Del 7 al 1

Los siete imprescindibles de todo viaje a Nepal

Un ranking inverso con el que sumergirse en un país que es un microcosmos entre montañas.

El país que alberga 8 de las 10 montañas más altas de la tierra, pero también primorosos arrozales, bosques de rododendros y junglas donde campan tigres y rinocerontes, por si no bastase con el acogedor exotismo de Katmandú, es un gran destino viajero y el paraíso terrenal para los aficionados al trekking.

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iStock-487764186. En el #7: Pokhara y el Machapuchare

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En el #7: Pokhara y el Machapuchare

Con sus variopintos hoteles y restaurantes, la segunda ciudad de Nepal, a orillas del lago Phewa, invita a reponer fuerzas tras unos días de caminata entre las imponentes montañas que se reflejan en sus aguas. Tres ochomiles, el Manaslú, el Annapurna y el Dhaulagiri, la guarnecen por el norte, aunque el triángulo más cercano y casi perfecto del Machapuchare (6993 m), «la cola del pez», atrape magnéticamente las miradas. Se considera una montaña sagrada y el gobierno nepalí tiene prohibida su ascensión.

En el #6: El plato nacional

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En el #6: El plato nacional

En la mayoría de hogares el plato tradicional de Nepal se come al menos una vez al día casi todos los días del año. El dal bhat tarkari lo forman una combinación de arroz hervido a discreción (bhat) y sopa de lentejas (dal), a la que se añaden verduras de temporada (tarkari). Es un plato equilibrado, saludable y fácil de digerir, óptimo para quien anda de trekking o para pasar el invierno aislado en las montañas. Los lodges y los puestos de comida que jalonan los senderos han diversificado en los últimos años sus menús, pero ante la duda el caminante avezado imita a los porteadores: dal bhat, cómo no. ¡Y que no falte!

En el #5: Parque Nacional Royal Chitwan

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En el #5: Parque Nacional Royal Chitwan

Desde 1973 este parque en las selvas del Terai, una llanura aluvial creada por los ríos Rapti y Narayani, depara uno de los safaris más inolvidables de Asia. Bien protegido a lomos de un elefante, es fácil observar a los rinocerontes entre los herbazales o ametrallarlos con la cámara llegado el caso. Los paseos guiados en piragua para ver al gavial –un cocodrilo que se alimenta de peces– y las excursiones para observar aves al amanecer –hay más de 500 especies– son otros alicientes de Chitwan (“corazón de la jungla”). Se pernocta en cabañas vegetales, mientras el personal añade emoción a la velada narrando vívidos encuentros con tigres.

En el #4: Katmandú

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En el #4: Katmandú

Todos los viajes por Nepal empiezan y terminan en esta ciudad de un millón de habitantes situada en un amplio valle a 1200 m de altitud. Hay templos muy famosos para visitar (Pashupatinath, Swayambunath...) y tienen también mucho encanto los que se descubren callejeando al azar, adornados con las ofrendas que depositan los fieles. Las puertas, ventanas y balcones de madera labrada propias de la arquitectura newar generan una atmósfera fascinante. El terremoto de 2015 derribó muchos edificios, incluidos los templos de la plaza Durbar, pero la reconstrucción avanza a buen ritmo. Las excelentes librerías y tiendas de material de montaña indican qué tipo de viajeros acuden a la capital del Himalaya. Hay bares y restaurantes para todos los gustos, junto a pastelerías que ofrecen tartas suculentas, si es preciso de azúcar moreno y harina integral.

En el #3: Territorio sherpa

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En el #3: Territorio sherpa

El pequeño aeropuerto de Lukla (una pista de solo 450 m incrustada entre montañas) acorta la aproximación para quienes desean admirar los ochomiles del este de Nepal lo más cerca posible: el Everest, el Lhotse y el Makalu, con el Nuptse y el Pumori como guardias de honor. En la ciudad de Namche Bazaar (3440 m), corazón del país sherpa, comienza la aclimatación a la altitud. Una semana de trekking incluyendo al menos una jornada de descanso, por ejemplo junto al monasterio de Tengboche a los pies del majestuoso Ama Dablam (6812 m), culmina en el mítico mirador de Kala Pattar (5560) o en el campo base del Everest (5364 m). El retorno a Lukla suele hacerse en cuatro días.

En el #2: Bodnath

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En el #2: Bodnath

En torno a la más venerada de las estupas de Nepal deambulan peregrinos y viajeros de todo el mundo. Este mandala tridimensional alegra el ánimo de quien lo contempla o lo contornea, siempre en el sentido de las agujas del reloj. Las tres plataformas cuadradas escalonadas de la base encarnan la tierra; sobre ellas, la gran semiesfera blanca teñida ocasionalmente de cúrcuma simboliza el agua; la pirámide truncada representa el fuego; el parasol se vincula con el aire y la cúspide, con el espacio o el cielo. Esos cinco elementos o energías son los que armonizan, a su vez, los cinco colores omnipresentes de las banderas tibetanas de oración que decoran la estupa: amarillo, verde, rojo, blanco y azul. Bodnath es también un enclave muy agradable de noche, a la luz de las lámparas de aceite, mientras el barrio se ha convertido en un pequeño reducto para los refugiados tibetanos en Nepal.

En el #1: El trekking del Annapurna

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En el #1: El trekking del Annapurna

La nueva carretera que atraviesa la garganta del Kali Gandaki y asciende hasta el santuario de Muktinath ha mermado el encanto del gran trekking que daba la vuelta al Annapurna en casi tres semanas. Pero es difícil hallar una garganta más espectacular en la Tierra: a un lado el Dhaulagiri (8167 m), a otro el Annapurna (8069 m), y entre medio un cañón que se abre paso 5500 m por debajo de ambas cumbres. Los trekkings por las montañas al norte de Pokhara son variados en longitud y exigencia pero todos transitan por paisajes fabulosos, que varían conforme se gana altitud, desde los arrozales o los bosques de las zonas bajas a los abetales y las soledades ocres del norte de la cordillera, donde el yak es el mejor amigo del hombre. El mirador de Poon Hill (4 o 5 días), el santuario del Annapurna (14 días), la vuelta al Manaslu (16 días) o el reino de Mustang (12 días) son algunos ejemplos.

En el #4: Katmandú

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