Los pueblos más bonitos de Valencia

Más allá de la capital del Turia, el interior y el litoral valenciano aguardan localidades donde adentrarse en la cultura y la naturaleza de esta provincia.

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Bocairent

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Bocairent

Habitado desde el Neolítico, fueron los árabes quienes aportaron a Bocairent su peculiar entramado urbano de callejuelas y casas encaramadas. En lo alto erigieron una fortaleza árabe sobre la cual en el siglo XVIII se estableció la actual parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, que aparece imponente al final de la calle de la Abadía. Un edificio anexo da la bienvenida al Museo Arqueológico municipal con una clase de historia que va desde el Paleolítico superior hasta la Edad Media. Bien cerca, la plaza del Ayuntamiento da inicio a la conocida Ruta Mágica, que recorre todo el perímetro del casco histórico en un juego de a dos con el visitante.

Las callejuelas de Bocairent abrazan sus plazas, se encuentran con las ermitas de San Juan Bautista, de la Virgen de los Desamparados y de Agosto, y se cubren bajo portales y antiguos accesos como el de Agosto, el de San Blai o el de la Calzada Excusada. También conducen hasta casas de origen medieval excavadas en la roca que, tras ser halladas en 2008, se han convertido en la voz narrativa del pasado textil de la zona, que le llevó a ser reconocida con el título de Real Fábrica de Paños en 1587. Y todo ello aderezado con regalos en forma de fuentes y de flores que decoran los balcones.

Chulilla

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Chulilla

En la falda del promontorio que domina el castillo árabe de Chulilla emerge uno de los pueblos más espectaculares de la provincia de Valencia: Chulilla. Declarado Monumento Histórico-Artístico, su casco antiguo invita a perderse por la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, edificada sobre una mezquita entre los siglos XV y XVI. De ornamentación barroca, cuenta con un zócalo de azulejos del siglo XVI, semejante a los de la iglesia del Corpus Christi de Valencia, y dos naves adosadas al presbiterio. Tampoco hay que dejar de pasar por el barrio de la ermita, en las afueras, donde aflora el santuario gótico de Santa Bárbara.

Sin embargo, Chulilla es más que conocida por la belleza de sus parajes naturales. La mayor parte del término se extiende sobre terreno cretácico, donde la erosión del río Turia ha creado el impresionante cañón de las Hoces de Chulilla, formado por paredes de hasta 160 metros de profundidad y 10 metros de anchura. El cañón del Turia también aguarda el Charco Azul, Trascastillo y Los Calderones. Varios puentes colgantes permiten recorrer este espacio natural rodeado de pinares (carrasco) y monte bajo mediterráneo.

Chelva

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Chelva

A menos de 20 km de Chulilla, Chelva tampoco deja indiferente con un paraje natural dominado por el agua. Precisamente, la Ruta del Agua permite conocer todos sus encantos desde la Plaza Mayor en un trayecto circular que discurre por los cuatro barrios históricos de la localidad y por parajes singulares del río Chelva.

Para adentrarse en la esencia de este pueblo valenciano, hay que admirar los azulejos de los siglos XVIII y XIX que dominan algunas de las fachadas y visitar la plaza que ocupó el zoco y la mezquita musulmana, sobre la cual hoy reposa la ermita de la Soledad. Las calles se vuelven todavía más estrechas en el barrio judío, que conserva su trazado original, mientras que el barrio morisco o arrabal conserva la Mezquita de Benaeça, posteriormente ermita de Santa Cruz y ermita de los Desamparados.

El Palmar

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El Palmar

En pleno corazón del Parque Natural de la Albufera y rodeado cultivos de arroz y huerta, El Palmar se ha ido haciendo a sí mismo entre barracas y canales. Conocido por ser fuente de inspiración de la novela Cañas y Barro de Vicente Blasco Ibáñez, que narra la vida de los pescadores de esta isla de la albufera, el pueblo destaca por su tradición pesquera y gastronómica, con el all i pebre como plato más característico de la Albufera y, en concreto, de El Palmar. 

Caminar por sus calles es como hacerlo por un museo etnográfico, donde las barracas cuentan la historia de esta pedanía. La más antigua, la del Tío Aranda, fecha del siglo XIX y se conserva gracias a sus paredes de adobe y techo de madera cubierto con cañas y borró. La visita se completa en La Trilladora del Tocaio, un edificio histórico ligado tradicionalmente al cultivo del arroz, el Embarcadero y el Museo Etnológico de El Palmar.

Buñol

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Buñol

Poblado desde el Paleolítico, el núcleo urbano de Buñol surgió en torno al castillo durante la época musulmana. Hoy, reposa en el corazón de la localidad como uno de los mejor conservados de toda la Comunidad Valenciana. Un año después de su finalización, en el siglo XIII, Buñol se incorporó al Reino de Valencia. En la antigua frontera entre Valencia y Castilla, el casco histórico aguarda edificios repletos de historia, como la iglesia parroquial de Sant Pere, el parque de San Luís, el molino de Galán y diversas fuentes. 

En sus alrededores, la Cueva del Turche es un conjunto geológico de gran belleza paisajística formado por un lago que emerge de un anfiteatro de roca y una cascada que se precipita desde los 60 metros de altura justo en medio. 

El Palmar