Poetas, senderos y acantilados

La Riviera Ligur: Cinque Terre... ¡y mucho más!

Famosa por sus cinco pueblos más fotogénicos, esta costa enamora, también, con otros argumentos.

La ruta de Sestri Levante a Lérici ofrece, en solo unas decenas de kilómetros, todos los colores, perfumes y sabores de la Riviera de Levante, la región geográfica que abarca la costa más oriental de la Liguria. Su abrupto y salvaje litoral, muy apreciado desde siempre por artistas e intelectuales, está parcialmente limitado a los coches, por lo que el tren, la bicicleta y las piernas, cuando no una línea de barco, son los medios de transporte de preferencia para completar este pequeño Grand Tour.

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iStock-859226692. El pueblo de las dos bahías

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El pueblo de las dos bahías

La población de Sestri Levante, situada en la punta del golfo del Tigullio, 50 km al sur de Génova, era para los antiguos romanos la isla Segesta Tigulliorum. Con la erosión y el paso del tiempo, los sedimentos del río Gromolo dieron lugar a un istmo y, hoy, este pueblo bello y elegante se asoma a dos ensenadas. La mayor es la Bahía de los Cuentos (Baia delle Favole), así llamada en recuerdo al escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875) que veraneó aquí en 1835. Más pequeña pero de gran impacto visual, sobre todo si se observa desde la empinada carretera dei Cappuccini, es la Bahía del Silencio. En este precioso hemiciclo abierto a un mar de cristal hay un puerto con barcas y casas de tonos pastel al que le sucede la roca rociada de la flor lila del Carpobrotus y las aromáticas plantas de hinojo marino.

iStock-625936356. Mar adentro... y tierra adentro

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Mar adentro... y tierra adentro

Desde Sestri se puede ir en barco hasta el Santuario de Pélagos, el triángulo de mar entre Italia, Francia y Mónaco, que en la tardía primavera y el verano es una ruta de paso del rorcual común, la ballena más grande después de la azul. Desviándonos unos pocos kilómetros hacia el interior, los senderos trepan por los montes hasta el Parque Regional del Aveto (en la imagen), tierra de hayas, castaños y encinas y hogar de una abundante fauna salvaje, desde rebecos a lobos de los Apeninos.

iStock-1181524986. De pueblo en pueblo siguiendo las vías del tren

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De pueblo en pueblo siguiendo las vías del tren

Como el trayecto por la carretera costera Estatal 1 Aurelia, que conecta los pueblos de Riva Trigoso, Moneglia y Deiva Marina siguiendo antiguos túneles del tren, tan estrechos que están regulados con un semáforo que alterna el tráfico en ambos sentidos. La Riviera ligur como destino floreció en los albores del siglo xx, cuando el ferrocarril empezó a traer turistas a este antiguo feudo medieval. Entre Deiva Marina y Levanto los coches dejan la costa, pero la carretera sigue ocupando la vía férrea del siglo xix y se transforma en la ruta ciclopeatonal Maremonti, unos 7 km junto al Mediterráneo, pasando por galerías, playas de roca y acantilados.

iStock-1132792146. La opción soleada

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La opción soleada

Si el tiempo lo permite, otra opción recomendable es el trayecto de 7 km por el sendero panorámico entre Levanto y Monterosso. La ruta sube y baja por un paisaje mediterráneo de ginestas y madroños, encinas y pinos, y deja observar, como escribió el poeta Eugenio Montale, Premio Nobel de Literatura 1975, «il palpitare/lontano di scaglie di mare» («el parpadeo/de las lejanas escamas del oleaje»).

