Ciudad boutique

La Valeta bien lo vale

La capital de Malta ha recuperado el brillo, el encanto y el pasado para convertirse en una metrópolis sexy.

Ser la capital de un país no es garantía de nada en términos turísticos. De hecho, hasta hace unos años, La Valeta no era más que un plan aftersun con cierta gracia por su esplendoroso pasado y su luz mediterránea. Pero poco más. Y sin embargo, la urbe capitalina más pequeña de la Unión Europea (no supera los 6.000 habitantes) se ha espabilado, se ha vestido de largo y se ha puesto tan guapa que ahora es imposible resistirse a sus encantos.

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Por su nueva entrada

Antes de llevar a un equívoco conviene aclarar que los portentosos muros de piedra dorada llevan ahí prácticamente desde que se fundara la ciudad en el siglo XVI. De hecho, el objetivo de su construcción fue el de crear una urbe poderosa e inexpugnable que mostrara el poder militar de las órdenes religiosas que aquí se asentaron tras perder Tierra Santa y Chipre por el avance otomano. Y funcionó. Tanto, que hasta la II Guerra Mundial no fue devastada en lo que supuso el principio del fin de su estatus de colonia. Desde su independencia en 1964, Malta fue poco a poco recuperando la gloria y, en cierto modo, lo fue representando mediante obras públicas como la ostentosa fuente del Tritón. Este es el acceso principal a La Valeta para todo aquel que usa transporte público. Recientemente esta enorme puerta ha sido renovada hasta recuperar el tamaño original tanto de la grieta en el muro como del puente que lo cruza. Un ejercicio de arquitectura contemporánea sencilla, obra de Renzo Piano quien, además, adecentó el foso para transformarlo en un precioso jardín que ha hecho olvidar al parking polvoriento que antes ocupaba este espacio. 

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Por su inspirador flamante parlamento

Nada más atravesar las titánicas defensas aparece el nuevo parlamento, también obra de Renzo Piano, que simboliza el esfuerzo de los últimos años de esta ciudad por ser una capital de los pies a la cabeza. Dos acontecimientos impulsaron este proceso: la presidencia rotaroria del consejo de la UE y la capitalidad cultural europea de 2018. Dos momentos claves para todo el país que para su metrópolis supuso un chute de energía y una buena dosis de orgullo para reivindicar su estatus de Patrimonio Mundial de la Unesco. 

Foto: The Coleridge

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Por el triunfo de lo boutique

Todo este empujón político se ha traducido en un 'boom' paralelo: el de los hoteles boutique, establecimientos que se han propuesto recuperar muchos de los palacios que antaño acogían a los maestres de las diferentes órdenes y a otras personalidades para trasformarlos en hoteles de lujo. Uno de los más brillantes es The Coleridge, que presume de ser el hotelito más pequeño de la capital más pequeña de Europa. Un chascarrillo que responde más al número de habitaciones (6) que al tamaño de estas, ya que todas son suites decoradas de forma clásica pero sin resultar aburrida. Otro ejemplo es Domus Zamittello, un delirio barroco lleno de luz mediterránea que cuenta con una de las terrazas más deseadas de la ciudad. 

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Por su renacer gastronómico

Por mucho que La Valeta conserve muchos recuerdos de su pasado británico (como las cabinas telefónicas o su co-idioma oficial), siempre ha estado influcenciada por la comida italiana. De hecho, casi hay más restaurantes transalpinos que de cualquier otra cocina en la ciudad, aunque este dato se está revirtiendo poco a poco. Restaurantes clásicos como Caffe Cordina y más modernos como el gastro mercado Is-Suq Tal-Belt son adalides de este renacimiento con platos como el conejo con verduras, la Bigilla o el Pastizzi. 

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Por sus miradores

Siempre han estado ahí, pero con este lavado de cara ahora están más resplandecientes. Son los balcones de la ciudad, los lugares donde asomarse para descubrir que La Valeta es una península civilizada y preciosa. ¿El inevitable? Los jardines de Barrakka desde donde se ven las tres ciudades y se sigue lanzando cañonazos en honor a los militares que defendieron esta plaza durante siglos. ¿El secreto? Los jardines Hastings, que sirven tanto para una cita adolescente como para vislumbrar, desde su aparcamiento anexo, la imponente estampa de la ribera norte de la urbe. 

 

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Por sus antiguos maestres

El legado de las ocho grandes órdenes que aquí se instalaron en el siglo XVI es muy notable y disfrutable. De hecho, el palacio del Gran Maestre es el palacio por antonomasia de la ciudad y, además de ser sede gubernamental, alberga el museo de la armería nacional. Otros de estos vestigios que sorprenden a los viajeros es el espacio creativo en el que se ha convertido el viejo Sant James Cavalier o el vetusto hospital de los caballeros italianos, hoy tomado por los cuadros del MUZA. 

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Por su inverosímil concatedral

Por muchos templos y delirios arquitectónicos que se hayan visitado, el impacto de la concatedral de San Juan en cualquier retina es brutal. Al fin y al cabo, se trata de lugar donde cada orden militar demostraba su poderío y enterraba a sus maestres, de ahí que no haya un rinconcito sin arte ni decoración. Más allá de esta primera impresión en la que el horror vacui lo es todo, merece la pena visitar este espacio por el impresionante cuadro de Caravaggio La decapitación de San Juan Bautista, un óleo que conmociona por sus dimensiones, sus claroscuros y su fuerza y que en esta ubicación está en su salsa. 

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Por su recuperada calle Estrecha

Instagram por un lado, y los malteses por el otro, han recuperado la que otrora fuera el eje del barrio rojo de La Valeta. ¿Cómo? Pues a base de música en directo en bares como Carcass, StrEat o el Loop Bar y de restaurantes modernos y desenfadados como Trabuxu Wine Bar o Tico-Tico. 

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...y por la nueva calle de moda

Santa Lucía es a las mañanas cuquis lo que la calle Estrecha lo es a las veladas infinitas. Es decir, una vía empinada e improbable donde abundan las cafeterías con terraza y las tiendas de jóvenes inquietos. Una arteria efervescente que conviene no perder de vista, aunque sea mientras se redesayuna en el In.Fame o en el San Paolo. 

Por sus miradores

La Valeta bien lo vale

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