Tesoros olvidados

Ruta por los monasterios abandonados de Castilla y León

Ocho recintos monacales que, a pesar de mostrarse hoy en ruinas, siguen transmitiendo su antigua belleza y poderío.

Aunque fue en la Hispania del siglo V cuando se menciona por vez primera el vocablo «monasterio» –referido a sencillos habitáculos a la sombra de oratorios o enterramientos de santos venerados–, es durante la Edad Media cuando empezaron a proliferar en la Península Ibérica, tal y como hoy los conocemos. Los cenobios del medievo no solo eran centros de fe. También funcionaban como reductos para la transmisión de la cultura, albergando bibliotecas y scriptoriums monásticos, y cofres donde se protegían reliquias y tesoros artísticos.

En tierras de Castilla y León, los monasterios de entonces tuvieron, además, un papel fundamental en la repoblación llevada a cabo por reyes y condes cristianos tras la Reconquista, con el fin de «marcar territorio» ante los musulmanes. Muchos de aquellos monumentos se preservan intactos o reconstruidos mostrando su esplendor, pero incluso aquellos que han llegado a nuestros días desmembrados en vestigios siguen transmitiendo su legendaria belleza y poderío.

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iStock-1133204338. Monasterio de la Armedilla (Valladolid)

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Monasterio de la Armedilla (Valladolid)

España está llena de historia escrita en muros de ermitas, iglesias o monasterios. El cenobio de Santa María de la Armedilla, hoy situado a menos de 4 km del pueblo de Cogeces del Monte, en la provincia de Valladolid, fue uno de los más poderosos del reino de Castilla. Su origen lo propició el descubrimiento por parte de unos pastores de una talla de la Virgen en una cueva cercana. Se tiene constancia de su existencia en el siglo XV cuando el infante Don Fernando de Antequera donó unos terrenos a la Orden de los Jerónimos. La vida de este monasterio fue muy activa hasta el siglo XIX, acometiendo sucesivos cambios de estructura, altura o extensión. Con la desamortización de Mendizábal, que entre 1835 y 1844 expropió numerosos bienes a la Iglesia, se inicia su decadencia y abandono final. Cuando hoy se recorren sus vestigios, de acceso libre, se reconocen la nave central de la iglesia sin cubrir y con el arranque de los nervios de la bóveda estrellada que la sostenía. También se ven restos del claustro, bodegas y cisternas, un horno y un palomar. Extramuros quedan trazos de la residencia palaciega del siglo XV que erigieron los duques de Alburquerque.

shutterstock 79660894. Monasterio de San Pedro de Arlanza (Burgos

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Monasterio de San Pedro de Arlanza (Burgos)

En las cercanía del río Arlanza se pueden visitar los vestigios de uno de los centros monásticos más legendarios y bellos del antiguo reino de Castilla: San Pedro de Arlanza, hoy en la localidad de Hortigüela. Fundado el año 912 como un eremitorio, en la visita de sus vestigios (el recinto abre de 10 a 17 horas) se pueden apreciar la iglesia erigida el año 1080, hoy en ruinas, que en su origen tenía tres naves y tres ábsides en la cabecera. También se conserva una torre del siglo XII, así como parte del claustro y la sala capitular. El monasterio benedictino burgalés, que en su época de esplendor recibió el apelativo de «cuna de Castilla», estuvo en funcionamiento hasta la desamortización de mediados del siglo XIX. En 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico. Distintas joyas de este monasterio fueron vendidas o cedidas y hoy se exhiben en el Museo Arqueológico Nacional y en el Museo Metropolitano de Nueva York, entre otros centros.

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shutterstock 751872685 (1). Nuestra Señora de los Ángeles (Segovia)

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Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz del Duratón (Segovia)

