Sin alcohol para los peques

La Rioja con niños... y mucho mosto

Porque en esta región han sabido adaptar sus encantos 'adultos' al público más exigente.

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Foto: Istock

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Emulando a Alan Grant en El Barranco Perdido

Hay un lugar en La Rioja donde los más pequeños se convierten en aprendices de Alan Grant (el paleontólogo fascinado por los velociraptores de Parque Jurásico). Se trata de El Barranco Perdido, un parque temático situado en la localidad de Enciso donde los más pequeños, con cubo y cepillo en mano, van a la caza y captura de icnitas para después averiguar a qué tipo de dinosaurio pertenece. Hace más de 120 millones de años, cuando el Mar de Tethys cubría el Valle del Ebro, estos animales prehistóricos campaban a sus anchas por tierras riojanas y prueba de ello son la gran cantidad de fósiles y huellas que se han encontrado.

Además de ser paleontólogos por unas horas, en El Barranco Perdido los niños disfrutan como enanos –nunca mejor dicho- en su tobogán gigante, en sus tirolinas y parques de cuerdas, y en su divertida piscina cretácica.

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Excursiones por Ezcaray

El periodo vacacional es el momento perfecto para hacer excursiones al aire libre tanto a pie como en bicicleta. Una buena base de operaciones para dar paseos por la naturaleza en familia es Ezcaray, una localidad perfecta para descubrir la sierra de la Demanda. Hay varios senderos muy accesibles para todos los niveles como el camino que sube a la ermita de Santa Bárbara o el paseo que lleva a uno de los espacios más singulares de la comarca, el Acebal de Valgañón, catalogado dentro de las Áreas de Vegetación Singular de La Rioja. Los más pequeños corretean por el pastizal de La Dehesa entre vacas, caballos y ovejas y los padres disfrutan también de un recorrido bucólico que finaliza en la iglesia de Nuestra Señora de Tresfuentes, con muestras del románico del siglo XII.

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La Rioja sobre dos ruedas

Asimismo es muy recomendable dar un paseo en bici, ya sea BTT o eléctrica, por los alrededores de Ezcaray de la mano de Dani Arrea, especializado en actividades de turismo activo, y descubrir algunos senderos como el que recorre el río Oja. La asociación Hoteles Ezcaray, que engloba varios alojamientos de esta población riojana, cuenta con establecimientos especializados en turismo familiar para poder pasar unos días de asueto con la prole.

Foto: Globos Arcoíris

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Subir en globo a lo Samuel Fergusson

A algunos niños les cuesta madrugar pero si saben que es para subir en un globo van a ser ellos quienes despierten a los padres para que se levanten pronto. Los vuelos son al amanecer, cuando la atmósfera está más estable, y es una manera diferente de conocer los diferentes paisajes riojanos desde viñedos hasta campos de trigo pasando por bosques, ríos y pueblos. Los chicos muestran interés desde el primer momento y una de las cosas que más les llama la atención es el inflado del globo. También escuchan embobados las instrucciones de seguridad del piloto y son los primeros que quieren subir a la barquilla para tomar posiciones. Una vez el globo se despega del suelo el silencio reina durante unos minutos (tan solo el ruido del quemador interrumpe estos momentos) ya que la sensación de ascender es muy placentera pero al poco tiempos empiezan a hacer preguntas porque la curiosidad por el funcionamiento del aparato va in crescendo.

Foto: Globos Arcoíris

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Una perspectiva diferente

Algunas empresas como Globos Arcoíris ofrecen algunas actividades complementarias después del vuelo como un almuerzo a la riojana además de la entrega de un diploma acreditativo del bautismo aéreo que acredita que se ha realizado la actividad, y que los más pequeños guardan con esmero para mostrarlo ufanos a sus amigos una vez regresan a casa. Volar en globo es una actividad que es recomendable realizarla a partir de los seis años, aproximadamente, cuando los niños miden más de 1’20”metros (la altura de la borda de la barquilla) y de este modo el niño puede contemplar el paisaje sin aburrirse y sin pronunciar la fatídica expresión ¿Cuánto falta?, tan temida por los padres.

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Viticultores júnior por un día

El vino está ligado a la cultura de La Rioja y por eso debe mostrarse a todos, incluidos los niños. Por este motivo algunas bodegas han pensado algunas actividades para que las familias aprendan cómo se cuidan las vides y cómo se elabora el producto que da nombre a esta Comunidad Autónoma. Los más pequeños se ponen manos a la obra con sus guantes y ayudan a podar, deshojar y hacen experimentos con la fermentación para saber por qué el mosto, el delicioso zumo de uva que les pirra, se convierte en vino. Aunque el momento en el que mejor se lo pasan es durante la vendimia es cuando también pueden ser partícipes del pisado de la uva. Por último, otro lugar muy recomendable para visitar en familia es el Museo Vivanco de la Cultura del Vino donde se imparten varios talleres infantiles vinculados con la viticultura.

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La Rioja con niños... y mucho mosto

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