Láncense a las calles

Roberto Bolaño vuelve a Barcelona

Un paseo apócrifo por el barrio del Raval recupera los primeros años del famoso escritor, fallecido prematuramente en 2003.

Roberto Bolaño escribió que la literatura se parecía mucho a una pelea de samuráis que se sabía perdida de antemano. Sin embargo, pese a esa derrota segura, se trataba de salir a pelear. Eso era la literatura para él, pero la definición podría valer para el periodismo o, tal vez, incluso para esta crónica inspirada en una lectura poética en movimiento de la obra del autor.

Quedé con Roberto Bolaño el pasado viernes 6 de noviembre a las seis de la tarde, en el barrio del Raval. Algunas horas antes, Marc Caellas* me envió por Whatsapp un poema de Bruno Montané, uno de los grandes amigos de Roberto Bolaño, a quien éste convirtió en Felipe Müller en Los Detectives Salvajes (1998). El poema se refería a la pobreza, a la soledad y a la escritura, las tres coordenadas vitales que definieron los primeros años de ambos en Cataluña. No obstante a la ciudad pandémica, en el lugar del encuentro había ya un grupo de personas cuidadosas de las medidas sanitarias. Por encima de las mascarillas, se distinguían miradas expectantes.
 
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casa de Bolaño

Foto: José Alejandro Adamuz

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Calle Tallers, 45

Días febriles en Barcelona con la ropa arrugada y los labios partidos

(verso de un poema dedicado a Gustave Moreau, en Diario de vida. Poemas cortos II)

Al número 45, escalera B, de la calle Tallers se accede a través de una especie de pasaje. Allí estaba el pequeño apartamento que ocupó Roberto Bolaño. Traspasando el arco, se alcanza el año 1977. Es el efecto que provoca esta lectura poética en movimiento por el barrio del centro de Barcelona. Aquí es donde comenzó todo y aquí es donde comienza el paseo apócrifo junto al escritor: es un pasillo estrecho, bajo un arco, a la penumbra y con vecinos entrando y saliendo, con los sonidos metálicos de las cocinas, con el ruido de los desagües, de las rutinas, de las conversaciones cotidianas.

En esa época, Roberto Bolaño se encontraba aún bajo el “hechizo mexicano” de los infrarrealistas. De hecho, en Barcelona siguió su relación de amistad con el poeta Bruno Montané. En aquel grupo de amistades, como explicó Antoni García Porta en un texto para la exposición del CCCB del 2013 “Archivo Bolaño 1977-2003”, había gente que “no tenía mucho que ver entre sí salvo no ser nadie”. 

En estos años de Barcelona, Roberto Bolaño siguió escribiendo versos, pero a la vez soñaba con escribir una novela. Trabajaba de vigilante nocturno en el camping Estrella de Mar, en Castelldefels. Fueron años de disciplina frente al escritorio y de precariedad absoluta: “Cada día menos jóvenes, la fortuna con unos, la pobreza con otros”, anotó en uno de sus cuadernos entonces. Y sin embargo, también dejó escrito que era “inmensamente feliz” (y hay que creer en ese adverbio gigantesco). En esos diarios que Bolaño llevó durante los primeros años en Barcelona se percibe que el abismo estaba a un paso. Lo suyo era una apuesta vital.

 
fanzinebolaño

Foto: José Alejandro Adamuz

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Rimbaud, vuelve a casa

Soñé que era un detective viejo y enfermo y que buscaba gente perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y reconocía a Roberto Bolaño.

(Verso de “Un paseo por la literatura”, de su libro Tres, el último de poesía que publicó con vida)

 

En el número 45, Roberto Bolaño y Bruno Montané sacaron la revista -un montón de fotocopias grapadas- Rimbaud, vuelve a casa, hoy una pieza cotizada de bibliófilos. Allí el escritor recibía a sus amigos, “como si fuera la Duquesa de Guermantes o la Madame Verdurin de aquellos famosos y ficticios salones parisinos”, escribió Antoni García Porta. Un saloncito que fue testimonio de conversaciones al calor de un té o un café soluble que el escritor calentaba en un pequeño hornillo, siempre arrastrando el humo de un Ducados sostenido en sus manos. 

Aquel auténtico ejército de poetas marginales se reunía los viernes por la noche en la bodega Fortuny, que hoy es el restaurante Caravelle (Carrer del Pintor Fortuny, 31). Jugaban a la máquina del millón y dice Bruno Muntané que vendían buenos vinos, pero que ellos no tenían dinero para probarlos. Bruno Montané ha inspirado esta ruta apócrifa: “Lo que sepa, te lo contaré, no me lo inventaré, no fabularé…”, se le escucha decir, la voz floja, en un audio, y nosotros le creemos o queremos creerle.

 
Bolaño-raval

Foto: José Alejandro Adamuz

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Cosmogonía creativa de Roberto Bolaño

¿Qué haces en esta ciudad donde eres pobre y desconocido?

Así comienza uno de los poemas de La Universidad Desconocida, título-concepto que recoge toda su poesía -vital y autobiográfica-, creada mientras aprendía desde el desamparo, tal como explica Manuel Vilas en el prólogo a su Poesía reunida.

