El sur en versión teutona

A Múnich le sobran los adjetivos

Tan clásica como vanguardista, tan conservadora como sorprendente. En definitiva... ¡tan inclasificable!

En Múnich no sabe uno si elegir la elegancia de Maximilianstrasse, la calle más cara de Alemania, o las berzas del popular mercado Viktualienmarkt. La capital bávara es una de las ciudades más ricas del mundo, con paro técnicamente nulo y autos BMW saliendo de fábrica como polluelos, pero también es el barrio de Schwabing y su bohemia. Vuelan jarras gigantes en los biergarten (jardines de cerveza) y en los keller (cuevas-bodegas) que frecuentaban Rilke, Brecht o Thomas Mann; o Kandinsky, media hora antes de inventar el arte abstracto. En las calles, tan fácil es toparse con una estatua viviente como con un premio nobel en bicicleta; o con músicos en las esquinas de la ciudad donde Wagner y Strauss estrenaban sus óperas. Alegría, en fin, en esta urbe «sureña» para los alemanes, donde la línea azul del horizonte no es el mar, sino los Alpes, con su espuma de nieve.

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luis-fernando-felipe-alves-gGOzpDZ Qz0-unsplash. El microcosmos de Marienplatz

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El microcosmos de Marienplatz

Todo ello está comprimido en esa especie de microchip que es la Marienplatz, cuyo nombre se debe a la Columna de la Virgen (1638) que la preside. Sobre los tejados asoman las torres gemelas de la catedral de la Virgen, la Frauenkirche, el logo indiscutible de Múnich. Todo pasa en o por esta plaza, donde los paisanos se emulsionan con los siete millones de turistas que llegan cada año a la ciudad a mirar embobados el carillón del Ayuntamiento Nuevo y sus autómatas. Eso, los visitantes; los de casa lo que miran es el balcón que hay debajo y desde el cual, por ejemplo, saludan los jugadores del Bayern cuando ganan algo. O sea, casi siempre.

iStock-533716032. Lapsus hinchable

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Lapsus hinchable

Para los anales del club, más importante que el nombre del entrenador es el estadio Allianz Arena, alias Schauchboot («bote hinchable»), diseñado por los geniales Herzog & de Meuron con un material, el EFTE, muy novedoso en su día (2005), que permite que el recinto brille de noche con los colores del equipo.

large-farmers-market-in-munich-germany-picture-id612644330. Comer...

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Verduras, salchichas...

Después del corazón, lo más importante es el estómago que en Múnich se llama Viktualienmarkt, un mercado callejero permanente, donde las delikatessen más sibaritas se codean con patatas, lechugas y salchichas de mil calibres. Tampoco faltan los biergarten, esos epicúreos jardines urbanos donde la cerveza fluye en jarras de litro (mass) y se trasiega sentado o de pie ante toneles que sirven de mesa.

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...y mucha cerveza

En Múnich hay seis grandes fábricas (unas 750 en Baviera), entre ellas las históricas Weihenstephan (1040), Augustiner Keller (1328) y Höfbrauhaus (1589). En el escudo de la ciudad aparecen un monje (Múnich viene del vocablo alemán mönch), la bandera bávara a cuadros blancos y azules, y los útiles para elaborar la bebida de cebada.

iStock-1172750172. La Múnich Real

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La Múnich Real

La antigua cervecería de la corte Höfbrauhaus está, obviamente, junto a la Residenz (palacio real), el Nationaltheater (ópera) y otros solemnes edificios como la Casa de la Moneda. Para visitar el primero hay que dedicar el día. En la Sala de Retratos se muestra, entre otros, a Luis I, quien perdió su reino por la pelirroja Lola Montes que afirmaba ser española (era escocesa). Luis I era abuelo de Luis II, el rey loco de los castillos. Los cinéfilos pueden ver la película de culto de Max Ophüls Lola Montes y el film clásico Ludwig de Visconti. El reino de Baviera acabó con Luis III en 1918, poco antes de que toda Alemania se convirtiera en república. 

iStock-962663088. La Atenas del Isar

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La Atenas del Isar

El recorrido continúa en bicicleta –así lo hacen muchos muniqueses– hasta la Karlplatz, también conocida como Stachus. Junto con la Marienplatz, es otro de los polos vitales de la ciudad, donde se dan cita sobre todo los jóvenes, que se reúnen arropados por las líneas clasicistas del Palacio de Justicia y una puerta medieval, la Karlstor.

Muy cerca, la Königsplatz o Plaza Real desvela por qué a Munich la llaman «la Atenas del Isar»: la Gliptoteca, las Colecciones Antiguas y los Propileos, edificios que allí hizo levantar el rey Luis I, son griegos desde la base al tímpano. Para rematar, a solo unos pasos, la Alte y la Neue Pinakothek, pinacotecas Antigua y Nueva, se miran frente a frente y albergan un gran número de obras maestras que las han convertido en uno de los grandes museos del mundo.

iStock-976843448. Palacios (y museos) para todos

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Palacios (y museos) para todos

Habría que pedalear un poco más o tomar un taxi para alargar el recorrido hasta Nymphenburg, el complejo palaciego de verano rodeado de pabellones y jardines que completan el perfil de la Múnich regia. Y si después de esta marea de arte queda alguien insatisfecho, sepa que aún puede visitar varias docenas de museos más pequeños pero interesantes, entre ellos el de la propia ciudad alojado en un arsenal gótico, el Deutsches Museum o la Pinakothek der Moderne. Por supuesto, la cerveza, BMW o el FC Bayern tienen sus propios museos.

iStock-1027120892. Legado olímpico

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Legado olímpico

En esa parte norte de la ciudad se encuentran el complejo que acogió las Olimpiadas de 1972, el estudiantil y bohemio barrio Schwabing próximo a la Universidad, y el muy popular Englische Garten, uno de los mayores parques del mundo, con «jardines de cerveza» y un pabellón chino donde siempre hay una orquestina animando el cotarro.

iStock-459390035. El sur es el sur

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El sur es el sur

Los vecinos de la «Atenas del Isar» sacan buen provecho de su río. Cerca de la Isartor o puerta del Isar, otra reliquia medieval, las riberas fluviales se convierten en playa si el tiempo acompaña. Oficialmente está prohibido bañarse, pero todo el mundo está en bañador y alguno entra en el agua. Incluso armaron «la ola de Múnich», una onda artificial en la cual surfean los intrépidos, eso sí, de uno en uno, pues la anchura no da para más. Así es el espíritu de Múnich. Siempre hay manera de desabrocharse un poco el corsé tradicional y dejar escapar la vitalidad que agita a estos alemanes del sur. Las reglas son las reglas, pero el sur es el sur.

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