Ni plata, ni plomo

Es el momento de Medellín

La segunda ciudad más grande de Colombia ha dejado atrás su pasado oscuro a base de creatividad.

Sí, en Colombia hay de todo: el Océano Pacífico, el mar Caribe, los Andes Americanos, el Amazonas, la cultura precolombina, etc... y también ciudades. Porque, por mucho que sus urbes no sean su mejor baza, hay ejemplos como Medellín con ese je ne sais quoi que atrapa al viajero. Más allá de ser la puerta de entrada del eje cafetero, la capital antioqueña es dinámica, artística, acogedora… Una metrópolis que se ha reinventado a sí misma con el fin de tachar su pasado oscuro, el del narcoterrorismo.

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iStock-1012763120. Un artista de mucho peso

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Un artista de mucho peso

Los medellinenses tienen la gran suerte de gozar de uno de los mejores museos del mundo al aire libre. La Plaza Botero (o de las Esculturas), en pleno corazón de Medellín, alberga 23 esculturas de bronce de gran tamaño donadas en el año 2000 por el artista más internacional de Colombia, Fernando Botero, nacido en esta ciudad. Cada escultura es única y con gran variedad de formas: Venus dormida, esfinge alada, soldado romano, hombre vestido, gato, etc. Si uno se fija en sus proporciones, comprende que no es una cuestión de “gordura”, más bien que el artista utiliza la técnica del volumen.

Museo Anti. La ventana artística a la región

Foto: Museo de Antioquía

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La ventana artística a la región

El Museo de Antioquía es el entorno ideal para adentrarse en el particular mundo de Botero e ir más allá de sus esculturas. Ubicada en esta misma plaza, esta institución alberga más de 90 pinturas del artista, marcadas por su pasión por el volumen. Expone, también, obras de otros artistas, una sala de fotos antiguas de la ciudad y un espacio dedicado al arte precolombino, haciendo de este espacio un auténtico imprescindible. Y si hay más afán de cultura, todavía queda por visitar el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, un edificio gubernamental de estilo neogótico inacabado que cuenta con algunas exposiciones, biblioteca, archivo histórico de la ciudad. Pero lo mejor de todo es subir a la terraza y disfrutar de una magnifica vista a la plaza Botero. Y además, es gratuito.

iStock-1012765452. La iglesia paisa

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La iglesia paisa

Más allá de la indispensable Plaza Botero, el centro de Medellín sorprende por su pequeño tamaño y sus curiosos hallazgos. Uno de ellos es la bellísima Iglesia de la Veracruz, blanca de estilo antioqueña que data del siglo XVIII. A pocas calles se encuentra el Parque Berrio, una plaza muy animada a la sombra de muchas palmeras y presidida por la iglesia de La Candelaria, también blanca de estilo colonial pero un reloj en una de sus torres la hace distinta.

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El bosque de bambú

A unos cinco minutos a pie se encuentra la Avenida Carabobo, que es una larga calle peatonal (algo inusual en esta ciudad pensada para los coches) que es la esencia de Medellín. Es un lugar bullicioso, vibrante, ruidosa con cientos de tiendas pero sobretodo de tenderetes en que sus vendedores no dejan de gritar repetidamente con micrófonos lo mejor de sus productos y ofertas, algunos hasta lo amenizan con música. Esta avenida desemboca en la Plaza de Cisneros (o de Las Luces), un espacio muy original en que un gran número de lámparas alargadas emulan a un bosque de bambú, y por la noche, iluminadas, regalan un espectáculo visual inigualable.

24184093547 796c71743b b. Naranja y verde

Foto: Dylan Passmore (vía FlickR)

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Naranja y verde

Allí mismo se erige el edificio Carré, de 1895, sede de la secretaría de la educación, que fue el primer edificio construido con ladrillo caravista. Esta estética agradó tanto en esa época que a partir de entonces se empezó a construir edificios sin recubrir convirtiendo Medellín en la ciudad naranja y verde. El primer color por los ladrillos y el segundo por estar rodeado del Valle de Aburrá.

