7 al 1 (y a la boloñesa)

Bolonia en siete preciosas razones

Una ciudad que se descubre mejor siguiendo estas pistas ordenadas de menos a más imprescindibles.

La dotta, la grassa e la rossa, o sea la culta, la gorda y la roja son los tres apodos con los que se conoce a Bolonia. Es «culta» por albergar la universidad más antigua de Europa, la Alma Mater Studiorum, que desde 1088 acunó a los mejores ingenios de la cultura, entre ellos a Dante Alighieri (1265-1321); sus aulas ocupaban el Palacio del Archiginnasio, hoy Biblioteca Municipal. Es «gorda» por su reputación gastronómica con platos y productos locales, entre ellos su famosa mortadela o los tagliatelle al ragú (pasta fresca con salsa de tomate y carne). Y es «roja» por el color de los ladrillos y las tejas de sus principales edificios y puede que por su pasado político.
 
En cualquier caso, la capital de la región Emilia-Romagna se presenta como una sinfonía monumental de pórticos, plazoletas y palacios, una de las ciudades históricas mejor conservadas de Italia y dueña de uno de los cascos antiguos medievales mayores de Europa. Los boloñeses tienen fama, además, de haber inventado el movimiento Slow Food, que recomienda disfrutar de la comida sin prisas y con productos de proximidad, como los que se encuentran en el renovado Mercado del Erbe. Así, junto a sus cafés y restaurantes, Bolonia se presenta como una ciudad idónea para pasear durante todo el año, sobre todo porque cuenta con 40 km de soportales que permiten recorrer el centro incluso en los días de lluvia. Todo junto hace que se halle entre las mejores ciudades italianas para vivir y, por lo tanto, también para descubrir. 
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iStock-177543129. En el #7: Descubrir sus colinas

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En el #7: Descubrir sus colinas

La oficina de turismo de Bolonia propone recorridos en bicicleta o en una típica Vespa italiana por las verdes colinas que rodean la ciudad y que permiten admirarla desde perspectivas inesperadas. En la cima del Colle della Guardia se puede realizar una parada para visitar el hermoso Santuario de Nuestra Señora de San Luca.

 

 

En el #6: Museos con mucho MAMbo

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En el #6: Museos con mucho MAMbo

Medio centenar de museos y galerías de arte animan la vida cultural de Bolonia. El Museo Arqueológico muestra hallazgos de su fundación recuperados en la región. En el Museo Cívico Medieval se explica la historia antigua de Bolonia. También destaca la Pinacoteca Nacional, inaugurada en 1802, en la que se pueden admirar obras clásicas; especialmente relevante es su colección de pintura de los Carracci, una familia de artistas boloñeses del Renacimiento. Por último, el Museo de Arte Moderno-MAMbo acoge la oferta más vanguardista que se muestra en la ciudad.

También merece la pena descurbrir el Centro Salaborsa, un edificio modernista del siglo XIX, que fue creado para acoger la Bolsa de Bolonia, y que ha sido transformado en un centro de cultura y ocio. En su interior, bajo un pavimento de cristal, se puede ver una red de galerías subterráneas que descubren vestigios de la Bolonia etrusca y romana. Los primeros la llamaban Felsina, y más tarde fue la Bononia para los romanos. El edificio cuenta con una balconada donde se alinean galerías de arte con cafés, tiendas, una librería y salas de exposiciones.

iStock-468880578. En el #5: Recorrer de arriba abajo la Via dell'Independenza

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En el #5: Recorrer de arriba abajo la Via dell'Independenza

Se trata de la arteria comercial más antigua de Bolonia, como atestiguan los frescos que adornan sus pórticos en los que se puede leer la inscripción «panis vita, cannabis protectio, vinum laetitia» (el pan es la vida, el cáñamo la protección y el vino la alegría) y que avisa de las variadas mercaderías con las que se comercializaba antaño. A mitad de esta vía hoy elegante, la hermosa Catedral de San Pietro se impone sobre otros palacios renacentistas del centro.

iStock-522081673. En el #3: Perderse por sus canales y fuentes

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En el #4: Perderse por sus canales y fuentes

