Entre pomaradas y prerrománico

La ruta de la sidra por Asturias

Pomaradas, villas marineras, bucólicos paisajes, iglesias prerrománicas y lagares jalonan este recorrido por la Asturias más sidrera.

Los concejos de Bimenes, Cabranes, Colunga, Nava, Sariego y Villaviciosa conforman un espacio natural que vive por y para la bebida más popular de Asturias. Es la Comarca de la Sidra, un rincón del Principado que regala al viajero una de las escapadas más seductoras del norte de España. Y es que, aunque el hilo conductor de este itinerario se teje en los campos de manzanos, en la singularidad de su cultura y en la tradición que pervive en sus centenarios lagares, sus atractivos no acaban aquí. También se cruzan al paso magníficos parajes rurales, pueblos costeros con playas de ensueño, templos en los que se detiene el peregrino, icnitas de dinosaurios y, por supuesto, grandes mesas en las que degustar su apreciada despensa natural.

1 / 10
shutterstock 120619252. Villaviciosa: prensas, palacetes y mucho prerrománico

Foto: Shutterstock

1 / 10

Villaviciosa: prensas, palacetes y mucho prerrománico

La ruta empieza en Villaviciosa, un concejo situado al este de Gijón que nos sumerge en la fisonomía de estas tierras y su conexión con el mundo la sidra. En la Capital de la Manzana se impone callejear por su señorial casco histórico en busca de palacetes y casonas blasonadas, visitar alguno de sus lagares para conocer cómo es el día a día en una bodega, y admirar los templos que se alzan al abrigo del Camino de Santiago. Tesoros como las iglesias románicas de San Juan de Amandi y Santa María de Lugás, o San Salvador de Valdediós, una de las muestras más importantes del arte prerrománico asturiano, conocida popularmente como "El Conventín".

iStock-537848118. Una ría para la biodiversidad... y el surf

Foto: iStock

2 / 10

Una ría para la biodiversidad... y el surf

Del legado jacobeo se pasa al de la naturaleza en la ría de Villaviciosa, uno de los estuarios con mayor biodiversidad de la costa Cantábrica en el que se dan cita los amantes de la ornitología y los deportes acuáticos. En especial del surf, ya que la playa de Rodiles, situada en la margen de esta reserva natural, cuenta con una de las mejores olas izquierdas de Europa.

iStock-1209405709. Como un rey entre sidrerías porteñas

Foto: iStock

3 / 10

Como un rey entre sidrerías porteñas

La carretera que bordea la ría conduce a Tazones, un encantador pueblecito que dibuja una de las postales más emblemáticas del oriente asturiano. Pasear por sus empinadas callejuelas, entre coloridas casas de pescadores, es un excelente aperitivo antes de probar los afamados pescados y mariscos que se cocinan en los restaurantes y sidrerías del puerto, a la vera de una recogida playa que se deja ver cuando baja la marea. La misma que conoció Carlos V cuando desembarcó en España por primera vez.

shutterstock 1321524467. Colunga, una síntesis de Asturias

Foto: Shutterstock

4 / 10

Colunga, una síntesis de Asturias

El recorrido prosigue ahora por el interior hasta llegar a Colunga, el concejo más oriental de la comarca que concentra, en apenas 100 km2, la esencia de Asturias. El Nuberu, señor del orballo y las tormentas, visten de verde sus pomaradas y praderías; los asturcones siguen galopando en las laderas de la majestuosa Sierra del Sueve; y la capital narra su ilustre pasado a través de palacios modernistas, casas de indianos y ermitas que, de nuevo, remiten al Camino.

121084701 10160419900284498 1356332656743102991 o. En busca de los dinosaurios asturianos

Foto: MUJA

5 / 10

En busca de los dinosaurios asturianos

Y luego está el Cantábrico, que custodia la costa de los dinosaurios como ilustra el Museo del Jurásico, parada obligada, más aún si se viaja con niños, que debe extenderse visitando el yacimiento de la playa de La Griega donde se hallan las icnitas de saurópodo más grandes del mundo.

iStock-1030934546. Entre el Cantábrico y el acantilado

Foto: iStock

6 / 10

Entre el Cantábrico y el acantilado

A continuación, espera otro gran escenario de la ruta de la sidra: un caserío blanco y empinado que zigzaguea por la ladera de la montaña hasta besar al mar. Es Lastres, uno los pueblos más bonitos de España que reclama perderse en su entramado de calles empedradas y cuestas que enlazan pintorescos rincones como el barrio de los Balleneros y la Capilla del Buen Suceso, la Torre del Reloj o la iglesia de Santa María de Sábada.

iStock-520292636. Entre el Cantábrico y el acantilado

Foto: iStock

7 / 10

Un mirador para un flechazo definitivo

Mención especial merece el mirador de San Roque desde el que se divisa una conmovedora panorámica que abarca gran parte de las playas y acantilados que flanquean la costa, con las cumbres de los Picos de Europa como telón de fondo. El paseo por Lastres debe concluir en el puerto para palpar el inconfundible carácter marinero de esta joya asturiana y saborear unas fabes con almejas o unas sardinas asadas, regadas, como procede, con sidra bien escanciada.

shutterstock 1303157104. Entre culines y hórreos

Foto: Shutterstock

8 / 10

Entre culines y hórreos

Tras dejar el mar, la ruta sigue por el corazón de esta comarca que late culín a culín. Aquí se encuentra Cabranes, un concejo que huele a manzanas, suena a silencio y sabe a arroz con leche, y que, además, adorna su paisaje de montaña con el románico de San Julián de Viñón y la arquitectura rural de Torazu (en la imagen), una pequeña aldea salpicada de hórreos ideal para desconectar.

shutterstock 1385130440. Pomaradas y hallazgos

Foto: Shutterstock

9 / 10

Pomaradas y hallazgos

La tónica de fértiles pomaradas, templos ajenos al paso del tiempo y producción sidrera se repite en Sariego. En este municipio, que recibe a los peregrinos que se dirigen a Santiago, es muy recomendable subir a la iglesia románica de Santa María de Narzana para ver el valle del Nora en todo su esplendor. Como también lo es recorrer Bimenes, tierra de molinos, carbón y majadas, que defiende el uso del asturianu y que conserva añejas tradiciones bajo la atenta mirada de la Sierra de Peñamayor.

iStock-1269469841. El broche de Nava

Foto: iStock

10 / 10

El broche de Nava

El final de este viaje por el centro-oriente asturiano no puede ser otro que Nava. La gran villa sidrera de la comarca cuenta con numerosos lagares, su Festival de la Sidra Natural ostenta el título de Fiesta de Interés Turístico Nacional, y es la sede del Museo de la Sidra que nos propone una experiencia interactiva para conocer su elaboración y ahondar en su cultura descubriendo el origen de términos muy comunes en estos lares como chigre, espicha, palu o mayar.

Con este broche de oro concluye esta ruta que resume la Asturias más auténtica. Un plan perfecto para dar esquinazo al estrés, y el mejor escenario para comprobar que la que sidra, más que una bebida, es una forma de vida que se transmite con celo de generación en generación.

shutterstock 1303157104

Compártelo