Del 7 al 1

La sierra de Tramuntana, la otra cara de Mallorca

De menos a más, estas son las pistas imprescindibles para sacarle el máximo jugo a la mayor de las Baleares.

La sierra de Tramuntana se extiende a lo largo de la costa noreste como si fuera la columna vertebral de Mallorca. Desde Andratx a Formentor, se abre todo un paisaje que resiste los envistes del turismo de masas igual que lo hace al viento cuyo nombre la ha bautizado. Tal vez sea así porque llevan siglos manteniendo un delicado equilibrio entre lo que es la naturaleza y lo que es el impacto humano. Precisamente, ese buen hacer es el que llevó a la Unesco a declarar la sierra de Tramuntana como Patrimonio de la Humanidad en su categoría de Paisaje Cultural. 

 

Esta es la zona de la isla que atrajo a los primeros viajeros: el archiduque Luis Salvador de Austria, Sissi Emperatriz, George Sand y Frédéric Chopin se fijaron en los paisajes románticos, en los miradores sobre el mar, en las caprichosas formas que el viento daba a los troncos de los olivos, en los pueblos de piedra y teja, en los vastos campos de naranjos y limones y en el roce rústico pero sincero de sus habitantes, ellos mismos, isleños en una isla mayor. Así es hoy esa otra Mallorca que conserva el ADN más auténtico de las Islas Baleares. 

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Valldemossa. En el #7: un invierno malo lo tiene cualquiera

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En el #7: un mal invierno lo tiene cualquiera

George Sand y su amante Frédéric Chopin llegaron a Mallorca en noviembre de 1838. Se alojaron en la cartuja de Valldemossa y como era de esperar la pareja no acabó de encajar muy bien entre los habitantes de entonces, para nada acostumbrados a las prácticas ‘modernas’ de la pareja. Luego ella se vengó con el libro Un invierno en Mallorca, en el que los lugareños salían peor parados que el paisaje descrito, pero aquello se convirtió en un bestseller que atrajo a muchos otros viajeros. Hoy las calles empedradas y las casas de cuidada estética están en mejor disposición de recibir a los visitantes. Por supuesto, se puede visitar la cartuja, en la que se hospedaron gracias a la familia Sureda grandes como Rubén Darío, Santiago Rusiñol o un jovencísimo Borges. Lo mejor es su claustro y el jardín de cipreses. Hay cierta polémica —con sentencia judicial de por medio— con el piano y la celda donde se alojaron Chopin y George Sand, pero se trata más bien de captar las sensaciones del lugar. De eso, y de comerse una deliciosa coca de patata en Ca’n Molinas con su correspondiente horchata de almendra.

Fornalutx. En el #6: Pueblos a cual más bonito

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En el #6: Pueblos a cual más bonito

No es una exageración decir que los pueblos más bonitos de Mallorca están en la sierra de Tramuntana. Ahí está el bohemio Deià, el lugar que escogió Robert Graves para decir adiós a toda una vida anterior y vivir en consonancia con la magia y la naturaleza de Mallorca. El escritor británico, cuya tumba es visita imprescindible en el bello cementerio del pueblo, fue algo así como el primer hippie de la isla y atrajo a muchos otros artistas, poetas y demás bohemios en chancletas. Hay otros muchos pueblos en los que dejarse llevar por la lentitud y la calma. Estellencs, Fornalutx, con fama de ser uno de los pueblos más bellos de España, o Pollença, con sus 365 peldaños para subir al Calvario, son auténticas bases para disfrutar de lo mejor del agroturismo y de la gastronomía mallorquina.

Son Marroig. En el #5: De visita a casa del archiduque

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En el #5: De visita a casa del archiduque

El primer ‘influencer’ de Mallorca fue el archiduque Luis Salvador de Austria, a quien hay que perdonar algunos deslices y una vida completamente disoluta porque, al menos, se convirtió en algo así como el mecenas de todos aquellos lugares de los que se enamoró (y en los que se enamoró) a lo largo de su vida. En especial, uno de esos lugares fue la sierra de Tramuntana, hasta el punto de comprar la finca de Son Marroig para vivir en ella. Allí construyó un precioso mirador sobre el mar, con vistas a Sa Foradada, que aún se puede visitar. Muchos años después, pasó por aquí Julio Cortázar y utilizó el lugar para escribir un relato, el único de los suyos localizado geográficamente en España. La importancia no podía ser menor para él: allí Julio Verne le murmuró al oído tras lograr disfrutar de un mágico atardecer en el que el sol desprendió un último rayo verde antes de desaparecer (o eso le pareció a él).

