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Siete razones por las que Vancouver merece una visita

Una ciudad que está entre el mar y la montaña, entre lo futurista y lo aborigen, entre el picnic y el arte contemporáneo.

Vancouver es una ciudad cosmopolita en la costa oeste de Canadá, que goza de una situación privilegiada entre el Pacífico y las Montañas Rocosas. Es un destino para disfrutarlo en cualquier época del año incluso para aquellos frioleros que temen el invierno canadiense. De hecho, a Vancouver la llaman el "Caribe” de Canadá por sus temperaturas suaves. Muchos viajeros visitan esta urbe como lugar de paso ya que es la puerta de entrada de los parques nacionales de las Rocosas así como el punto de partida de cruceros hacia Alaska. Pero Vancouver es un destino en sí mismo con montones de cosas que hacer. En definitiva, una ciudad que combina su modernidad con el arte nativo de los indios del noroeste de América a través de sus tótems y murales, algo que muestra con orgullo y que la convierte en una urbe acogedora, tolerante y sensible con la naturaleza. Y estos son, de menos a más, sus imprescindibles. 

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iStock-155150317. En el #7: Vivir una aventura en Whistler

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En el #7: Vivir una aventura en Whistler

A menos de dos horas en coche dirección norte desde Vancouver se encuentra Whistler, una de las estaciones de esquí más importantes de Canadá. Se llega por una carretera que lleva el sugerente nombre de Sea Sky Highway (autopista del mar al cielo), que ya indica que su recorrido es igual de espectacular que el destino. Esta carretera bordea el fiordo Howe Sound con algunos miradores y una de las paradas obligatorias es el Parque Shannon Falls, en que su principal atracción son sus impresionantes cascadas de más de 300 metros. A pocos kilómetros sorprende una gran roca de granito llamada Stawamus Chiefs que es sagrada para los indios de Squamish, un pueblo famoso también por ser centro de escalada. A unos 40 km se llega a Whistler, un coqueto resort alpino repleto de hoteles, tiendas y restaurantes, pero su belleza está en su entorno, a los pies de dos grandes montañas: Whistler (2.181m) y Blackcomb (2.436 m). Lo mejor es subirse al funicular Peak 2 Peak (de montaña a montaña) que las conecta. Es un paseo espectacular de 10 minutos en que algunas cabinas tienen suelo de cristal para no perderse ningún detalle. Eso sí, mejor estar atento porque no es nada raro observar algún oso por el bosque.

iStock-527117997. En el #6: Escaparse a Victoria

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En el #6: Escaparse a Victoria

La ciudad de Victoria, a hora y media en ferry, se ubica en Vancouver Island y es la capital de la provincia Bristish Columbia. Su nombre se debe a la reina Victoria y sorprende por ser elegante con aires muy británicos. Eso sí, de repente en cualquier rincón puede aparecer un tótem que revela el pasado nativo de esta isla. La zona más popular es su puerto, la Inner Harbour, flanqueado por dos de los edificios más fotografiados: el Parlamento, un imponente edificio gubernamental de estilo neoclásico victoriano, y el histórico hotel Fairmont Empress, que presume de servir el afternoon tea desde 1908. A solo una calle del Parlamento, se halla el Royal BC Museum que es ideal para conocer las culturas aborígenes y la historia natural de este lugar. Si se dispone de más tiempo, conviene visitar los Butchard Gardens, un paraíso de flores y árboles de 22 hectáreas y el castillo Craigdarroch, otro edificio emblemático.

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En el #5: Perderse en Chinatown

Una ciudad que recibe el apodo de “Hongcouver” o “Vankong” merece una vista a su Chinatown. Quizá lo que más sorprenda al viajero al pisar esta urbe por primera vez es la gran cantidad de asiáticos en todas partes, no solo en este barrio. Eso sí, no es tan espectacular como en otras ciudades porque no está especialmente cuidado. Sin embargo, la visita la Jardín Dr. Sun Yat-sen merece mucho la pena. Un edén exótico con pequeñas pagodas, estanques y pasarelas de ambiente casi místico. En este mismo recinto pero desde otro acceso se halla el Museo de la Cultura China donde reúne arte chino y cuenta la historia de los inmigrantes asiáticos. Conviene también visitar la Puerta de Entrada o Millenium Gate en Pender St., la calle principal de Chinatown. A los que gusten de edificios singulares no deben perderse el Sam Kee Building, en la misma calle Pender, que tiene el record Guinnes por ser el edificio de oficinas más estrecho del mundo.