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Los dos pájaros

La Plaza de San Antonio, muy cerca, cuenta a través de dos esculturas del maestro Botero un tristísimo suceso. En 1995 durante un concierto, una bomba oculta en una de sus esculturas, la de El Pájaro, explotó cobrándose 29 víctimas y unos doscientos heridos. La escultura quedó totalmente agujereada y el propio Botero accedió a reponerla pero con la condición de que se conservara la afectada. Hoy en día se observan las dos esculturas idénticas, la dañada y la nueva, una manera de recordar las víctimas. Para los amantes de las compras “chollo”, encuentran su propio paraíso en El Hueco, una curiosa zona de tiendas pequeñas e independientes de todo tipo muy baratas. Y el emblema de Medellín es el edificio Coltejer en forma de aguja de coser que, con su altura (es el más alto de la ciudad) recuerda que el sector textil fue una importante industria en el siglo XX.

iStock-938276204. La comuna resiliente

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La comuna resiliente

Posiblemente la visita a la Comuna 13 sea la que más emociones suscite al viajero, de toda índole. Desde las más negativas como rabia y tristeza por esos años de sufrimiento en que las guerrillas sembraron el terror hasta las más positivas como alegría y esperanza por ser un barrio alegre y colorido con la visita diaria de cientos de turistas. Esto es un gran ejemplo de resiliencia social.

iStock-822664330. Comuna 13

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Escalera a la esperanza

La Comuna 13 (de los 16 en total en Medellín) o de San Javier es un curioso barrio vertical por situarse en la ladera de la montaña de casas muy humildes. Tras la Operación Orión (una operación militar que acabó con las guerrillas) en el año 2002 este lugar ha vuelto a la normalidad, aunque relativa, ya que hizo falta muchos programas de reeducación social. Sin embargo, el arte, en forma de grafitis y murales ha devuelto la esperanza a los jóvenes y no transmite para nada su terrible pasado, todo lo contrario, son alegres y con mensajes positivos como el respeto a la naturaleza, animales, a las personas mayores, igualdad de razas, etc. Recorrer este barrio con sus galerías de arte, espectáculos de hip-hop, bares, cafeterías y sobre todo la alegría de los vecinos no deja indiferente a nadie. La vida aquí también cambió en 2013 con la instalación de unas escaleras mecánicas con techo de color naranja salvando el equivalente a 28 piso que, además, le dio al distrito un toque distintivo y moderno.

La Comuna 13 es segura y se puede visitar por libre, además se llega muy fácilmente en transporte público. Sin embargo, las visitas guiadas explicadas en primera persona por vecinos jóvenes enriquecen esta experiencia. Eso sí, no se debe abandonar este lugar sin haber antes probado el helado de limón, trozos de mango natural y sal!. Totalmente casero y riquísimo, una delicatesen.

iStock-1128033252. Sobrevolar un bosque

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Sobrevolar un bosque

El parque ecoturístico Arví es la gran sorpresa verde de Medellín. El contraste de una ciudad densa y un enorme bosque a solo media hora en transporte público es sorprendente. El último tramo de este recorrido es en funicular, que además de unas vistas que quitan el hipo de toda la ciudad y del valle de Aburrá, se materializa esa sensación de volar como un pájaro por lo alto del bosque. Si la llegada ya es un paseo entre las nubes, visitar este parque es descubrir la extensa flora y fauna autóctona de Antioquía.

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Mil orquídeas para... todos

Desde el centro de información parten las visitas guiadas al alcance de todos los públicos como paseos en bicicleta, avistamiento de pájaros, sendero arqueológico en que se explica cómo era la vida de los indígenas hace más de 500 años y, para los más interesados en botánica, el circuito de orquídeas, bromelias y anturios resulta imprescindible para conocer estos géneros de plantas tropicales. Además, este bosque húmedo de 15 grados durante todo el año es ideal para descansar del calor de Medellín. Por lo que conviene traer algo de abrigo y llegar pronto. El parque cierra sus puertas a la que se llena de gente.