Gracias a un subsuelo surcado por arroyos y canales, Bolonia siempre dispuso en sus entrañas de suficientes recursos acuíferos. Su efecto en el exterior fue una ciudad decorada con unas 60 fuentes de agua potable, muchas de ellas monumentales. La más famosa es la que preside la Plaza de Neptuno. Esta fontana central, obra del escultor Giambologna (1529-1608), está coronada por una figura en bronce que representa al mitológico señor de las aguas y símbolo de la ciudad, con nereidas en las cuatro esquinas cabalgando sobre delfines. La húmeda llanura padana sobre la que se asienta Bolonia permitió también que, durante el esplendor comercial del siglo XII, se abrieran canales fluviales para transportar seda y otros productos. La mayoría fueron cubiertos, pero en la Via Piella hay una pequeña ventana, la llamada finestrella, que se asoma al Canalle delle Moline, la Piccola Venezia como lo llaman, que solo aflora en este lugar y luego vuelve a esconderse entre las casas. Encontrar este rincón secreto es uno de los retos a cumplir en Bolonia.

iStock-1197735876. En el #2: Fascinarse en sus basílicas

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En el #3: Basílicas deslumbrantes

La Basílica de San Domenico, donde se dice que se guarda el arca que contiene el cuerpo de santo Domingo de Guzmán, es uno de los tesoros de la ciudad junto con la Basílica de Santo Stefano, esta en realidad un recinto que tenía siete iglesias del siglo IV –hoy quedan 4–, edificado a imitación del Santo Sepulcro de Jerusalén. Este conjunto se abre a la plaza homónima, uno de los rincones más bellos, tranquilos e históricos de Bolonia, dedicado por san Petronio a su ciudad cuando este fue obispo. Sentarse en la plaza al atardecer es algo mágico, con las farolas alumbrando con su luz anaranjada los pórticos que la enmarcan. La Basílica de San Petronio, el patrón de la ciudad, es otra joya artística de Bolonia. El templo, de imponente dimensiones, guarda una sorpresa. El sol del mediodía se filtra por un diminuto agujero abierto en el techo y señala la fecha exacta en un calendario lineal de 66,8 m que hay en el suelo, como en una película de aventuras. Es lo que se conoce como la meridiana de San Petronio, concebida en 1655 por el gran astrónomo Giandomenico Cassini.

iStock-814346692. En el #2: Conquistar sus atalayas

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En el #2: Conquistar sus atalayas

Entre los siglos XII y XIII se elevaban en Bolonia más de cien torres, símbolo en aquellos tiempos del poder económico de las familias que las mandaban construir para competir con sus rivales y a la vez fortificar sus residencias. Hoy «solo» quedan 22. Dos de ellas, la Torre Garisenda (48 m de altura) y la Torre de los Asinelli (97 m), ambas del siglo XV, son conocidas en conjunto como las Torri Pendenti, dos esbeltas atalayas que se atisban desde muchos rincones de Bolonia. Se llega hasta ellas caminando por el pasillo cubierto más largo del mundo (3,5 km) y bajo 666 arcos. La primera, ya mencionada en textos de Dante, quedó reducida e inclinada tras un terremoto. Una manera de comprobarlo es contemplándola desde el mirador de la Torre Asinelli, a la que se sube por casi 500 peldaños de belleza medieval.

iStock-450150121. En el #1: Procrastinar en su Piazza Maggiore

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En el #1: Procrastinar en su Piazza Maggiore

La piazza más artística y monumental de Bolonia es desde hace siglos el centro vital de la ciudad. Requiere una detallada visita. A su alrededor reúne los edificios más bellos y notables. Su flanco oeste está presidido por el Palazzo Comunale (siglo XIV), renacentista, sede del Ayuntamiento desde 1336. Está decorado con una estatua en la entrada de Gregorio XIII, nacido en Bolonia en 1502, al que se debe el calendario que usamos hoy en día. En el interior cuenta con una escalinata atribuida a Donato Bramante (1444-1514) por la que podían subir carruajes hasta el primer piso. Y su visita incluye dos galerías de pintura en la segunda planta. En otro lateral de la plaza se alza el magnífico Archiginnasio, antigua sede de la Universidad y actual biblioteca y archivo histórico, con un bellísimo claustro del XVI; las salas de este palacio albergan una extensa colección de escudos de armas, casi 6.000, pintados entre 1563 y 1796 cuando los franceses ocupaban la ciudad. En la Plaza Maggiore también se halla la Basílica de San Petronio, la iglesia más querida en Bolonia dedicada a su santo patrón y su catedral inacabada; la oficial es San Pietro, del siglo XVI, situada en la cercana Via dell’Indipendenza. Enfrente se encuentra el Palacio del Podestà, con una arcada que esconde un secreto: un efecto acústico que permite escuchar aquello que se susurra en las esquinas donde están las estatuas de los santos Doménico y Petronio. Para completar la visita se puede conectar con la adyacente Piazza de Nettuno, contigua y casi gemela –tanto que a veces se confunden–, también rodeada de palacios renacentistas.

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Bolonia en siete preciosas razones

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