Las otras, las de arriba

Doce Rías Altas y muchos atardeceres

Galicia seduce a los visitantes con uno de los tramos de costa más espectaculares del norte peninsular.

Doce rías moldean la costa norte de Galicia y cada zona tiene carácter propio y merece una visita aparte. Este viaje parte de Ribadeo hasta la capital coruñesa, una ruta que puede hacerse en coche o en el ferrocarril de vía estrecha y que gana aún más poderío escénico si se recorre hacia poniente, en busca de cada nuevo atardecer desde playas, estuarios y acantilados que dejarán un recuerdo imborrable.

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iStock-599701058. Ribadeo y su escultural litoral

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Ribadeo y su escultural litoral

Desde Ribadeo y su ría, frontera natural entre Asturias y Galicia, un primer paseo entre casonas de indianos, el viejo puerto y el fuerte de San Damián hasta la isla Pancha y su faro presenta la belleza del litoral de La Mariña lucense. Vale la pena seguir el camino más lento, por las pistas que bordean la costa y cruzan la aldea pesquera de Rinlo, antes de llegar a la famosa playa de As Catedrais, en cuyos acantilados el Cantábrico ha horadado una obra monumental que se aprecia en toda su grandiosidad cuando desciende la marea y, a ser posible, en temporada baja.

iStock-1062083292. Una incursión hasta Modoñedo

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Una incursión hasta Modoñedo

Castros y playas se suceden hasta la ría de Foz, más arenosa y serpenteante que la de Ribadeo. Muy cerca, la basílica de San Martiño de Mondoñedo, tesoro románico del siglo ix, pide un desvío que el viajero haría bien en prolongar hasta Mondoñedo, cuna del escritor Álvaro Cunqueiro y joya del patrimonio histórico de Galicia. Otra incursión tierra adentro reclaman Cervo y Sargadelos, relato vivo de la industria y la cerámica gallega. De vuelta a la costa, recoletas playas flanquean la portuaria Burela, tras la que las vías del FEVE discurren al borde del mar. En la desembocadura del río Covo, San Ciprián, con una playa a levante, otra a poniente, su península y su faro, concentra la esencia de las Rías Altas.

iStock-1030961460. Entrando en A Coruña

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Entrando en A Coruña

El coche se hace necesario para visitar el faro de Punta Roncadoira, ver a los surfistas en la solitaria playa do Esteiro, admirar la iglesia de Xuances o subir al mirador de Monte Faro. En el casco medieval de Viveiro esperan sus tabernas tras la puerta de Carlos V, que despide al viajero cuando cruza el puente de la Misericordia y el estuario. La preciosa playa de Xilloi merece una parada antes de llegar a Vicedo, su playa de Arealonga y los arenales del río Sor, linde de la provincia de Lugo con la hermosa ría de O Barqueiro, en la imagen, el adorable pueblo pesquero que le da nombre y primer municipio coruñés de la ruta.

iStock-177416645. La Estaca de Bares y la inmensidad

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La Estaca de Bares y la inmensidad

El puerto y la villa de Bares anuncian uno de los enclaves más impactantes de la zona, el cabo Estaca de Bares, límite septentrional de la Península Ibérica frente al que se retan el Atlántico y el Cantábrico. En las rocas al pie del faro, uno guarda silencio ante la inmensidad de la naturaleza y el bramido del oleaje, los vientos y las aves marinas.

iStock-502976480. Ortegal y el "banco más bonito del mundo"

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Ortegal y el "banco más bonito del mundo"

Hacia poniente se perfila el cabo Ortegal, adonde lleva una de las etapas más emocionantes del viaje. Asomados a los acantilados de Loiba, sentados en «el banco más bonito del mundo», por pistas y desde miradores como el de Pena Furada, el escenario deja sin palabras. La ría de Ortigueira, villa cuyo malecón y casco viejo conservan su encanto, es ideal para comprender el ecosistema de las rías y la actividad humana en armonía con el medio, como en el estuario del río Baleo y la playa de Morouzos en las ensenadas de Ladrido, o en el molino de mareas de Senra.

Desde la localidad marinera de Cariño se accede por fin a otra de las estampas inolvidables de las Rías Altas, el cabo Ortegal, formado por las rocas de mayor edad geológica de la Península Ibérica. La carretera se tiende sobre el acantilado como cable de funambulista y, al acercarse al faro, el panorama resulta de una belleza conmovedora.

iStock-1033688342. El santuario sagrado

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El santuario sagrado

De nuevo rumbo a poniente, se remonta la sierra de A Capelada a través de pinares donde en otoño abundan las setas. Nos detenemos en el mirador de los Cantís do Cadro y se llega a la garita o Vixía de Herbeira para contemplar el sobrecogedor panorama de unos acantilados a 600 m sobre el océano en los que pastan sin vértigo los caballos salvajes. La carretera desciende sinuosa, pasa por el mirador de O Cruceiro de Teixidelo y desemboca en San Andrés de Teixido, santuario capital en la mitología y la espiritualidad de Galicia.

iStock-1143249582. De ermita en ermita

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De ermita en ermita

Cedeira, su casco viejo y su paseo a orillas del río invitan a subir al mirador de la ermita de Santo Antonio de Corveiro, antes de acercarse a la espléndida playa de Vilarrube. Otras ermitas bajo las que baten las olas, como la de Nosa Señora do Porto; otras playas, como las de Pantín, A Frouxeira y Valdoviño; y otros faros, como los de Candieira y Robaleira, jalonan el camino de maravillas. Pero la ermita de Santa Comba, el faro del cabo Prior y la playa de Doniños, con sus dunas, su laguna interior y su mágico atardecer, se preparan para despedir al viajero a lo grande de las Rías Altas antes de llegar al castillo de San Felipe, a Ferrol o a las pulperías de Mugardos.

iStock-469160577. Las últimas sorpresas

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Las últimas sorpresas

Aún quedan varios hallazgos en el tramo final de esta ruta: Ares y su ría (en la imagen), la villa medieval de Pontedeume y, muy cerca, río arriba, el milagro natural de las Fragas do Eume, con su bosque primigenio y el milenario monasterio de Caaveiro. Al retomar la siguiente ría y bordearla, pasamos por las serenas playas de Perbes, el estuario del río Baxoi en Miño, algún bello rincón del Camino Inglés de Santiago, el formidable casco antiguo de Betanzos, el quiosco modernista de Sada o el pazo de Mariñán, antes de alcanzar la ría de A Coruña y terminar nuestro viaje al pie de la legendaria torre de Hércules, faro romano que, desde hace dos mil años, monta guardia en esta hermosa esquina del mundo.

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Doce Rías Altas y muchos atardeceres

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