En verano las playas se llenan de sombrillas y las olas de surfistas, mientras que la temporada baja es ideal para sentarse en un banco de cualquier paseo marítimo y contemplar la vista saboreando el típico gattafin ligur, una especie de empanadilla rellena de queso pecorino y plantas silvestres como achicoria, pimpinella, malva y borraja.

iStock-629800182. Y de repente, las cinco maravillas

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Y de repente, las cinco maravillas

Desde el cabo de Punta Mesco –donde se puede visitar la Podere Case Lovara, una granja restaurada con viñedos, olivar y huerta dispuestos en terraza–, la mirada abraza Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore, conocidas como las Cinque Terre. Reinas incuestionables de la Liguria oriental, las cinco villas se asoman al acantilado como muchachas curiosas a un balcón compitiendo por ver cuál destaca más. Desde siempre aisladas –todavía hoy carecen de acceso por carretera, solo por tren–, son el ejemplo de lo que la perseverancia del hombre consigue en una naturaleza tan bella como salvaje: conquistar los acantilados y convertirlos en terrazas de cultivo contenidas por 7000 km lineales de muros de piedra seca. Reconociendo el delicado equilibrio entre el hombre y la naturaleza, la Unesco declaró las Cinque Terre Patrimonio de la Humanidad en 1986.

iStock-1152553702. El sendero definitivo

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El sendero definitivo

El Sendero Azul (12 km), la más clásica excursión por las Cinque Terre, permite conectar las cinco aldeas y bordear los acantilados, entre el azul del mar y el azul del cielo. Después de años de turismo, y algún que otro percance natural, hoy es de pago. El tramo entre Manarola y Riomaggiore se conoce como la «Via dell’amore».

Las calles empinadas y las tabernas junto al mar de estas poblaciones se llenan en verano de visitantes. Fuera de temporada, vuelven a ser silenciosas y solitarias aldeas entre el monte y el mar. Entonces es un lujo meditar sobre la vida sorbiendo un sciacchetrá, vino dulce que lleva en sí la fatiga de cultivar uvas casi sin máquinas, la paciencia de esperar hasta noviembre para vendimiarlas y el esmero de desgranarlas a mano.

iStock-1092739844. La Spezia, la capital

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La Spezia, la capital

La Spezia, capital de la Liguria de Levante, guarda en el nombre su naturaleza de puerto comercial. Se sitúa en el centro de la ensenada homónima, y según Napoleón era «el puerto más bello del universo», algo que interpretó en sentido militar y dio lugar a la construcción del Arsenal. A pesar del desarrollo, la ciudad tiene una vivaz atmósfera ciudadana que se puede apreciar en la Via Prione, el centro histórico peatonal, especialmente concurrido a la hora del aperitivo vespertino.

Cerca de esta vía se halla el paseo marítimo Morín, bordeado de palmeras, que invita a dejar pasar las horas en un ambiente tranquilo, tal vez saboreando una mezzetta (focaccia de harina de garbanzos), el calórico tentempié del obrero.

iStock-1030750832. Los primeros poetas

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Los primeros poetas

Desde La Spezia se abren dos posibilidades: al oeste, hacia Portovenere y la isla Palmaria, y hacia el este, en dirección a Lérici. Ambos destinos son preciosos y renombradas metas del turismo de élite desde antaño. En el lado oriental, en la Villa Magni del pueblo de San Terenzo vivieron en 1822 el poeta romántico inglés Percey B. Shelley y su mujer Mary, autora de la novela Frankenstein. Durante los pocos meses de su estancia –Shelley murió ahogado en el mismo golfo ese verano– escandalizaron a los aldeanos con prácticas entonces extravagantes, como el nudismo y el vegetarianismo. Legendaria fue también la llegada del poeta Lord Byron (1788-1824) quien, tras anunciarse disparando cañonazos desde su goleta Bolivar, cruzó la ensenada a nado. Fallecido Shelley, la viuda se fue a Londres y Byron a su destino de mártir en Grecia. La «bianca casa sul mare», vacía ya, se convirtió en meca de artistas e intelectuales, y el golfo de La Spezia se dio a conocer como el Golfo de los Poetas. 

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