Sensaciones pop

Shibuya a lo tokiota

La guía para disfrutar al máximo del barrio más icónico de Tokio.

A Shibuya le viene de perlas la música pegadiza de La casa azul. De hecho, el grupo más nipón del pop español le dedicó un tema en su primer álbum: “cerca de Shibuya olvidaré tu amor y encontraré un nuevo océano, un huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, decía la letra. Y eso es exactamente Shibuya: una suma infinita de sensaciones pop.

 

El momento de salir de la estación de Shibuya a la calle no se olvida jamás. Tal vez sea la sensación más vibrante que se pueda sentir en una ciudad moderna. De seguida, aparece un remolino de gente con el que habrá que coordinar los pasos. Los sonidos vienen de todos los ángulos, mientras que las pantallas gigantes de los anuncios compiten por captar la atención. El conjunto es un maravilloso horror vacui de impactos que ni Times Square, en Nueva York.

 

Shibuya aparece como un microcosmos dentro de Tokio. El barrio se reinventa a cada momento y hay que avanzar por él tanto en horizontal como en vertical, porque se expande como una enredadera de abajo hacia arriba en realidad, en pocas ciudades como las de Japón donde sentir la verticalidad urbana. A pesar de toda esa constante mutación, Shibuya no sería lo que es sin sus grandes clásicos.  

 
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como Abbey Road pero a lo kamikaze

El Scramble Kousaten es una estrella de cinco puntas formada por cinco pasos de peatones que los semáforos sincronizados regulan a la vez como para crear un extraño e hipnótico ballet urbano. Cruzarlo es una especie de prueba iniciática previa a aventurarse por Shibuya. Aunque por aquí no cruzaron los Beatles, el cruce de Shibuya es el más transitado del mundo: 47 segundos de locura peatonal que dan hasta para selfies, y para que lo traspasen alrededor de un millón de personas al día.


Por supuesto, lo divertido es cruzarlo en todos los sentidos posibles; pero no es menos divertido ver el espectáculo desde lejos. Hay varios miradores ‘oficiales’ sobre el cruce de Shibuya. El más popular es el Starbucks de enfrente; pero hay otros muchos. El último en incorporarse al skyline de Shibuya es el Mag’s Park, el mirador del edificio Magnet by Shibuya 109. La gracia es que tiene una cámara especial para hacerse con una de las perspectiva a lo drone del cruce.

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no es Lassie, pero es igual de famoso

Esta es de esas historias que sirven para cimentar la fama de los perros como los mejores amigos del hombre. Hachikō fue un perro de raza akita que siendo cachorro enviaron en una cajita desde la prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya, donde lo recogió Hidesaburō Ueno, profesor del Departamento de Agricultura en la Universidad de Tokio. Muy pronto, ambos iniciaron una feliz rutina: el perro acompañaba al doctor cada día hasta la estación y allí le esperaba hasta que este volvía. 

 

Al menos fue así hasta el 21 de mayo de 1925, cuando el profesor murió de una hemorragia cerebral mientras daba sus clases. Ya nunca volvió; pero quien sí volvió cada día a esperar a su amo fue Hachikō. Es más, se quedó a vivir frente a la estación de Shibuya más de diez años, hasta el 9 de marzo de 1935, cuando el pobre murió. Se erigió una primera estatua de bronce en su memoria que finalmente fue fundida para fabricar armas durante la Segunda Guerra Mundial. En 1944, se erigió la estatua actual, que se ha convertido en punto de referencia de encuentros. Lo que ocurre es que, con tanta gente, los encuentros son cada vez más desencuentros...

 
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Mucho que ver, y mucho que comer...

Algunos lugares de Shibuya huelen a comida. Y es que, aunque no parezca evidente a primera vista, el barrio es como una especie de antología de la gastronomía nipona: brochetas de carne wagyu (Kobe), takoyaki (Kansai), okonomiyaki (Hiroshima), sushi, pan de curry, todo tipo de postres y dulces que parecen joyas... Sencillamente, hay de todo. Una buena opción para iniciarse en todos los gastro-secretos que se esconden en Shibuya es hacer el tour Shibuya, Tour de Comida Tradicional de Arigato Japan. 

