selgas del siglo XIX que da la bienvenida al visitante que entra por el interior. Junto a este, también merecen una visita las casas indianas de El Pito. Ya en la costa, la localidad ofrece unas vistas espectaculares desde el faro y la atalaya gracias a su peculiar orografía.

Tazones

En 1517, Carlos V entró a la Península por primera vez por el puerto de Tazones, que en la actualidad puede presumir de ser el único de la zona que forma parte de las rutas imperiales de Carlos V en Europa. Cada mes de agosto, los vecinos recrean este acontecimiento histórico, declarado Bien de Interés Turístico. Entre las antiguas casas de pescadores de los barrios de San Miguel y de San Roque, se encuentra la Casa de las Conchas, que se ha convertido en un reclamo turístico por excelencia. En la costa, Tazones cuenta con un yacimiento de huellas de dinosaurio, visibles sobre todo con la marea baja, junto a la zona del faro.

Lastres

Bordeando la costa y también encajonado entre el mar y la montaña, se asoma Lastres, un pueblo pesquero de casas colgadas que encuentra su mayor tesoro en el puerto. Allí permanece la actividad pesquera, la famosa subasta y una variedad de restaurantes y sidrerías que hacen honor a la cocina lastrina. A su lado, la playa se convierte en el escenario perfecto para darse un baño o practicar deportes acuáticos, pero también para viajar a la prehistoria: Lastres cuenta con huellas de dinosaurio y un Museo del Jurásico. En su interior, asoman la Torre del Reloj de 1715 que fue reconstruida gracias al esfuerzo de las mujeres del pueblo, la Iglesia de Santa María de Sábada y las ermitas de San José, el Buen Suceso y San Roque, así como casonas y palacios del siglo XVIII.

 

Cudillero

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