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La Rioja de pueblo en pueblo

Una ruta entre viñas, castillos y senderos para conocer el valor cultural y natural de la comunidad riojana.

Los viñedos y el trazado del río Ebro acompañan al visitante en su paseo por La Rioja. También lo hace la historia con vestigios en forma de hallazgos prehistóricos, murallas, castillos y trazados que todavía perduran en alguno de sus pueblos. Una ruta que bien vale la pena acompañar con una cata de vinos, que por algo La Rioja fue la primera Denominación de Origen de España. 

 

 

Ezcaray

A escasos kilómetros de la estación de esquí de Valdezcaray, este pueblo vive su época dorada en invierno. Su ubicación en plena Sierra de la Demanda, a orillas del río Oja, convierte Ezcaray en un tesoro para los amantes de los deportes de montaña, también en verano. Varios motivos la convirtieron en la “primera villa turística de La Rioja”, con un casco urbano presidido por la iglesia gótica de Santa María la Mayor. Bien cerca se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Allende, conocida por sus ángeles arcabuceros que escoltan a la patrona de la Villa. A unos tres kilómetros, la ermita de Santa Bárbara se convierte en el mirador perfecto para observar el valle y como las casas de mampostería salpican la vegetación. Además, en esta villa de pasado industrial, cada época del año es un evento: fiestas medievales, festivales de jazz, jornadas gastronómicas...

Sajazarra

Un buen vino es el acompañante perfecto para visitar Sajazarra, una pequeña villa ubicada en la confluencia de los ríos Aguanal y Ea y abrazada por viñedos y campos de cultivo. Una muralla de los siglos XII y XIII es la encargada de dar la bienvenida al visitante, que al entrar por una de sus cuatro puertas aterriza directamente en el corazón del pueblo: el ayuntamiento y la iglesia de Santa María de la Asunción, cuyo origen se remonta al siglo XI y que preside este pueblo riojano con una balconada, un campanario y un reloj. Entre las casas barrocas de sus calles, se asoma el castillo-palacio de Sajazarra, construido en la segunda mitad del siglo XV. Tras un paseo cultural y una cata de vinos, no hay que dejar de pasear por sus alrededores.

Briones

Con el río Ebro como fiel compañero, Briones se levanta sobre una ladera y, desde su punto más alto, se consigue distinguir el trazado medieval, bordeado por los restos de la muralla y el castillo. En su núcleo, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y el palacio del Marqués de San Nicolás, la sede del actual ayuntamiento, se llevan toda la atención. Aunque el pueblo también cuenta con varias ermitas y la Casa de los Gadea que bien merecen una visita. Uno no puede irse de Briones sin pasar por el Museo Vivanco de la Cultura del Vino que, rodeado de un paisaje inspirador, recoge la historia del vino y la relación de esta bebida con el ser humano con un viaje en el tiempo a 8.000 años y hasta la actualidad.

S. Vte. de la Sonsierra

A escasos kilómetros, encaramada en lo alto de un cerro desde el que se avistan las tierra por las que fluye el río Ebro, San Vicente de la Sonsierra se halla presidido por el castillo que años ha protegía la frontera entre Castilla y Navarra. Al dejarse llevar por sus calles, uno se topa rápidamente con la remodelada Plaza Mayor y su fuente de los cisnes. A parte de la casa consistorial, aquí también se encuentra el palacio de los Gil Aguiriano. Cerca, la barroca basílica de Nuestra Señora de los Remedios y varios murales artísticos continúan la visita a esta localidad riojana. Saliendo del centro, un estrecho sendero lleva a la Torre del Reloj y fuera de las murallas, el Mirador del Ebro ofrece unas vistas privilegiadas con el puente medieval como modelo incansable.

 

Ortigosa de Cameros

Rumbo al sur y en plena sierra de Los Cameros, Ortigosa de Cameros destaca por sus restos arqueológicos: en las cuevas de La Paz y La Viña se han hallado restos de sílex y lanzas que demuestran que pudo ser un asentamiento prehistórico. En ambas cuevas, las estalactitas y estalagmitas se llevan la atención de los visitantes. Cerca se encuentra la ermita de Santa Lucía, desde donde se obtienen vistas de la localidad y todo el entorno. Ortigosa de Cameros está estructurada alrededor de la garganta del arroyo de Alberco, que separa los barrios de San Miguel y San Martín, que desde el siglo pasado cuentan con el puente de hormigón y el de hierro, que a su vez forman una de las postales más características de esta villa riojana.

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