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Un recorrido por los Geoparques de España

Son trece, apuestan por proyectos sostenibles y narran la historia de la Tierra desde hace millones de años.

Los geoparques españoles parecen haber salido del imaginario de Tolkien. Engloban paisajes que, más allá de atrapar al visitante con su magnetismo, trascienden con la historia de sus suelos, formaciones rocosas y paisajes marinos, capaces de contar millones de años de historia. Atesoran entornos como Montserrat y El Hierro, donde uno se pregunta: ¿cómo ha llegado esto a ser así? y entonces, la geología tiene la respuesta. A inicios del XXI, la Red de Geoparques de España surgió para dar valor a territorios geológiamente únicos bajo el paraguas de la Red Europea de Geoparques. Ya a partir de 2006, se empezó a crear esta constelación de geoparques, donde los territorios son valorados por su patrimonio geológico y por su estrategia de desarrollo territorial sostenible. Estos son aquellos que están catalogados por la UNESCO como Geoparque Global. 

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Sierra Subbética desde mirador de Ronda. Parque Natural Sierras Subbéticas

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Parque Natural de las Sierras Subbéticas, Córdoba (2006)

En el corazón de Andalucía, al sur de la provincia de Córdoba, este paisaje kárstico tiene su origen en los antiguos fondos marinos, un proceso que todavía a día de hoy se hace visible en las formas de animales invertebrados de las rocas mesozoicas. Esta historia aflora por la red de senderos que recorren las sierras y en pueblos como Luque, Zuheros o Carcabuey, donde también se respira el legado de su pasado medieval. Sin olvidar Priego de Córdoba, conocida como la capital del Barroco Andaluz. Entre las 32.560 hectáreas del Geoparque que constituyen este mar kárstico moteado por campos de olivos, se alzan un total de ocho municipios donde dejarse sorprender por los mejores aceites de oliva del mundo, una extensa variedad de quesos artesanos y mucha cultura. 

Parque Natural Cabo de Gata-Níjar

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Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, Almería (2006)

Ver el atardecer en la Cala de Corralete, hacer snorkel en la Higuera u observar las formaciones rocosas de la playa del Peñón Blanco -donde el paso del tiempo ha creado una de las postales más míticas del Cabo de Gata-, son algunos de los planes que esperan al visitante en esta localidad almeriense. Como en el peñón, gran parte de estas actividades giran alrededor de fenómenos geológicos que se originaron hace millones de años, presentes en dos grandes unidades fisiológicas: la sierra volcánica del Cabo y la llanura litoral de la Bahía de Almería. Al visitar la primera, uno hace un viaje en el tiempo entre 6 y 15 millones de años atrás, cuando las depresiones de Vera, Tabernas, Sorbas, Níjar y Almería eran todo agua. Con el tiempo, varios accidentes geográficos modificaron el relieve y crearon fenómenos como la Serrata de Níjar. Ya en la llanura litoral, uno viaja hasta el Pleistoceno entre dunas, albuferas y playas fósiles señalizadas como Geositios y dotadas de paneles informativos, miradores, senderos e incluso el primer Centro Geoturístico de Andalucía, La Casa de los Volcanes.

Geoparque de Sobrarbe

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Sobrarbe, Huesca (2006 y 2015)

"Desde el corazón de los Pirineos, el Geoparque de Sobrarbe disfruta de un lugar privilegiado para desvelar los secretos de la formación de esta cadena alpina". Con esta frase se describe Sorbarbe en la misma web de Geoparques de España, haciendo referencia a unos secretos que pasan por su riqueza geológica y su patrimonio ecológico, pero también por su herencia cultural que, gracias a una gestión sostenible, obtuvo ya en 2006 el reconocimiento de la Red Europea de Geoparques y de la Red Global de Geoparques de la UNESCO. Como primer Geoparque de los Pirineos, ha adoptado durante años la función de ventana para comprender la historia de esta región, que no se puede entender sin recursos del medio geológico como agua, minerales, suelos fértiles y un abrupto relieve que ha aislado el territorio y ha preservado hasta la actualidad este patrimonio. Varias rutas y actividades permiten conocer espacios como el río Cinca y los antiguos glaciares de Aínsa, Linás de Broto, Valle del Ara y Valle de Broto.

Sakoneta. Geoparque de la Costa Vasca

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Costa Vasca, Guipúzcoa (2010)

Dominada por el enérgico Cantábrico, la Costa Vasca narra una historia vinculada a la extinción de los dinosaurios a lo largo de 13 kilómetros. Entre sus largas playas y pequeñas calas, el flysch no pasa desapercibido y maravilla al visitante con sus formas caprichosas que, a parte de escenas merecedoras de un óscar, también desvela varios cambios climáticos que ha sufrido la Tierra. La costa se dibuja con tonos azules y pardos visibles desde los numerosos senderos y miradores, mientras que el interior lo hace con una infinidad de tonalidades verdes moteadas por montañas de caliza, cuevas Patrimonio de la Humanidad y riachuelos que brotan y se desvanecen como por arte de magia. Y, entre todo, los caseríos se convierten en la parada perfecta para degustar quesos locales y conocer su patrimonio cultural. Detrás de escenas cinematográficas que han cambiado el devenir turístico de enclaves como Zumaia y San Juan de Gaztelugatxe, se esconde un larguísimo guión que trata sobre la historia de la Tierra.

