Zarinismo canalla

¿Qué hay de nuevo, San Petersburgo?

Ideas para viajeros inquietos que buscan algo más que una postal.

En 1703 Pedro I decidió levantar una ciudad que fusionara lo mejor de las niñas bonitas de la vieja Europa. Y le salió bien la jugada porque tres siglos más tarde la antigua capital del imperio ruso reina en el olimpo de los mejores destinos culturales del mundo. Y lo mejor, sin bajar la guardia.

 

A simple vista, nada parece haber cambiado en San Petersburgo. El decorado de fondo se mantiene prácticamente igual, andamio arriba, andamio abajo. Las calles conservan sus impronunciables nombres. Los canales continúan dibujando su paisaje, el sol se deja ver poco, y los turistas siguen haciendo cola para admirar un apabullante patrimonio que sobrecoge por su belleza. A las puertas del Museo del Hermitage, fotografiando la caprichosa silueta de la iglesia de la Sangre Derramada, navegando por el Neva, comprando matrioshkas en la eterna y novelada avenida Nevski, aplaudiendo los ballets del Mariinsky...  Y suma y sigue.

San Petersburgo

Pero solo a simple vista. Basta con levantar su archiconocido telón de palacios, iglesias y puentes para comprobar que la ciudad de Pushkin y Dostoievski sigue reinventándose. Barrios de moda, nuevas propuestas gastronómicas, espacios para el arte, una ecléctica vida nocturna... Esta es la cuarta revolución que vive hoy San Petersburgo –Piter, para los amigos. Una nueva etapa con la cultura por bandera que seduce a los que disfrutan desnudando urbes en busca del reverso de la postal de turno, y que la acerca aún más al ambiente europeo que buscaba para ella el más grande de los Romanov.

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Foto-restaurante-Mansarda. San Petersburgo para 'foodies'

Foto: Alicia Bea

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San Petersburgo para 'foodies'

San Petersburgo todavía no es un imprescindible de los circuitos gastronómicos, pero, dada su escena culinaria actual, poco le falta. El restaurante Blok es un buen comienzo para conocer los fogones rusos. Su carta de carnes, con más de 60 referencias, no deja indiferente, tampoco su vanguardista decoración y muchos menos sus vistas a la ciudad y a los jardines Tavrichesky. Hablando de vistas, reservar en Mansarda también tiene premio: exquisita cocina europea y asiática rodeada de ventanales que enmarcan la catedral de San Isaac (Pochtamtskaya St., 3). Y si de lo que se trata es de echar la vista atrás, Russian Vodka Room № 1, toda una institución que repasa, plato a plato, el recetario tradicional del país. Sopa borsch, pelmeni, blini, ternera Stroganoff, caviar... y de postre, un Museo del Vodka con más de 200 referencias. (Konnogvardeyiski boulevard, 4).

Erarta-Museum-3.. Museo Erarta

Foto: Erarta Museum

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Museo Erarta

Otra de las gemas menos conocidas de San Petersburgo es el Museo Erarta, la colección privada de arte contemporáneo más grande del país. Más de 2000 piezas de artistas consagrados y nuevos talentos de toda Rusia presentadas a través de innovadores proyectos multimedia y experiencias interactivas.

New Holland. Photo . New Holland

Foto: Katya Nikitina

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New Holland

El patio de recreo de los petersburgueses. Así se podría definir New Holland, una isla artificial robada a los pantanos a principios del siglo XVIII, que ejemplifica el nuevo rumbo que está tomando la ciudad. La antigua prisión naval es hoy The Bottle House, un complejo con tiendas de moda, librerías de cómics y restaurantes. La vieja fundición de Pedro I, el club KuznyaHouse, un multiespacio diseñado para teletrabajar, asistir a conferencias o escuchar música. Y hay más. En invierno se impone patinar en su pista de hielo. En verano, montar un pícnic en los jardines y estar atento a su completa agenda de conciertos. Acercarse al recién inaugurado Port Sevkabel para ver cómo ha cambiado la fábrica de Siemens también es una buena alternativa. Vistas al Golfo de Finlandia, música, cocinas del mundo y las últimas tendencias artísticas en el rincón más trendy de la isla Vasilyevsky.