Los espectadores nos convertimos en flâneurs por Barcelona. Seguimos el itinerario de un auténtico outsider, de alguien que transitaba los abismos: la literatura era una cuestión de vida o muerte. Saliendo a la derecha, está el Café-Bar Cèntric (donde ahora se puede leer en el escaparate un “Volveremos” esperanzador). Es el café que aparece en Los Detectives Salvajes, en la parte de Felipe Müller (Bruno Montané). Cuentan que en este bar el café era mejor pero más caro que en una granja a la vuelta, que ya no existe, por lo que cuando lo tomaban aquí era porque se trataba de circunstancias muy especiales.

Se sigue por la Calle de les Ramelleres, se llega a la Plaça Vicenç Martorell, donde en uno de los dos edificios más altos, en alguno de esos pisos chiquitos, sigue viviendo Bruno Montané; se brinda con mezcal Los Suicidas en el patio de la Escola Labouré… El Raval se convierte en escenario y los paseantes en detectives salvajes. Por cierto, me pareció ver a Ulises Lima sonreír escondido en un portal, o tal vez fuera que la noche, las farolas agónicas o las gafas empañadas por el vaho de la mascarilla me jugaran una mala jugada. Quién sabe, al menos, como dijo Bruno Montané al inicio de la ruta: “Lo que sepa, te lo contaré, no me lo inventaré, no fabularé…”.

Versos que se gritan contra el cielo nocturno de la ciudad:

Soñé que una tarde golpeaban la puerta de mi casa. Estaba nevando. Yo no tenía estufa ni dinero. Creo que hasta la luz me iban a cortar. ¿Y quién estaba al otro lado de la puerta? Enrique Lihn con una botella de vino, un paquete de comida y un cheque de la Universidad Desconocida.

Aparecen en esta deriva por el Raval poetas como Nicanor Parra o Efraín Huerta; se recitan versos en los portales; alguno de los espectadores-paseantes recibe una carta del propio Roberto Bolaño; participan invitados estrella como Pere Ortín, periodista Dadá y director de Altaïr Magazine. Él es el último depositario del Atlas de Sonora, que realizó el antropólogo Julio Montané, padre de Bruno Montané, y que éste a su vez prestó en su día a Roberto Bolaño para escribir el tercer capítulo de Los Detectives Salvajes y partes de 2666. Nunca más se lo devolvió… Su tránsito por Sonora lo hizo mediante la información de este atlas, igual que los paseantes transitan ahora por la cosmografía creativa de Bolaño a través de su bibliografía y de los pocos testimonios vividos que van quedan

paseo roberto bolaño

Foto: José Alejandro Adamuz

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Déjenlo todo, nuevamente. Láncense a los caminos

Soñé que estábamos soñando, habíamos perdido la revolución antes de hacerla y decidía volver a casa (Tres)

Esto no es un free tour. Aunque un año atrás tal vez habría dado pie a confusión. Al contrario, es el anti free tour. En la ruta apócrifa de Roberto Bolaño los paseantes nos apropiamos paso a paso de la calle y de los espacios públicos. El Raval es probablemente la única zona que ha salvado algo de su estética y carácter canalla anterior a la gentrificación del centro de la ciudad. Frente a la problemática de los teatros cerrados, este tipo de obras “no escénicas", realizadas a pie, se revelan casi como un gesto político, una esperanza o, como mínimo, un consuelo: “Son buenos momentos para reivindicar el romanticismo más radical, urbano y callejero”, me explicó días antes Marc Caellas al preguntarle por qué este paseo con Roberto Bolaño.  

Este paseo es tanto para conocedores de la cosmogonía del autor, mito pop ya para siempre, como dijo su buen amigo, el también escritor Juan Villoro, como para quienes quieran aproximarse a aspectos más desconocidos de Roberto Bolaño.

 
paseo con bolaño

Foto: José Alejandro Adamuz

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Razones e información de este paseo

*Marc Caellas y Esteban Feune de Colombi son los responsables de esta evocación literaria por las calles del Barrio del Raval. Estos dos “médiums”, juntos o por separado, son muy conocidos en la escena artística contemporánea. Exitoso ha sido El paseo de Robert Walser, representado durante ocho años y en varios países, y antes de la pandemia, pero que a este cronista le parece que hace ya años, estrenaron Suicide notes, en el barcelonés Antic Teatre.

Esteban Feune de Colombi además es fotógrafo, escritor y poeta -su último libro es Del infinito al bife-. Marc Caellas es un nómada que ha escrito de las ciudades donde ha vivido: Barcelona se convirtió en Carcelona, en 2011; Caracas en Caracaos, en 2015; Bogotá, en Drogotá, en 2017 y ahora Buenos Aires, en NeurosAires, en 2019. Ambos podrían formar parte de la nómina de detectives salvajes que encabezó Arturo Belano (o Roberto Bolaño).

El paseo apócrifo junto a Roberto Bolaño finaliza tras una hora de recorrido frente a la entrada de la librería Lata Peinada, justo antes de llegar al portal -reminiscencia del antiguo convento de Valldonzella que estuvo en el barrio barcelonés- que enmarca a la pequeña calle de la Verge. La librería, especializada en literatura latinoamericana y con nueva sede también en Madrid, es el lugar donde deberán preguntar quienes quieran participar de este paseo junto a Roberto Bolaño. Parece ser que el escritor es un habitual de la misma y ya ha anunciado que, de momento, volverá a la calle puntualmente todos los viernes de noviembre.

casa de Bolaño

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