iStock-477343716. En busca del atardecer

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En busca del atardecer

Si de día ya es una ciudad bulliciosa y vibrante, de noche no pierde el ritmo y es una gran fiesta que no parece tener fin. Un buen comienzo para estrenar la Medellín vespertina es ascender al cerro Nutibara y embobarse con las magníficas vistas nocturnas de toda Medellín. En este mismo enclave se encuentra el Pueblito Paisa, una réplica del típico pueblo antioqueño con su iglesia blanca de estilo colonial y sus casitas con balcones, y repleto de puestos de comida típica y artesanías. Y para alargar la noche, la calle 70 congrega a los medellinenses con ganas de salsa, ballenato y reggeatón mientras que la zona de El Poblado tiene un ambiente más internacional. 

iStock-1151806411. La anti-dieta antioqueña

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La anti-dieta antioqueña

La comida antioqueña no entiende de raciones pequeñas o platos ligeros. Su plato típico es la bandeja paisa. Como su nombre ya indica ni siquiera se sirve en un plato, directamente en una bandeja por la cantidad de ingredientes que la componen: arroz, carne de res (ternera), chicharrón (panceta frita), huevo frito, patacón (plátano frito), chorizo, arepa, hogao (sofrito), frijoles y aguacate. Si se comparte, mejor, y si es al mediodía, también. El sancocho, algo menos pesado, es una riquísima sopa con plátano, yuca, y patata en que se le añade carne de cerdo, pollo, etc. y pescado a veces. El mondongo es también una sopa típica hecha de tripas de vaca acompañado de cerdo, garbanzos, ajo, cilantro, cebolla y especias. Las arepas son también muy típicas de aquí, se comen en todas partes y combinan con todo, como queso, huevo, carne, aguacate, etc. están también riquísimas con un mantequilla y una pizca de sal.

iStock-486884241. El pueblo de mil colores

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El pueblo de mil colores

Cuentan los habitantes del pueblo de Guatapé (a unas dos horas de Medellín) que hace unos 100 años un vecino con algo de cemento moldeó unos corderos (calcados previamente del altar de la iglesia) en la parte inferior de la fachada de su casa como elemento decorativo. Con el tiempo, el resto de los vecinos copiaron la idea y lo que era antes un pueblo anodino pasó a convertirse en uno de los más coloridos y originales de Colombia. Así se gestó el Pueblo de los Zócalos. Sus casas son de colores chillones y observando solo una puede parecer excesivamente infantil pero todo el conjunto es un pantone en forma de pueblo coqueto. La combinación de colores y la creatividad en la forma de sus zócalos maravilla a cualquiera que visite esta villa paisa.

iStock-1041935132. Después de 649 escalones

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Después de 649 escalones

A unos pocos kilómetros impone la Piedra del Peñol, un capricho de la naturaleza que se formó por choque entre placas tectónicas originando un afloramiento de varias rocas a la superficie. El caso es que los viajeros disfrutan de un increíble mirador con vistas panorámicas a un embalse, eso sí, después de subir 649 escalones.

iStock-513443912. Adiós a los narcos

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Adiós a los narcos

Medellín, con sus luces y sombras como cualquier otra ciudad, tiene una gran sombra que es su pasado oscuro, el del narcoterrorismo pero también una gran luz que es su capacidad de transformación. Acciones como la Cultura Metro, en que una campaña sensibilización a toda la población que el transporte público debe ser cuidado y respetado por todos. El diseño de Parques Bibliotecas, para que todos los jóvenes tengan acceso a internet y espacios para estudiar y expresar sus inquietudes. Los programas de reeducación social en la Comuna 13. Las grandes donaciones de Fernando Botero han tenido un papel crucial en convertir esta urbe en un referente cultural. La recuperación del Parque Arví, con la campaña “el parque es de todos”, un proyecto medioambiental para recuperar la flora y fauna antioqueña. La acción más reciente ha sido la demolición del edificio Mónaco, hogar de Pablo Escobar a través de la campaña “Medellín abraza su historia” y coincidiendo con el 25 aniversario de su muerte. Este espacio dejado será ocupado por el Parque Inflexión, un proyecto que pretende dar una nueva narrativa a la historia de la narco violencia desde el lado correcto, el de las víctimas.

 

Quien quiera conocer de forma profunda y desde el respeto este oscuro pasado de Medellín debe visitar el Museo Casa de la Memoria, un espacio gratuito, didáctico e interactivo fuera del circuito turístico.

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