Coronando una peña que se eleva sobre un meandro del Parque Natural de las Hoces del Duratón se ven las ruinas del convento de Nuestra Señora de los Ángeles, en un emplazamiento de vistas privilegiadas. Con la construcción en 1953 del embalse de Burgomillodo quedó anegada la parte baja de este cañón y se cerraron los accesos al recinto. Fue fundado en el año 1231 por la orden franciscana para venerar en él una imagen de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, y estuvo activo hasta su abandono en 1835. Se sabe que en 1492, una tormenta derribó parte de la iglesia, pero la reina Isabel la Católica encargó su reconstrucción, ya que era ferviente devota de la Virgen de la Hoz. Quedan en pie algunos lienzos de fachadas y arcos, que se amoldaban al peñasco. Declarado Bien de Interés Cultural y hoy localizado en el municipio de Sebúlcor (Segovia), para visitarlo hay que acceder en una barca por el río hasta la base del peñasco que coronan las ruinas. Otra posibilidad es acceder cuando el cauce es bajo y se puede llegar a pie. Sin embargo, hay que tener en cuenta que de enero a julio la zona está restringida por la cría del buitre leonado. A través de la web de la Asociación de Amigos del Convento de la Hoz se organizan visitas comentadas, y además se ofrece un recorrido virtual.

iStock-1041681450. San Juan de Duero

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Monasterio de San Juan de Duero (Soria)

El monasterio de San Juan de Duero o Arcos de San Juan, en la periferia de la capital soriana, forma parte del patrimonio de arquitectura románica que atesora la provincia castellana. Los vestigios de la iglesia y de su claustro se hallan entre los más evocadores de España. El poeta Gustavo Adolfo Bécquer ya dejó muestra de ello cuando situó en él una de sus leyendas: El monte de las ánimas. Cruzando un puente de piedra sobre el Duero se llega al emplazamiento donde se asentó la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Erigido en el siglo XII, fue abandonado seis siglos después. Sus fundadores fueron enriqueciendo el enclave con los conocimientos que traían de lugares lejanos, reformando un pequeño templo románico que existía y levantando un monasterio en honor de san Juan Bautista. Tras años de abandono, en 1882 fue declarado Monumento Nacional y más recientemente se convirtió en la sección medieval del Museo Numantino. Se puede entrar en una parte de la iglesia de belleza sencilla, con un arco central y columnas con capiteles que ostentan relieves. Pero sin duda, lo más significativo del conjunto son las zonas del claustro que quedan en pie; entre los siglos XIII y XV sirvió como lugar de sepultura. Se trata de uno de los ejemplos más originales del románico nacional por la variedad de influencias de su arquitectura, con trazas del románico puro, arcos apuntados de herradura y evidentes señas bizantinas y árabes. Se sabe que estaba cubierto con un techo de madera que se quemó.

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shutterstock 1815118283. Monasterio de Rioseco (Burgos)

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Monasterio de Santa María de Rioseco (Burgos)

Cerca del pueblo de Villarcayo sobreviven las ruinas de Santa María de Rioseco, que fue un próspero y monumental monasterio de la Orden del Císter. Hoy se halla asentado en la comarca de Las Merindades, junto al Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón, de gran encanto paisajístico, y a una treintena de kilómetros de enclaves como Oña y Frías, de enorme atractivo monumental. El cenobio se remonta al siglo XIII, aunque fue entre el XIV y el XVI cuando entre sus muros se vivió su mayor esplendor, como gran impulsor de un renacimiento cultural. En su época de apogeo acogía a un centenar de habitantes, entre los que había monjes oradores y letrados, además de conversos, novicios y criados. También albergaba todo tipo de dependencias, entre las que destacaban la hospedería y un hospital, además de hornos, molinos y una explotación agrícola. El conjunto fue creciendo hasta el siglo XVII cuando se construyó el claustro barroco. Saqueado en el siglo XIX por las tropas francesas durante la guerra de la independencia, luego cayó en el olvido. Las ruinas de la iglesia aún muestran las bóvedas y en el claustro perviven varias arcadas. En 1835 la ley desamortizadora de Mendizábal, que permitía la venta de los bienes monásticos, puso fin a su actividad. En 2019 fue declarado Bien de Interés Cultural con  la categoría de Monumento. El recinto siempre permanece abierto, así que se puede recorrer por libre. En verano se realizan visitas comentas por voluntarios. Por su buen estado de conservación, este conjunto monacal ha sido escenario de filmaciones.