Carretera-de-mallorca. En el #4: Cuando la carretera es el destino

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En el #4: ¡Cuidado que vienen curvas!

La carretera MA-2141 es un gigantesco Scalextric que hace la delicias tanto de los aficionados al volante como de los ciclistas. Esta virguería de ingeniería fue obra del ingeniero Antonio Paretti que en 1932 se dispuso a conectar una de las zonas más inaccesibles de Mallorca. Para ello no dudó en recurrir a todas las curvas que necesitó, de derechas y de izquierdas hasta dar con la madre de todas las curvas, la Nus de Sa Corbata (el nudo de Corbata) que logra trazar un giro completo de 360 grados. En este punto, la mayoría de viajeros se detienen en el mirador para comprobar la perspectiva sinuosa de la carretera. Esa es la gracia. El ingeniero le cogió gusto a esto de diseñar carreteras imposibles y se encargó también de construir la que conduce hasta el cabo de Formentor.

Torrent-de-pais. En el #3: la anti-playa

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En el #3: la anti-playa

Y después de tanta curva, se llega a Sa Calobra y se cree que se ha llegado al destino. En frente, una escénica cala de guijarros y agua turquesa, pero no, lo interesante está un poco más allá. Se llega al Torrent de Pareis después de caminar por un paseo que se interna en la roca, para finalmente, desembocar como si se tratara de un parque de atracciones, en una de las playas más bellas de Islas BalearesHay que olvidarse de todo lo visto con anterioridad. El encuadre desde el interior es prodigioso: la breve playa de guijarros se abre al azul del mediterráneo como si se trata de una ventana encajonada entre los cortados verticales de la sierra de Tramuntana. Sin embargo, a quienes lleguen en excursión en barco les aguarda una visión aún más espectacular; de repente, la ruptura de la maciza sierra, como si se llegara a una playa imaginada por Julio Verne.

 
soller. En el #2: La capital de la Sierra de Tramuntana

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En el #2: La capital de la Sierra de Tramuntana

Situado en el centro, Sóller viene a ser algo así a la capital de la sierra de Tramuntana. El aislamiento histórico con respecto al resto de la isla hizo que desde el puerto partieran barcos a comerciar antes con Francia que con Palma de Mallorca o cualquier otro punto de la costa española. Desde entonces aún se puede distinguir cierto acento afrancesado por las calles. Lo cierto es que les fue tan bien que de seguida los más acaudalados quisieron adoptar el estilo arquitectónico del momento: así luce espectacular la fachada modernista de la iglesia de San Bartolomeu, el Ayuntamiento o Can Prunera, hoy museo dedicado al Modernismo. Eso sí, a la que pudieron se construyeron un tren que los conectó con Palma de Mallorca, y hoy ya hace más de 100 años que sigue en marcha con la misma maquinaria. En la estación del tren aguarda un secreto: un espacio con cuadros de Joan Miró, hijo adoptivo de la localidad. No le va a la zaga el nostálgico tranvía que une el centro con el Port de Sóller, a cuatro kilómetros, un espectáculo en sí mismo.

cap-de-formentor. En el #1: El Turismo más extremo

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En el #1: Un faro marca siempre el camino

Toda ruta tiene un final, y la que sigue a lo largo de la sierra de Tramuntana lo tiene en el cabo de Formentor, el entrante de tierra más septentrional de la isla de Mallorca. El cabo se asemeja a la proa de un gigantesco barco de piedra en el que chocan los vientos y las olas del Mediterráneo como un perfecto fin de fiesta. La carretera que lleva desde Alcúdia hasta el faro de Formentor no tiene desperdicio: curvas y paisajes rocosos por los que solo se ven algunas cabras salvajes, atraen a ciclistas de todo el mundo que quieren medir sus fuerzas. Tras las últimas pendientes, aguarda uno de los faros más míticos de Mallorca. Basta ver el lugar donde se levanta para comprender el esfuerzo faraónico que se llevó a cabo. Cinco años de puro músculo para al finalizarlo en 1863, y desde entonces, luciendo. Muy cerca está la playa de Formentor, la playa familiar más salvaje de Mallorca y junto a ella, el hotel en el que Camilo José Cela comenzó a celebrar los encuentros literarios que trajeron hasta aquí a las mejores plumas de la literatura moderna.

Valldemossa

La sierra de Tramuntana, la otra cara de Mallorca

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