¡Indispensables!

Los pueblos con más encanto de Cantabria

En la costa o en el interior, estas son la joyas de la comunidad por las que vale hacer unos pocos kilómetros.

Pocas comunidades le ganan en verdor a Cantabria. Aún menos en lo tocante a pueblecitos encantadores, de esos con los que cualquiera soñaría con retirarse una temporada. Mucha tradición, buena gastronomía, arquitectura, alguna que otra leyenda, y, sobre todo, paisajes como para quitar el hipo. Y toda esa riqueza pasa necesariamente por algunos de los pueblos más bellos de Cantabria.

 

 

 

Potes

La villa de Potes está rodeada de un paisaje espectacular, situada en la confluencia de cuatro valles, en la zona sur de los Picos de Europa. Y sin duda, éste es un enclave perfecto para lucimiento de todo el encanto medieval que conserva. Pero tal vez, la característica geográfica que mejor lo define es que en su término se unen los ríos Deva y Quiviesa. Ello hace que se conozca al pueblo por sus puente, que de otra forma no tendría sentido su topónimo (que viene a significar puente). Leer más. 

Comillas

La ubicación de Comillas es el remate perfecto a un conjunto arquitectónico tan singular que pueblos como éste se pueden contar con los dedos de las dos manos. Al norte, tiene el mar Cantábrico y al sur el Monte Corona, que en otoño se pone espectacular. Por tener, cuenta con una playa extensa de arena dorada, acantilados, ría y hasta es vecina del Parque natural de Oyambre. Basta subir al monumento dedicado al Marqués de Comillas para abarcar de una sola panorámica todo este rico enclave que ocupa el pueblo. Precisamente, sin Antonio López y López, Marqués de Comillas, el lugar no tendría el encanto excepcional que desprende. Leer más.

Santillana del M.

El viajero despistado que llegue a Santillana del Mar se puede llevar un gran chasco si espera encontrarse un pueblo junto al mar tal como parece indicar su nombre. No es que esté lejos -la playa del Sable queda a unos 10 kilómetros- pero no se trata de la típica estampa marinera. A pesar de que el pueblo ocupa una hondonada que no deja ver el mar, su presencia sí se siente en todos sus rincones. Así, por ubicación, resulta que Santillana del Mar tiene esencias marinera y montañesa a la vez, y además, tiene un conjunto monumental como para ganarse el beneficio de los viajeros más exigentes. No por nada, fue declarada conjunto histórico-artístico allá por el año 1889. Leer más.

Bárcena Mayor

Ubicado en el corazón del parque natural Saja-Besaya, Bárcena Mayor es apenas un conjunto de casas apiñadas.Todas ellas de sillería, con sus tejados rojos y sus mamposterías típicas. Sencillez montañesa, pero de tanta perfección y esmero que le valió la declaración como conjunto histórico-artístico en 1979. Al llegar, se divisa en un valle flanqueado por pequeñas colinas pobladas de bosques de robles y hayedos. Este paraíso cántabro tiene menos de un centenar de habitantes, que se antojan pocos para tanta belleza. Leer más.

Liérganes

A los pies de dos pequeñas elevaciones -conocidas como "Las Tetas de Liérganes"-, éste pueblo cántabro desprende puro aire montañés por todos sus costados. El caso es que Liérganes sería poca cosa si no fuera por el río Miera, que parece jugar con él marcándole la cintura. O tal vez fue el pueblo el que comenzó a cortejar a lo largo de la ribera al río. El caso es que sea como sea, el conjunto es de lo más idílico. Sobre todo, por sus puentes de postal, pero también, por la leyenda del hombre pez y por el balneario. Leer más.
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Potes

Foto: iStock

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Potes

A los viajeros entusiastas de los puentes, Potes les encantará. Y es que este bello pueblo cántabro es cruzado por cinco puentes diferentes. Y cada uno da una perspectiva diferente del pueblo. Ubicado en el corazón de la comarca de Liébana, es la base perfecta para descubrir los Picos de Europa. Arrasado por un incendio en la Guerra Civil y reconstruido años después, el centro histórico conserva su atmósfera medieval. El barrio más antiguo y auténtico es el de la Solana, en la orilla derecha del río Deva. Por sus callejuelas es por donde hay que pasear tranquilamente, captando la esencia de otros tiempos. La Torre del Infantado es el monumento principal de Potes. Antaño fue una cárcel, pero ahora regala felicidad… y vistas: en la última planta se abre un mirador con vistas espectaculares al paisaje que lo rodea: a los ríos Deva y Quiviesa, el monte de la Viorna y los Picos de Europa. De gastronomía, como de puente, tampoco andan faltos. Seguro que el cocido lebaniego y los frixuelos -un tipo de crepes dulces- harán las delicias de los gastro-viajeros.