 

Aunque siempre están atentos para incorporar los mejores lugares donde comer de Shibuya, una de las paradas estrella que hacen es en el restaurante de Miyuki Kawanaka, una exitosa cantante de enka de los años 70 que en sus orígenes tuvo que compaginar su sueño de cantar con ayudar a su madre en el restaurante familiar de okonomiyaki. Hoy el lugar en el que abundan  las paredes decoradas con las carátulas de sus discos, los premios y los recortes de prensa proporciona toda una experiencia pop, además de sabrosa.


Hay muchos otros rincones de Shibuya donde hacer una inmersión completa a la gastronomía del país. Al norte de la estación, está el Tokyu Food Show. Se trata de un depachika, una especie de paraíso underground de la alimentación. No es que vendan comida alternativa, sino que es literalmente un tipo de centro comercial subterráneo que se suele caracterizar por la abundancia de puestos de comida. En este caso, de todas partes de Japón. Eso sí, que nadie se asuste de ver melones a doscientos dólares, es lo que tiene primar la excelencia a la productividad. A diferencia de otros depachika, el Tokyu Food Show sí tiene espacios para comer la comida comprada en el establecimiento.

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Por supuesto, mucho que comprar

Shibuya es un altar consagrado al consumismo. Verticales y horizontales, como si fuera un crucigrama gigantesco, las luces de neón en Shibuya center-gai shopping street atraen a todas las tribus urbanas de Tokio; entre turistas, un auténtico desfile de tendencias que por sí solo es un espectáculo. Aquí es donde está el histórico Shibuya 109, inconfundible por el diseño de su fachada, con sus diez plantas repletas de tiendas de moda femenina y complementos como si fuera un laberinto o un zoco moderno.

 

Algo más geek, el Mega Donki es ya un auténtico icono no solo en Tokio, sino en todo el país; pero el de Shibuya es el más grande. Ellos son los responsables de que los Kit-Kat de sabores bizarros se hayan convertido en los souvenirs más populares con los que todos los viajeros vuelven a casa. Recorrer sus diferentes plantas es todo un espectáculo y una lección de sociología: la cuestión no es la cantidad de productos, sino la cantidad de oferta que puede haber de un mismo producto a la vez (vamos, la definición perfecta de lo que es la oferta y la demanda en el capitalismo).


En el mapa de Shibuya se puede marcar centenares de otras tiendas interesantes: Mandarake Shibuya, una auténtica galaxia otaku; Loft, para los coleccionistas de artículos de papelería; la tienda Tower Records, donde es difícil salir sin unos cuantos vinilos bajo el brazo;  las pilas de libros y revistas en el espacio de diseño de Shibuya Publishing & Booksellers... Quienes quieran seguir con su particular safari de compras, pueden dirigirse hacia la zona de Omotesando.

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¡Y qué nunca falte el amor!

El espacio en Japón es un verdadero lujo; más en las grandes urbes como Tokio, donde familias enteras pueden llegar a convivir en un mismo espacio de 50 m2. Incluso es común que los recién casados permanezcan en casa de los padres del marido. Además, es un país en el que hay cerca de 4 millones de solteros. Así pues, para resolver en parte toda la tensión acumulada y la falta de privacidad, se inventaron los ‘hoteles del amor’. Lo que ocurre es que como en todo, los japoneses también han llevado este asunto a extremos inimaginables.

 

En Shibuya, Dogenzaka es la zona donde se concentran este tipo de establecimientos. Se conoce como ‘la colina de los love hotels’ y es lo más parecido a un parque de atracciones para adultos; una serie de callejuelas en pendiente, luces de neón, carteles que ofertan todo tipo de servicios, sex shops, locales de masajes, habitaciones temáticas… y, también, algunos hostess bars, tantos para ellos como para ellas, donde poder beber con profesionales que saben beber y dar conversación.