Monasterio de Santa Cruz de Ribas (36839595174). Monasterio de Santa Cruz de Ribas (Palencia)

Ángel M. Felicísimo vía Wikimedia Commons

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Monasterio de Santa Cruz de Ribas (Palencia)

El monasterio de Santa Cruz de Ribas, también llamado de Santa Cruz de la Zarza, es un antiguo cenobio situado en la vega del río Carrión, entre las poblaciones palentinas de Ribas de Campos y Monzón de Campos. Su fundación se remonta a 1176, cuando el rey Alfonso VIII de Castilla llevó a este fértil lugar a monjes de la orden premonstratenses del monasterio de Santa María de Retuerta (hoy en Valladolid). Su final se precipitó por un incendio en 1715 y una devastadora inundación en 1739, preliminares de su desamortización en 1841.​ En 1931, Santa Cruz de Ribas fue declarado Monumento Histórico-Artístico de Interés Nacional y Bien de Interés Cultural (BIC). Entre sus vestigios se admiran partes de la iglesia de tres naves y de la sala capitular, ambas en buen estado a pesar del abandono sufrido y considerados ejemplos de estilo tardorrománico. La torre ha sido restaurada recientemente y hay otras partes en proyecto de reconstrucción. El monasterio se puede visitar en las horas de apertura al público.

shutterstock 1872038551. Santa María de Mareruela

Foto: Shutterstock

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Monasterio de Santa María de Mareruela (Zamora)

Este monasterio fue uno de los enclaves cistercienses más espectaculares, con un imponente recinto de 60 metros de largo y 26 metros de ancho. Se localiza a 50 km de Zamora capital en La Moraña, cerca del paraíso ornitológico de las lagunas de Villafáfila. Con orígenes en el siglo XII, se cree que fue una de las primeras fundaciones del Císter en la Península, y aunque tuvo corta vida, sus vestigios –algunos restaurados– han llegado a nuestros días asombrando antes a figuras como el escritor Miguel de Unamuno, quien describió su admiración en un artículo en prensa tras conocerlo. Con mezcla de estilos románico y gótico, en su visita destacan las ruinas de la iglesia, que debió ser un edificio grandioso como transmiten la cabecera del templo y el tamaño de los pilares de la nave central que tuvo. La sala capitular y la sala de los monjes se mantienen en bastante buen estado. También quedan restos de espacios domésticos, como la cocina y el refectorio, las celdas y la hospedería. Sobrecogen las numerosas marcas dejadas por los canteros grabadas en los muros de piedra. Su esplendor se vivió en el siglo XIII, cuando las propiedades de este monasterio incluían una salinas, molinos, derechos de agua y hasta una explotación minera de la cercana Sierra de la Culebra. La visita a estos vestigios se puede complementar en el Centro de Interpretación del Císter, en el pueblo de Granja de Moreruela que, además de organizar visitas guiadas, muestra en sus salas expositivas paneles, maquetas de la arquitectura cisterciense y hallazgos arqueológicos del monasterio de Santa María de Moreruela.

shutterstock 2210101137. Abadía de San Antón (Castrojeriz)

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Monasterio de San Antón (Burgos)

Los vestigios del monasterio dedicado a san Antonio Abad se localizan en el despoblado pueblo de San Antón, hoy integrado en el municipio de Castrojeriz, distante 2 km de las ruinas. El cenobio primitivo lo fundaron monjes antonianos de la Orden del Císter el año 1146, y más tarde vendrían las dependencias monacales en el siglo XIV. La comunidad de religiosos que lo ocupaba se dedicaba al cuidado de los enfermos que llegaban siguiendo el Camino de Santiago. Los peregrinos entraban en él traspasando el gran arco que aún queda en pie. El recinto llegó a estar bajo la protección real, por lo que pueden verse algunos escudos reales incrustados en la portada de la iglesia y en las claves de las bóvedas. En tiempos medievales tuvo mucha importancia por ser la sede de la Encomienda de la Orden de San Antonio en los distintos reinos de Castilla y Portugal, con una veintena de casas-monasterios-hospitales adscritos. Viejas columnas y muros –el techo hace mucho que cayó– reciben al visitante, dejando entrever historias que pertenecen a un pasado de esplendor. Un gran rosetón pétreo ha plantado cara al paso del tiempo y sigue decorando la fachada, y en el trazado del suelo se deja entrever lo que fue la nave central. En el exterior, las alacenas que se conservan bajo la arcada recuerdan que fueron utilizadas durante años por los monjes para dejar pan y vino a los peregrinos. 

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