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San Andrés y Providencia: otro Caribe es posible

En este archipiélago colombiano todo está pensado para un objetivo: vivir sin prisas.

El único departamento insular de Colombia, que atesora la segunda reserva coralina más grande del Caribe y que en ubicación es más cerca de Nicaragua, está conformado por dos municipios principales: San Andrés, antiguo refugio del pirata Morgan y edén del buceo, y Providencia (al cuál está anexa la pequeñísima isla de Santa Catalina), un paraíso virgen que siente una profunda conexión con el mar y se niega al turismo de masas. Juntas (o por separado) estas islas son perfectas para desconectar... de verdad.

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Despliegue natural

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Despliegue natural

El panorama desde el avión es azul, pero también turquesa, lila, verde esmeralda… un caleidoscopio de tonalidades –gracias a su origen volcánico y su barrera de arrecife– conocido como el mar de los siete colores y uno de los mayores reclamos de este conjunto de islas. Altos cocoteros y playas de arena blanca abrazan esas aguas cristalinas en las que el sol se esconde dejando a su paso atardeceres de infarto. Además de su riqueza marina, cabe mencionar sus manglares, en los que habitan mejillones, cangrejos, iguanas y aves endémicas.

Para amantes del buceo

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Para amantes del buceo

Aguas cristalinas, una asombrosa biodiversidad marina y más 80 especies distintas de coral hacen del buceo una actividad casi obligada del archipiélago. Las islas cuentan con más de cuarenta escuelas certificadas que ofrecen cursos de iniciación e inmersiones avanzadas. Allí, el espectáculo coralino está garantizado y no es raro encontrarse con tiburones, delfines, mantarrayas y más de 250 especies de peces. No en vano está reconocido por la Unesco como Reserva Mundial de la Biosfera Seaflower.

A ritmo de reggea

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A ritmo de reggea

En Johnny Cay, un islote idílico a solo 1,5 km de la costa de San Andrés, se disfruta a partes iguales de las bondades del mar, la playa y las palmeras como de la alegría y amabilidad de los isleños. La banda sonora es el reggae, la actividad estrella el snorkel, el plato del día la mojarra frita acompañada de arroz con coco y patacones de plátano macho, y la bebida de la casa el Coco Loco: ron, tequila, vodka, jugo de limón, crema y agua de coco… una bomba.

Un par de aletas para descubrir El Acuario

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Un par de aletas para descubrir El Acuario

El islote Córdoba, más conocido como cayo Haines y su vecino próximo, cayo Acuario, son otros dos paraísos naturales a tiro de piedra de San Andrés. Gracias a la cercanía entre ambos y a que la profundidad del agua no alcanza el metro se puede ir andando de una a otra; los adeptos del snorkel se calzarán un par de aletas, una careta y disfrutarán del paisaje submarino y de las múltiples mantarrayas que surcan sus aguas.

Historia de piratas

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Historia de piratas

Pero no todo es playa, brisa y mar. Los isleños son amantes de la música. Se mueven al ritmo del reggae, el mentó y el calypso gracias a sus raíces caribeñas, también bailan contradanza, mazurca, chotis y polka, legados de sus colonos europeos. Y es que de batallas entre conquistadores y piratas es de lo que se nutre su historia; sobre todo de Henry Morgan quien eligió la isla para ocultar sus tesoros que, según una leyenda, yacen en lo profundo de una cueva.

La vida isleña

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La vida isleña

Así como de piratas, el archipiélago estuvo poblado por holandeses, ingleses, españoles y esclavos africanos, otorgándole a sus habitantes una mezcla cultural única y exótica. Los raizales hablan creole y sienten un amor profundo por el mar. La mayoría profesan el protestantismo y son de personalidad afable y tranquila, pero con un desparpajo fuera de lo común, de ahí que hayan hecho del turismo su mayor fuente de ingresos. En lo alto La Loma, la mayor colonia de nativos de San Andrés, sigue en pie la iglesia bautista más antigua de la isla y desde su mirador las vistas son alucinantes.

Sencillez ante todo

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Sencillez ante todo

A San Andrés han llegado grandes cadenas hoteleras con modernas construcciones, casinos, spas y tumbonas en frente de la playa, aunque en el caserío de San Luis los raizales han conservado la colorida y característica arquitectura del Caribe de antaño. También en las islas menores del archipiélago, Providencia y Santa Catalina, cuyo panorama arquitectónico está cincelado a golpe de cabañas de madera pintadas de colores alegres. Palabras como resort o spa no están aún en el vocabulario de los providencianos, quienes apuestan por lo simple y lo natural.

Un edén tropical y auténtico. Tropical, auténtico... y providencial

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Tropical, auténtico... y providencial

A Providencia solo se puede acceder desde San Andrés, en barco o a bordo de pequeñas avionetas. Esto, en parte, pone freno a la invasión turística de la isla que logra mantener casi intactos su ecosistema y su cultura, haciéndola más paradisíaca si cabe. La naturaleza es todavía la que manda, por ello, el senderismo, la observación de flora y fauna y el buceo hacen parte del libreto turístico. Cualquier adepto del submarinismo se volvería loco con sus 32 kilómetros de barrera coralina, la tercera más larga después de Australia y Belice.

Sopa de caracol... como la canción

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Sopa de caracol... como la canción

Como en todo el Caribe, en San Andrés y Providencia la cocina está ligada al mar y a la tierra. Caracoles, langostas, camarones, pargos y cangrejos, así como el plátano, la yuca y el coco, son los ingredientes más asiduos. En la isla mayor hay que pasarse por La Regatta si se quiere ser más sofisticado o por el restaurante Coco Beach en la bahía de Cocoplum; mientras que Roland’s Restaurant es el chiringuito más famoso de Providencia. Situado en la playa de Manzanillo, allí el menú diario es la pesca del día y el reggae la banda sonora.

Para amantes del buceo

San Andrés y Providencia: otro Caribe es posible

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