 

Muchos de estos singulares hoteles no escatiman en la decoración kitsch. Entre los amenities, se pueden encontrar todo tipo de juguetes sexuales; hilo musical para ambientar, pantallas con una extensa oferta de películas para animar el asunto, luces rojas, espejos, disfraces, jacuzzis más o menos sofisticados y, en definitiva, todo lo necesario en estas lides.

 
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Una obra de arte que pasa desapercibida

El Scramble Kousaten eclipsa cualquier otro punto de atención a cien metros a la redonda. Tal vez por ello el mural ‘Myth of Tomorrow’, de Taro Okamoto, pasa desapercibido para la inmensa mayoría, a pesar del espectacular Ángel de la Destrucción que lo protagoniza. Es la obra maestra más grande de Taro Okamoto y estuvo perdida durante muchos años en un subterráneo de la ciudad de México. Fue la compañera de Tarō, Toshiko Okamoto, quien en otra historia de fidelidad incondicional, siguió buscando la obra incluso después de la muerte del artista surrealista. 

 

Recuperada la obra, fue expuesta primero en el Museo de Arte Contemporáneo de Tokio hasta junio de 2008 para pasar a ser exhibida permanentemente en la estación de Shibuya, en la pasarela que conecta la estación de ferrocarril con el Shibuya Mark City (es uno de los miradores gratuitos para ver el cruce de Shibuya). El mural representa el momento trágico en el que explota la bomba atómica, la de Hiroshima o Nagasaki. La destrucción parece rozar al espectador que es arrastrado emocionalmente al momento de la tragedia. Sin embargo, el título (‘Mito del mañana’) es un símbolo positivo: a pesar de los peores males, el ser humano será capaz de seguir adelante.

 
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Para hacer el calavera a lo 'Lost in translation'

¿Quién no recuerda la película de Sofia Coppola al hablar de Tokio? Bob Harris, de profesión actor en decadencia, y Charlotte, una joven casada con un fotógrafo de moda, coinciden en la ciudad y en su soledad: el encuentro y el desencuentro está asegurado. La historia es bella, dulce, esperanzadora: de las que dejan una lágrima a medio caer en la mejilla y media sonrisa en el rostro. Sin embargo, a la crítica japonesa no les gustó demasiado la imagen que daba de la sociedad nipona. 

 

Es de noche cuando los dos protagonistas se aproximan —tal vez porque la noche es siempre para los solitarios—. Uno de los lugares a los que van es el Karaokekan de Shibuya. Las  salas 601 y 602 son las más demandadas porque son las que aparecen en la escena en la que Bob (Bill Murray) y Charlotte (Scarlett Johansson) cantan con el grupo de amigos japoneses. Para calentar las cuerdas vocales, tal vez convenga pasar por el Good Beer Faucets, donde se puede dar un repaso al panorama de cerveza artesanal de Tokio. 

 

Shibuya trasnocha de lo lindo. No es extraño ver a personas aún con ropa de oficina en mayor o menor estado de ebriedad a partir de ciertas horas. De hecho, se popularizó una cuenta de Instagram: en Shibuyameltdown aparecen escenas entre lo hilarante y lisérgico. Muchas de esas personas vienen del Nonbei Yokocho, 'el callejón de los borrachos', junto a la estación, donde hay bares minúsculos, en los que en muchos casos, apenas hay tres taburetes. Eso sí, tienen todo lo necesario para ser un bar: música, sake, cerveza o whisky, ambiente y un barman que probablemente no sepa inglés. 


Aunque para ser más fieles al plan Lost in Translation, lo mejor será pasarse por el Zubar, uno de los espacios de la escena más underground y divertida de Tokio. Es pequeño, pero cabe todo un mundo de música electrónica y locura creativa que no dejará indiferente a los más valientes.

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Shibuya a lo tokiota

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