Córcholis

Corchoturismo en Évora

El producto estrella del alcornoque ha cambiado la forma de visitar esta preciosa ciudad lusa.

Si Portugal es el país del mundo que más corcho produce, seguido de España, no es de extrañar que haya desarrollado toda una industria alrededor de este material, capaz de trascender el mundo del souvenir y los tapones de corcho con los que embotellan sus vinhos verdes. Y en eso la región del Alentejo tiene mucho que decir y que hacer. Tanto, que han sido capaces de forrar hasta un hotel, utilizando sus ventajas aislantes y las virtudes del diseño más ecológico.

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Cromlechs, templos... y alcornoques

Las cifras confirman que más del 84% de los alcornoques -AKA el árbol del que se extrae el corcho- se encuentran en la región portuguesa del Alentejo, y la encantadora Évora tiene la suerte de ser su capital. Es una de las sorpresas que aguardan a todos los que, camino de Lisboa por carretera, se aventuran a conocer esta pequeña ciudad -puerta de entrada desde Badajoz a Portugal-, declarada Patrimonio de la Humanidad por su riqueza arquitectónica: aún conserva vestigios de los siglos XVI al XVIII en perfecto estado (imprescindible conocer la inquietante capilla de los huesos), además de un templo de su pasado como villa romana y hasta un cromlech de la era neolítica.

iStock-472636440. Hasta los andares

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Hasta los andares

Por eso, adentrarse en el interior de la ciudad amurallada y pasear por sus estrechas calles adoquinadas tiene premio: por un lado, es una buena aproximación a la historia de todos los pueblos que han pasado por Portugal a lo largo de los siglos; y, por el otro, el mejor modo para comprobar que aquí sí han sabido hacer del corcho su ibérico particular, del que aprovechan, como del cerdo, hasta los andares.

iStock-160364213 (1). Un emblema nacional

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Un emblema nacional

Las dehesas portuguesas se llaman montados, y la superficie que ocupan en todo el país supera las 730 hectáreas. Como esta es una cifra difícil de manejar para quienes no estén acostumbrados a las grandes superficies, se puede decir de otro modo: el 34% de la superficie mundial -repetimos, mundial- de alcornoque se encuentra e Portugal, y la casi totalidad (84%) está en la región del Alentejo. Todo el paisaje está dominado por este árbol de corteza blanda y rugosa, y tronco rojizo, convertido en un símbolo de Portugal capaz de superar la iconografía tradicional del gallo de Barcelos.

Corticarte. Azaruja, donde el corcho se transforma

Foto: Cortiçarte

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Azaruja, donde el corcho se transforma

En los alrededores de Évora se levantan fábricas como Cortiçarte, en el término de Azaruja. Un lugar tan industrial por fuera, como fascinante por dentro: en poco más de media hora (o todo lo que David quiera extenderse ese día), uno puede acedarse al fascinante mundo de la transformación del corcho en singulares y curiosas piezas de artesanía recorriendo este negocio familiar. Al final de la visita, no queda más remedio que atravesar la tienda -sucede hasta en los mejores museos- y picar algo. Desde un paraguas o un trolley de viaje, a un reloj de pared, un espejo, una lámpara, un delantal, unas deportivas y hasta unos botines estilo chelsea boots.

iStock-497439418. Una calle para todo

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Una calle para todo

Si no se va con tiempo suficiente como para pasar por una de las fábricas de transformación de corcho para cotillear y, de paso, llevarse algo de recuerdo, no pasa nada, porque hay otro lugar que puede ser igual o incluso más estimulante: la rúa 5 de Outubro de Évora, la ‘milla de oro’ de las compras gourmet (ojo al poderío de latas y conservas de Comur Conserveira de Portugal), la artesanía popular y el diseño hecho en corcho. A pesar de ser una callejuela estrecha, no hace falta llevar GPS para localizarla, porque es casi inevitable pasar caminando por ella: es una de las calles que desembocan en la plaza do Giraldo, lugar de paso obligado y eje central que vértebra todo el interior del casco antiguo, todavía amurallado. Aquí, en los bajos de sus fachadas alicatadas con azulejos centenarios, compiten más de una decena de tiendas de artesanía en las que se pueden encontrar incluso bikinis hechos de corcho. Lo venden en D’Cortica Artesanato o Eugénia Maurício. Aquí hasta las postales son de corcho.

Captura-de-pantalla-2019-09-27-a-las-10.47.59. Un hotel forrado

Foto: Tivoli Hotel & Resorts

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Un hotel forrado

En Évora hay tanto corcho que uno puede volverse loco, liarse la manta la cabeza y forrar hasta un hotel. Y eso existe. La fachada del edificio principal del Tívoli Évora Ecoresort está revestida por completo con este material de innumerables ventajas, entre las que destaca su aislamiento térmico, además de la pared de su restaurante Cardo y las mesas de su salón principal. Sobra decir que este cuatro estrellas -ecológico, sostenible y eficiente energéticamente- es un alojamiento levantado en medio de un inmenso alcornocal y diseñado para pasar casi desapercibido en este entorno, construido a modo de villas individuales -como si fueran apartamentos-, con un diseño de inspiración muy mediterránea. Cada una tiene su propia terraza (más parecida a un patio interior) en el que es inevitable salir por la noche a ver las estrellas. Por el día, las mejores vistas se tienen desde su piscina, situada en la azotea del edificio principal, o desde el ventanal del spa.

Enoturismo footer.285ecd26. El vino de la serenidad... y de los premios

Foto: Casa Relvas

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El vino de la serenidad... y de los premios

Y si se han atrevido a forrar un hotel, ¿cómo no hacer lo mismo con una bodega? Lo han hecho en Casa Agrícola Alexandre Relvas, más que una bodega, un proyecto familiar levantado en la vecina localidad de Redondo. Aquí, además de un vino multipremiado -más de 300 medallas de oro en competiciones internacionales- elaboran otros productos autóctonos, como el queijo con la leche de sus ovejas merinas. Arquitectónicamente, el lugar merece mucho la pena, no solo por la fachada forrada de corcho, sino por su diseño de vanguardia y su respeto al entorno natural que lo rodea. Para apreciarlo como dios manda, basta con tumbarse bajo su ‘árbol de la siesta’ y dejarse invadir por la serenidad que se respira a este lado de la península.

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Corchoturismo en Évora

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