Nipón y rural

Los pueblos y rincones más mágicos de los Alpes japoneses

Valles salpicados de casas tradicionales, rutas históricas y pueblos de aguas termales son algunas de las maravillas que esconde esta cordillera del país nipón.

Los Alpes japoneses son una cadena montañosa de origen volcánico situada al norte de Japón compuesta por las montañas Hida, Kiso y Akaishi, que atraviesa seis prefecturas del país y que fue bautizada así por el arqueólogo William Gowland, que encontró un paralelismo con los Alpes europeos. Famosos por sus numerosos pueblos de aguas termales y casas tradicionales, además de por sus mundialmente conocidas pistas de esquí, los Alpes japoneses son una de las regiones más bellas y tradicionales de todo el país.

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shirakawa iStock-1314000638. Shirakawago

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Shirakawago

Junto a Gokoyama, Shirakawago es una de las aldeas históricas de los Alpes japoneses declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Situada en el corazón del Parque Naional Hakusan, es el lugar más conocido y visitado de esta cordillera. Uno de los aspectos que hacen famosa a ambas son sus casas típicas, conocidas como gassho-zukuri, que reciben su nombre por su forma, como dos manos en posición de rezo, que las protegen de las fuertes nevadas del invierno. En la aldea no solo se pueden admirar sus casas, sino también disfrutar de sus onsen (aguas termales), visitar alguna de las viviendas por dentro y tener una amplia vista del valle desde el mirador de Shiroyama.

gokayama iStock-1287175204. Gokayama

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Gokayama

Ubicada en la prefectura de Toyama, esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad conjuntamente con Shirakawago, es menos turística y, por lo tanto, algo más enraizada en las tradiciones de un pueblo menos abierto al exterior. Del mismo modo que su vecina, sus casas protegen sus techos con paja, recogida por sus habitantes, y se cambian rigurosamente cada diez años de forma manual. Además de poder pasar una noche en el lugar, viviendo como un local y probando alimentos recolectados de las montañas que les rodean en un minshuku o casa de huéspedes tradicional.

shutterstock 1321339088. Unazuki Onsen

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Unazuki Onsen

Aunque esta ciudad tenga unas aguas termales que hacen de la visita un placer, mucha gente se acerca allí para iniciar la ruta de la Garganta de Kurobe. Esta ruta de ferrocarril de 20 km es la más lenta del país y se creó originalmente para la construcción de la Presa de Kurobe. Más de 40 túneles y 20 puentes llevan al pequeño tren entre desfiladeros, montañas y ríos, lugares salpicados de onsen y maravillas naturales. El recorrido solo puede hacerse entre abril y noviembre y dura 80 minutos, finalizando en la estación de Keyakidaira, y una de las mejores épocas es el comienzo del otoño, cuando se puede disfrutar de una mayor variedad de colores.

shutterstock 539874010. Kanazawa

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Kanazawa

Donde los Alpes japoneses desembocan en la costa se encuentra la ciudad conocida como la pequeña Tokio, una localidad llena de lugares fascinantes a nivel cultural, histórico y paisajístico. Algunos ejemplos son los jardines Gyokusenin, el castillo de Kanazawa y el distrito de los samuráis Naga-machi Buke Yasiki, además de la propia estación de tren de la ciudad, una de las más bonitas del mundo. También se cree que Kanazawa es el sitio que ofrece el mejor pescado de Japón, y lo puedes probar en alguna de las casas típicas reconvertidas en locales gastronómicos que se encuentran en los tres barrios de casas de té y geishas de la ciudad.

yukiya-shiba-MIi0b7No57E-unsplash. Magome

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Magome

El pueblo de Magome es una shukuba o estación de descanso dentro de la antigua ruta Nakasendo que unía Tokio con Kioto durante el periodo Edo. En esta ruta, que transcurre por el valle de Kiso, Magome es la parada 41, un lugar muy próspero que, tras decaer en la época industrial, luchó por visibilizar su importancia histórica y arquitectónica. En el pueblo se puede visitar el museo Shimizuya Shiryokan y su exposición de cerámica, vestuario y otros artículos antiguos. También es interesante visitar el Honjin, una posada que sirve de museo en memoria de su antiguo propietario, Shimazaki Toson, escritor del siglo XIX.

GettyImages-510405382. Tsumago

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Tsumago

Para llegar a Tsumago es interesante hacerlo desde Magome para poder disfrutar de los ocho kilómetros de la ruta Nakasendo por el valle de Kiso. Por el camino, además de disfrutar de la naturaleza de la zona, se pueden visitar lugares como la casa de té Tabeya-chaya, un lugar utilizado en el periodo Edo para controlar que no se hiciera contrabando con alguno de los cinco árboles de la región. Altares, puentes y cascadas suponen la antesala a la aldea de Tsumago. Allí se pueden conocer como eran las posadas de la época en Kami Sagaya o las casas tradicionales en la Shimo Sagaya. El templo Kotokuji o el Museo de Nagusi son algunos de los muchos lugares donde aprender sobre la historia del pueblo y la artesanía en la que trabajan los habitantes.

yudanaka iStock-137961937. Yudanaka

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Yudanaka

Cerca de la famosa ciudad de Nagano, conocida mundialmente por sus estaciones de esquí, se encuentra Yudanaka, una pequeña ciudad de aguas termales muy visitada por su larga tradición como balneario y por conservar sus raíces tradicionales, pero también por la presencia de una estatua del Buda de la paz mundial gigantesca que se enciende al caer el sol. Sin embargo, la mayor atracción turística de la zona es el Parque de Jigokudani, donde convive una comunidad de más de 200 macacos del río Yokoyu, que soportan las bajas temperaturas gracias a las aguas termales de las montañas.

shutterstock 434452771. Takayama

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Takayama

Takayama es una ciudad pequeña de la prefectura de Gifu que conserva su ambiente medieval. A las afueras, Hida no Sato, una pequeña aldea, da la bienvenida a los visitantes con sus casas tradicionales, procedentes de distintos lugares de los Alpes japoneses para evitar su desaparición. La joya más conocida de Takayama es el barrio Sanmachi, que guarda su estilo del periodo Edo en sus talleres de artesanía, tiendas y viviendas. Otro de los tesoros de la ciudad es el Takayama Jinya, la antigua sede del Gobierno Provincial de la ciudad y el único edificio en pie de este tipo, que esconde desde un calabozo hasta almacenes.

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