metro-avtovo-istock. Palacios subterráneos

Foto: Istock

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Palacios subterráneos

Columnas forradas con cristal de Bohemia, fastuosas lámparas, mármol, falsos tragaluces, bajorrelieves... Aunque no es nada nuevo para sus más de cinco millones de habitantes, muchos desconocen que el metro de San Petersburgo –como su hermano moscovita– también merece una visita. Porque es el más profundo del mundo y porque algunas de sus estaciones son auténticas obras de arte. Así lo quiso Lenin: un palacio para el pueblo vestido de temáticas propagandistas que ensalzaban la grandeza del régimen soviético. El sitio de Leningrado en la majestuosa estación de Avtovo, el desarrollo industrial en Kirovsky Zavod o la revolución bolchevique en Ploshchad Vosstaniya son algunos ejemplos.

tejados san petersburgo. Azoteas para 'roofers'

Foto: Istock

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Azoteas para 'roofers'

¿Un tour por los tejados de San Petersburgo? Hasta no hace mucho estaba prohibido trepar a las azoteas, pero ahora ya es posible realizar una visita guiada para otear la línea del horizonte imperial desde algunos puntos estratégicos de la ciudad como las antiguas torres de defensa antiaérea que se han conservado desde el cerco de Leningrado. Otra opción, mucho más convencional y sin casco, es coronar la cúpula de la catedral de San Isaac.

iStock-636118208. ¡Levad los puentes!

Foto: Istock

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¡Levad los puentes!

El río Neva sigue siendo la arteria principal de la ciudad y los puentes levadizos que la salvan una constante de su fisonomía. Estos últimos son los grandes protagonistas de las madrugadas, momento en el que se abren para permitir el paso a embarcaciones de mayor calado. Por su proximidad al centro –y por los puestos de comida y músicos callejeros que amenizan la espera–, el Puente del Palacio es el más concurrido. Pero hay otros igual de magníficos que no arrastran tanto público, como el precioso Puente de la Trinidad o el de la Anunciación, esculpido en hierro forjado. Sea cual sea el elegido, la estampa es magnífica. Más aún entre finales de mayo y mediados de julio, durante las noches blancas, bajo una luz blanquecina que se resiste a desaparecer.

Diversión a orillas del Báltico

Foto: Apotheke

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Diversión a orillas del Báltico

Las noches de San Petersburgo no son lo que eran. Son mejores. Y en eso tiene mucho que ver el espíritu de una ciudad que no se conforma con más de lo mismo. Música underground, coctelerías de postín, alejados tugurios de moda, salas de jazz, discotecas... Algunas pistas para no perderse: las actuaciones en directo, el ambiente asegurado y los precios asumibles de Griboedov, (Voronezhskaya ulitsa, 2A,); la música techno, el diseño y la gente guapa que se deja caer por Mosaique, (Plaza Konyushennaya, 2); y Metro Club, con tres pistas para bailar sin complejos hasta las 6 de la mañana (Ligovskiy Prospekt, 174). ¿Menos acción y más conversación? Una velada de jazz en uno de los clubes más potentes de la ciudad, el JFC (Shpalernaya Street, 33), o una copa servida por los creativos bartenders del Cocktail Bar Nove (Moika River Emb., 99) o en el elegante y relajado Apotheke Bar (Lomonosova St.,1). Que tiemble Moscú.

Hotel Domina. Descansar como un zar o una zarina

Foto: Alicia Bea

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Descansar como un zar o una zarina

Si hay una ciudad en la que apetece darse un lujo, esta es San Petersburgo. Y de ahí estas sugerencias de alojamiento a cuál más imperial. El mítico Astoria, The State Hermitage Museum Official Hotel –para sentirse como Catalina La Grande– y el Domina, un encantador hotel boutique de firma italiana con el río Moika y la catedral de San Isaac como vecinos. Sin remordimientos. La culpa es de la fascinante opulencia zarista. ¿Un billete para San Petersburgo?

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¿Qué hay de nuevo, San Petersburgo?

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