Del negro al lavanda

Los pueblos más bonitos de Guadalajara

Una maravillosa ruta por los pueblos que provocan un flechazo rural en esta provincia.

Guadalajara tiene en su cercanía a Madrid su cara y su cruz. Por un lado, ha hecho que sus poblaciones se vacíen en busca de la prosperidad de la gran ciudad. Por el otro, la han mantenido como ese pequeño paraíso para las escapadas de varios días. Pero a esa peculiaridad geográfica, Guadalajara le añade una variedad de pueblos bonitos que confirman que se trata de una de las provincias más variadas y bellas de toda España. Y es que en su inventario rural hay desde joyas patrimoniales hasta monumentos entre campos de lavanda así como poblaciones amuralladas donde el tiempo late más lento. 

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Atienza

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Atienza

Hasta el mismísimo Cid Campeador pasó por estas tierras de la Serranía de Guadalajara. El castillo de Atienza, verdadero icono de la provincia, debía impresionar lo suya en la época, porque en el Cantar aparece descrito como “peña fuerte”. Hoy, el castillo parece mantenerse en equilibrio sobre el filo de un promontorio rocoso. En la Edad Media, fue tan importante que aparte del castillo, Atienza llegó a contar con catorce iglesias. Parte de ese esplendor se puede comprobar paseando por sus entramadas y empinadas callejuelas y descubriendo sus antiguas casas señoriales blasonadas. La plaza del Trigo es el epicentro de toda visita para poder ver diferentes casas señoriales blasonadas de gran interés.

Brihuega

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Brihuega

Por sus campos de lavanda, cualquiera situaría este pueblo en la Toscana o la Provenza; sin embargo, está a menos de cien kilómetros de Madrid. Sus huertas y jardines le han valido el sobrenombre del  Jardín de la Alcarria e hicieron que Alfonso VI de Castilla quisiera vivir aquí. Lo cierto es que cuando florece la lavanda, su color morado crea un bello contraste con la piedra gris con la que están construidos sus edificios. Cada mes de julio, cuando comienza la cosecha de esta flor, arranca el Festival de la Lavanda. Entonces, el pueblo se anima para posteriormente caer en un amable letargo, ideal para conocer sus monumentos más representativos, como la Real Fábrica de Paños o sus iglesias del románico tardío.

Valverde de los Arroyos

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Valverde de los Arroyos

Este pueblo aparece en el centro de su extenso término municipal como si fuera una isla. Hecho de piedra y pizarra en su totalidad, es uno de los pueblos Negros de Guadalajara más destacados. Si con el destello de un rayo de sol le parece al viajero ver un destello, que no lo achaque a algo divino, sino a algo mucho más terrenal, la cuarcita que se usa en el remate de la cubierta. Estos son detalles que se descubrirán en el Museo Etnológico. El entorno es como para lanzarse a caminar. Sobre todo, para llegarse hasta la Catarata de la Chorrera que cae sobre escalones de piedra que descienden más de 120 metros (de las más altas de España).

Pastrana

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Pastrana

Pueblos como éste fueron los que empujaron a Camilo José Cela a hacer su famoso viaje por la Alcarria, quizás su “libro más sencillo, más inmediato y directo”, como dijo. En su época, para llegar se tenía que ir hasta “el empalme de Tendilla y allí esperar al otro coche” que llegaba desde Madrid, a eso de las siete o siete y media de la tarde. Hoy es mucho más fácil llegar hasta este bello municipio declarado Conjunto Histórico Artístico, “una instantánea del tiempo pasado”, como lo definió el Nobel español. Arte, literatura, historia... destacan monumentos importantes como el imponente Palacio Ducal o la iglesia de La Colegiata y, en general, su Barrio del Albaicín.

shutterstock 1352537504. Palazuelos

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Palazuelos

Rojiza por la piedra arenisca del lugar con la que se construyeron las casonas y recostada sobre la suave ladera de un valle, la antigua villa de Palazuelos parece surgir directamente de la Edad Media. Gran parte de la impresión está producida  por las murallas que la abrazan prácticamente en todo su perímetro. Esta es una de las pocas villas de España que han conservado totalmente sus murallas, en las que se apoyan las ruinas del castillo que parece empeñado aún hoy en día en vigilar las calles y el horizonte del pueblo. La iglesia parroquial de San Juan, con portada románica, se suma a este Conjunto Histórico Artístico que se conoce como la Ávila alcarreña por su valor patrimonial.

shutterstock 1352545070. Molina de Aragón

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Molina de Aragón

Se mire desde donde se mire, esta sorprendente localidad tiene a su castillo como protagonista. No en vano, su aceptable estado de conservación y su prodigioso tamaño (su perímetro supera los 800 metros) hace que su estampa trepando por la montaña protagonice cualquier postal. Sin embargo, pese a que esta antigua fortaleza merece una visita un tanto heroica por lo físicamente exigente que es hollar su torre del homenaje, Molina de Aragón es una caja de sorpresas fuera de estos muros. Callejearla es sortear el río Gallo, atravesarlo por el emblemático y rupestre Puente Viejo e ir dando con rincones y monumentos imprescindibles como la Iglesia de Santa Clara, el conjunto de la plaza de San Francisco y su monasterio homónimo o la catedralicia, por dimensiones, Iglesia de Santa María la Mayor de San Gil. Todo ello con ese regusto que tiene el haber albergado tres culturas, siendo la sefardí la menos evidente pero más fascinante. Sobre todo, si el viajero se detiene en el yacimiento del Prao de los Judíos o en su antigua judería. 

iStock-659261220. Hita

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Hita

Pese a que la reconstrucción, tras los daños sufridos durante la Guerra Civil, de la Puerta de Santa María deja en evidencia los añadidos modernos, su presencia es imponente. Incluso premonitoria, ya que por este monumental acceso de la muralla se sigue entrando en una localidad de urbanismo nervioso y ratonero, como si sus callejuelas se hubieran resistido al progreso. Sin embargo, Hita no se conforma solo con mantener este trazado del Medievo. También conserva edificios y estructuras de antaño que lo convierten en un fascinante Conjunto Histórico-Artístico repleto de sorpresas, con el Palenque medieval (que hoy en día aún acoge duelos) como icono de este idilio entre épocas o la Casa Museo del Arcipreste de Hita, un centro de interpretación que pone de relieve la figura del autor del Libro del buen amor. 

 

shutterstock 1804926469. Sigüenza

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Sigüenza

Hay localidades que, pese a no asombrar por su población (Sigüenza apenas supera los 4.000 habitantes) tienen hechuras de ciudad. En parte esa sensación se transmite por el vacío demográfico de esta provincia que hace que aquí se concentren grandes servicios, pero también por el impresionante potencial monumental que atesora este lugar. De hecho, se podría recorrer al completo uniendo sus imponentes monumentos, un conjunto que sueña ser Patrimonio de la Humanidad en 2024. Esta fecha no es casual, ya que supondrá el noveno centenario de la fundación de una micro urbe cuyo pasado sigue a flor de piel. Lugares como su imponente castillo, una fortaleza que se podría ver -casi- desde el espacio por sus dimensiones, su catedral, una ecléctica caja fuerte que guarda como joya la capilla del Doncel o su Plaza Mayor, escenario de conciertos, vermús y trillones de fotos por su belleza, su simetría y sus hipnóticos soportales. 

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