 

Cerro del Hierro. Parque Natural Sierra Norte

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Sierra Norte de Sevilla (2011)

En la Sierra Norte hay medusas. Están en un gran yacimiento ubicado en Constantina repleto de huellas de diferentes especies, incluso de algunas que no se han hallado en ningún otro lugar del mundo. Este geositio es solo uno de los tesoros que esconde el mayor geoparque de Andalucía, que atesora más de 177.000 hectáreas de riqueza geológica, arqueológica y minera estructurada en varias rutas geoturísticas. Una de ellas transcurre por una vía verde de 19 kilómetros que avanza por la antigua vía ferroviaria, por los restos de la exploración minera del Cerro del Hierro y culmina en la estación de tren Cazalla-Constantina. No sin antes pasar por las cascadas del Huéznar. Cerca de Almadén de la Plata se halla una necrópolis prehistórica, mientras que en el monte Navas-Berrocal habitan águilas imperiales ibéricas y buitres negros. Sus dimensiones hacen de esta sierra un espacio repleto de actividades, entre los que no puede faltar la visita la región de Las Dehesas de Sierra Morena, declarada Reserva de la Biosfera. 

 

 

Geoparque Villuercas Ibores Jara

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Villuercas-Ibores-Jara, Cáceres (2015)

La huella de las fuerzas de la naturaleza se percibe desde lo alto de La Villuerca, desde donde se vislumbra su peculiar orografía dominada por sierras y valles que conforman el corazón extremeño de Guadalupe. Las formas rocosas de este enclave cuentan la historia de hace 580 millones de años con fósiles de los primeros animales con concha externa que en la actualidad trazan el camino de la Explosión Biótica del Cámbrico. También es posible apreciar esta historia desde el Castillo de Cabañas, el Risco Carbonero, el Puerto de Arrebatacapas o el de San Vicente, donde llegan senderos kilométricos que atraviesan los valles. Aquí uno puede detenerse en los castaños de Calabazas, el valle del Ibor, los berrocales de La Jara o el Estrecho de la Peña Amarilla, el Gualija y el Guadarranque. Sin dejar de lado el pasado minero de Logrosán, que ofrece visitas a la Mina de fosforita de La Costanaza, ni el Monumento Natural de la Cueva de Castañar.

 

Montserrat. Geoparque de la Cataluña Central

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Cataluña Central (2015)

Todo esto antes era mar. Esta frase viene como anillo al dedo al corazón geográfico de Cataluña, que cambió radicalmente con el alzamiento de los Pirineos, en un proceso que ha dejado una de las formaciones rocosas más espectaculares que se pueden visitar y que, a parte del paisaje, también definieron la sociedad del territorio. Con Montserrat como imagen principal, este geoparque se extiende por la Comarca del Bages y el municipio de Collbató, donde destacan las Cuevas del Toll y las del Salnitre, los relieves de los antiguos deltas de Montserrat y Sant Llorenç de Munt. Entre varias rutas y actividades se muestran los minerales, rocas y fósiles que se han encontrado en relación a los usos que le ha dado la sociedad. Parte de una estrategia para proteger el patrimonio geológico que va de la mano del desarrollo económico sostenible. 

Sierra de Caldereros. Geoparque Comarca de Molina-Alto Tajo

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Molina y el Alto Tajo, Guadalajara (2015)

Con mucho señorío, la comarca Molina-Alto Tajo entró en la red de Geoparques de España como uno de los más grandes de Europa. Son 4000 kilómetros cuadrados de alto valor biológico y geológico, en el que, además, se erigen 77 núcleos de población. Partiendo de la división administrativa que desde la Edad Media estructura este territorio, se pueden visitar siete zonas, entre las que se encuentra el yacimiento Celtibérico El Ceremeño, la cueva de Los Casares, el castillo de Zafra y el barranco de la Virgen de la Hoz, accesible desde la ruta circular SPG-15. En Señorío de Molina-Alto Tajo también se puede visitar la sierra de Caldereros, famosa por aparecer en Juego de Tronos, y el bosque fósil de la sierra de Aragoncillo, donde los troncos permanecieron gracias a las nubes de ceniza que lo protegieron durante una erupción. 