 

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Comillas

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Comillas

Lo que fue una villa pesquera tradicional dio un paso más hasta convertirse en algo así al escenario ideal para un merecido retiro en plan “dolce far niente”. Parte de culpa la tienen sus villas ajardinadas, el verde que la rodea, la playa y las vistas al mar. Hasta Comillas llegan miles de turistas para disfrutar de las maravillas arquitectónicas. El máximo responsable de este peregrinaje arquitectónico es Antonio López y López, el primer marqués de Comillas. Él es el prototipo perfecto de indiano hecho así mismo. Hijo de Antonia López de Lamadrid y huérfano de padre, emigró a Cuba a los 14 años con lo puesto y volvió con una inmensa fortuna de la que hizo gala trayéndose a lo más granado de los artistas del modernismo catalán. Entre lo mejor de tremendo repertorio está la plaza vieja, la iglesia parroquial, pero sobre todo, los edificios y jardines de la Universidad Pontificia, despuntando sobre la colina, obra de los arquitectos catalanes Joan Martorell y Lluis Domenech; el palacio de Sobrellano, que el marqués hizo construir sobre sobre su casa primigenia y donde se alojó el rey Alfonso XII, y la estrella del programa: el Capricho de Gaudí, algo parecido a la casita de Hansel y Gretel pero hecha de azulejos en lugar de chocolate y golosinas. Para menesteres de mayor ambiente, mejor pasarse por la plaza del Corro.

 

 

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Santillana de Mar

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Santillana de Mar

Se habla de las “tres mentiras” de Santillana -que no tiene mar y que ni es santa ni llana-, pero en realidad, más allá de lo afortunado o no del eslogan, Santillana de Mar sí tiene mar (sí tiene el término municipal), es santa (la Colegiata está consagrada a Santa Juliana, martirizada en Turquía), es llana (o, al menos, eso ya es algo subjetivo). Ciertamente, la Colegiata es el corazón de Santillana del Mar. El pueblo creció alrededor de esta maravilla reconocida como Patrimonio de la Humanidad. El resto es un bellísimo conjunto artístico-monumental que llevó al mismísimo Sartre a calificarlo como el pueblo más hermoso de toda España. Tal vez se le podría tachar de exagerado, pero el caso es que coincide con la opinión de muchos otros artistas y escritores, que por aquí han pasado algunos de los mejores de la literatura española. Tanto es así que Miguel de Unamuno, siendo rector de la Universidad de Salamanca, ya dijo que Santillana era una "villa envuelta en prestigio literario". Pero Santillana del Mar es mucho más que su prestigio literario y su Colegiata: está Casa Quevedo y sus meriendas a base de leche de verdad y bizcocho, y las torres de Merino y Don Borja, sede de la prestigiosa Fundación Santillana, y a solo dos kilómetros, la Cueva de Altamira. Y eso, sólo por limitar el listado.

 

 

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Barcena Mayor

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Bárcena Mayor

Sus calles empedradas, sus casonas solariegas de sillería, con soportales donde se guarda la leña para el invierno y balcones adornados siempre de flores, la sonoridad del río Argoza, el lavadero que parece salir de otro tiempo pasado y un paisaje de gran belleza fueron méritos suficientes para fuera declarado Conjunto Histórico Artístico ya en 1979. Lo mejor es que los coches inoportunos que suelen romper los encuadres en otros lugares, aquí no molestan, porque todas las calles están cerradas al paso de vehículos. Aunque tampoco es que fuera algo demasiado complicado, teniendo en cuenta que no vive más de un centenar de personas. La iglesia de Santa María guarda un tesoro en forma de bello retablo barroco. Para cuando ya se han dado vueltas suficientes por el pequeño entramado de calles, se puede recurrir a los muchos senderos que hay en el entorno natural de los alrededores. El Parque Natural Saja-Besaya es el mayor hayedo de Europa. Se puede ir andando desde Bárcena Mayor. El sendero parte junto al puente del siglo XVI que cruza el río Argoza y se trata de una ruta sencilla y totalmente señalizada.

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iStock-1009074640. Liérganes

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Liérganes

Cuentan por estos lares que un vecino llamado Francisco de la Vega se arrojó en 1674 al río Miera, que desapareció en el mar Cantábrico y que fue localizado cinco años después, en la bahía de Cádiz, parece ser, que habiendo perdido la razón y la capacidad de hablar. Desde entonces, el caso se conoce como la leyenda del Hombre Pez. En el antiguo Molino de Mercadillo junto al "Puente Romano", está el centro de interpretación para conocer todos los aspectos de esta rocambolesca historia. Este municipio de poco más de 2.000 habitantes conserva un centro histórico bellísimo, declarado conjunto de interés histórico-artístico nacional en 1978, de esos en los que es agradable deambular tranquilamente, entre casonas populares al más puro estilo montañés. El Palacio de Rañada y el Palacio Museo de Elsedo son otros de los edificios clasicistas más relevantes del municipio Liérganes. El otro patrimonio del pueblo es el gastronómico. Sobre todo, platos de pescados de río, quesos frescos y los churros con chocolate, que tienen fama de ser los mejores de toda Cantabria.

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SANTILLANA

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