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En el #4: Ir de museos

A Vancouver no le faltan museos y para todos los gustos. Uno de los más representativos es el Museo de Antropología ubicado en el recinto de la Universidad del Biritish Columbia (UBC), queda algo lejos del centro pero se llega fácilmente en transporte público. Este museo alberga piezas del arte nativo de la costa oeste canadiense en que destacan los tótems. El Gran Hall, una galería de cristal repleta de estas estructuras de madera es impresionante pero otras piezas como las canoas o cerámica resultan también muy interesantes. Otro imperdible es el Vancouver Art Gallery, un museo que muestra una magnífica colección de arte canadiense en la que sobresale la artista más icónica, Emily Carr. Sus obras se inspiran en el arte de los indígenas dándole un toque contemporáneo. El Science World, un museo interactivo de ciencia, tecnología y de historia natural para todos los públicos, coronado por una gran bola de golf plateada (cúpula geodésica) que es un emblema de Vancouver.

iStock-183415391. En el #3: Cruzar el puente de Capilano

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En el #3: Cruzar el puente de Capilano

Una buena manera de disfrutar de la naturaleza sin hacer trekking, de forma ecológica y divertida, es visitando el parque Capilano Supension Bridge, el gran reclamo verde de Vancouver. Este vertiginoso puente colgante de 137 metros de longitud y elevado a 70 metros de altura sobre el río Capilano ya existía desde 1889. Un ingeniero escocés compró los terrenos del otro lado del río y construyó un primitivo puente a base de cuerdas de cáñamo y tablas de cedro. El actual, por suerte, se compone de materiales más resistentes y es muy seguro. Si en este puente uno se siente como un pájaro, en los Treetops la sensación es la de una ardilla. Se trata de un conjunto de ocho puentes colgantes unido a árboles centenarios a una altura de unos 30 metros con unas impresionantes vistas al bosque y se diseñó sin dañar ningún árbol y respetando la fauna. Por supuesto, no pueden faltar los tótems, seña de identidad de esta zona, y un centro cultural sobre los indios First Nations, las primeras tribus que habitaron esta zona antes de la llegada de los europeos.

iStock-915402614. En el #2: Desconectar en Stanley Park

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En el #2: Desconectar en Stanley Park

Posiblemente se trate del parque urbano más espectacular del mundo. No solo por su gran extensión (404 hectáreas) sino también por su privilegiada situación. Un oasis rodeado de mar, lagos y bosques que hace olvidar que uno está en una gran urbe. La mejor manera de descubrirlo es alquilando una bici y recorrer el famoso Seawell, un bonito paseo de 22 km en que buena parte rodea la orilla del mar. Una de sus paradas obligatorias es el Brockton Point, el enclave más popular y fotografiado de Vancouver. Se trata de nueve tótems magníficos que asoman al mar, tallados por artistas de tribus de la costa noroeste acompañados por un centro de información con datos de cada uno de ellos. Si se viaja en familia, el tren miniatura es una buena alternativa ya que recorre el bosque de cedros y abetos, el Lost Lagoon, y las playas Second y Third. Otras atracciones son el acuario y miradores, además de zonas de picnic o restaurantes.

iStock-612004360. En el #1: Descubrir en Downtown

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En el #1: Descubrir en Downtown

Downtown es el corazón de Vancouver, una cuadrícula urbana de edificios acristalados con cierta estética futurista que contrasta con el resto de barrios residenciales. Los dos iconos de este distrito son el Canada Place, un original edificio en forma de velas en el puerto, y el Vancouver Lookout, una torre mirador de 169 metros que permite disfrutar de una panorámica de 360 grados. Además, confirma que Vancouver está encajado en medio de una naturaleza extraordinaria, entre el Pacífico y las Rocosas. Las principales calles a recorrer son el Granville Street, que va de norte a sur, y el Robson Street, de este a oeste. Esta última es el eje comercial donde se concentran las principales marcas internacionales. De camino hacia Gasstown, el barrio más antiguo de la ciudad, conviene detenerse en la biblioteca pública en Horner Street con su curiosa estructura en que imita al Coliseo de Roma. Gasstown es un barrio de ambiente tranquilo de calles adoquinadas y casas victorianas de ladrillo que transporta al viajero al siglo XIX. Su principal atracción es un reloj de vapor que silba cada 15 minutos.

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