Playa de Roque de Bonanza. El Hierro Geoparque

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El Hierro, Canarias (2015)

En octubre de 2011 tuvo lugar una erupción submarina en el Mar de Las Calmas que contribuyó a enriquecer todavía más el paisaje submarino de la pequeña de las Canarias. Este reciente acontecimiento es solo la punta del iceberg de los fenómenos geológicos que cuentan la historia de El Hierro, donde se concentra la mayor densidad de volcanes del archipiélago, con más de 500 conos a cielo abierto y otros 300 cubiertos. Varios centros de interpretación explican la historia y las características de una tierra volcánica que también es hogar de bosques de laurisilva y de unas sabinas que se las saben todas para esquivar el feroz viento. Uno puede empezar a recorrer El Hierro por la travesía de La Llanía, en el nordeste de la isla, que va desde húmedos bosques hasta tierras agrestes como las calderas de arena, pasando por el imponente Golfo. Un variado paisaje que muestra que los 278 kilómetros cuadrados de El Hierro son pura geodiversidad que se aprecia, sobretodo, desde miradores como el de la Punta de la Orchilla, donde los griegos situaron el fin del mundo y donde incluso uno parece estarlo frente a la inmensidad del Atlántico.

 

 

Timanfaya. Lanzarote y Archipiélago Chinijo

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La isla de Lanzarote y el archipiélago de Chinijo (2015)

César Manrique, el hijo más célebre de la isla, dibujó una Lanzarote en completa armonía con el entorno, con la que se entiende la estrecha relación que existe entre cultura, turismo y medioambiente. En este marco, los paisajes cobran tanto protagonismo que no se entiende una Lanzarote sin los geositios que la conforman, desde el reconocible Timanfaya hasta acantilados, cuevas, playas, coladas, jameos, calderas e islotes que la convierten en un destino único. Es decir, no se entiende una Lanzarote sin su evolución, y este geoparque muestra los los procesos volcánicos, los erosivos y sedimentarios tanto en la tierra como en el mar. Los 2500 kilómetros cuadrados que lo conforman incluyen el archipiélago de Chinijo, formado por La Graciosa, Montaña Clara, el Roque del Infierno o del Oeste, Alegranza y el Roque del Este. 

 

Cañón del río Ebro. Geoparque Las Loras

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Las Loras, Castilla y León (2017)

En estas tierras a caballo entre Burgos y Palencia, el agua hizo de las suyas dejando caprichos geológicos en forma de cañones, cuevas, cantiles y pozos como los que se encuentran en el Espacio Natural Hoces del Alto Ebro y Rudrón. Una naturaleza kárstica que también ha creado enclaves como el Pozo Azul, del que brota gran parte del agua que riega esta parte del norte de Burgos y donde atrevidos bañistas desafían sus bajas temperaturas. Algunos llegan en coche, otras a pie y otros en bici, como hizo Miguel Delibes en Mi querida bicicleta, donde narra un relato autobiográfico del viaje que hizo en el verano de 1941 entre la santanderina Molledo Portolín y Sedano para ver a su pareja. Precisamente en Sedano se encuentra una de las joyas de la zona: el pórtico románico de San Esteban de Moradillo, que forma parte de una constelación de iglesias, ermitas y monumentos románicos. A escasos kilómetros, en Ayoluengo se puede visitar un campo petrolífero de 1964 junto a su museo, mientras que por todo el territorio abundan las huellas de poblados neolíticos con dólmenes y menhires. Un variopinto paisaje geológico y cultural que aporta sentido interpretativo a todo el conjunto territorial. 

Mont-Rebei. Geoparque Orígens

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Orígens, Lleida (2018)

Los últimos dinosaurios que vivieron en Europa pasearon por las tierras donde hoy se encuentra la provincia de Lleida, en el sur de los Pirineos. Restos de fósiles como huevos, huellas y huesos teletransportan hasta 550 millones de años atrás y permiten comprender los orígenes de la vida y del universo. En el geoparque, varios museos y centros de interpretación como el espacio Epicentre en el Pallars Jussà o el Museu de la Conca Dellà se ocupan de ello. También actúan como campos base para emprender varias georutas temáticas como la que recorre las huellas de los dinosaurios alrededor de Isona o las que se adentran en parajes naturales como la Vall Fosca o el congost de Mont-Rebei. Enclaves de gran belleza que por la noche descubren un cielo reconocido por Starlight. 

 

Montañas do Courel, Galicia (2019)

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Montañas do Courel, Galicia (2019)

El último geoparque en entrar en la lista lo hizo por todo lo alto con una red de senderos que se entremezcla con los caminos que llevan hacia Santiago y que conecta las aldeas de pizarra de Folgoso do Courel, Quiroga y Ribas de Sil. Entre valles, cumbres de 1500 metros de latitud y bosques atlánticos y mediterráneos, como el de castaños, que fue el motor económico de la antigüedad, quienes recorran O Couriel pueden comprobar fácilmente la adaptación humana al medio durante los siglos. Es, precisametne, esta relación, la de los humanos con la geología, el hilo conductor del geoparque, visible en varias rutas y miradores que pasan por vestigios prerromanos y romanos conocidos como castros y por antiguos pueblos formados por casas con techo de paja, las pallozas. También por restos de fauna y flora prehistórica y por pinturas neolíticas, que muestran que caminar por O Couriel es seguir las huellas de todas las culturas que pasaron por sus colinas y bosques. Para adentrarse todavía más en esta historia, uno puede acercarse al museo de geología y paleontología de Quiroga.

 

Cabo de Gata

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