San Andrés de Teixido, un viaje entre vivos y muertos

En esta aldea marinera ubicada en las Rías Altas de Galicia la magia y la espirirtualidad forman parte de la experiencia.

Por mucho que el progreso, la modernidad y -dentro de poco- el AVE haya llegado a Galicia, aún quedan rincones que hacen viajar en el tiempo, que recuerdan por qué los griegos, romanos y celtas consideraban este lugar el fin del mundo (el finis terrae). Una designación que iba mucho más allá de cuestiones geográficas, era también la última frontera espiritual entre el mundo de los vivos y de los muertos. Quien visitaba esta zona tenía la firme creencia de que había entrado en una tierra sagrada. Esta es la reacción que transmite el santuario de San Andrés de Teixido, un lugar lleno de magia.

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iStock-625268848. "Quien no va de vivo, va de muerto"

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"Quien no va de vivo, va de muerto"

Como en las mejores historias, todo comienza con un mito. Cuenta la leyenda que San Andrés llegó en barca de piedra a este lugar y que estaba disgustado porque nadie lo iba a ver, que todos los peregrinos pasaban de largo y se dirigían hacia Santiago. Dios le dijo que no se preocupara, que crearía la obligación de que nadie entraría en el reino de los cielos sin antes visitar este santuario. De ahí la frase “A San Andrés de Teixido vai de morto o que non foi de vivo”. O lo que es lo mismo, visitar este paraje no es solo disfrutar de un paisaje excepcional, es también ganarse el cielo, de manera literal.

iStock-1281415706. Los muertos también pagan

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Los muertos también pagan el autobús

Aquellos viajeros que no han tenido la suerte de visitar este santuario en vida, tampoco deben preocuparse, disponen de distintas maneras para resolver este asunto. La más fácil es que un familiar se encargue de esta tarea visitando la tumba del difunto, picando tres veces en la lápida y llevándose el alma hasta San Andrés de Teixido en coche o en bus. Eso sí, aquí los muertos pagan el billete y ocupan espacio, y eso provoca alguna escena surrealista como por ejemplo que llegue un autobús medio vacío y el conductor se tenga que esperar más de la cuenta para que todo el mundo salga. Esas almas hay que devolverlas al cementerio, no conviene que pululen entre los asientos. Si la familia no está por la labor, entonces no hay más remedio que ir dentro de un animal de los que se arrastran por el suelo como puede ser un caracol, una serpiente, un lagarto... Por eso, los peregrinos que se dirigen al santuario van con sumo cuidado en no pisar ninguno.

iStock-1173117188. ADN Marinero

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ADN Marinero

La coqueta iglesia de San Andrés es el edificio más destacado de esta aldea en la falda de la sierra de A Capelada. Es un templo gótico marinero, que data de los siglos XVI-XVII, aunque se conservan pocos elementos originales. La fachada y el campanario son de finales del siglo XVIII, pero lo que realmente llama la atención es su interior, a pesar de su austeridad, por la gran cantidad de objetos depositados en el altar. Son los exvotos, ofrendas depositadas en cumplimiento a una promesa o en agradecimiento a un favor recibido. La variedad de éstos está servida. Si se mira arriba, sorprenden unos pequeños ataúdes colgados del techo. Pero que nadie se asuste, están vacíos y aguardan un final feliz. Son ofrendas de alguien que ha estado al borde de la muerte y ha sobrevivido. Las maquetas de barcos esconden una historia parecida: pertenecen a aquellos marineros que han sobrevivido a un fuerte temporal y rezaron a San Andrés pidiendo ayuda.

IMG 20211104 165559. Exvotos de cera

Foto: Marta Cuadras

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Exvotos de cera

Tras observar el suelo de este templo que se asemeja a un bazar, otro exvoto muy curioso son figuras de cera de distintas partes del cuerpo. Abundan piernas y brazos, que aquí en Galicia la humedad aprieta y se sufre de reuma. La migraña hace de las suyas también y por eso se ven muchas cabezas… Estas figuras se adquieren a los cereros en los alrededores de la iglesia. Cada 8 de septiembre, fiesta de San Andrés, se expone un relicario con un dedo de este santo para ser tocado por los fieles. Todo este ambiente refleja la fe en que los gallegos tienen hacia este santo: aquí se entra enfermo y se sale sano.

GettyImages-1250435339. La superstición hecha pan

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La superstición hecha pan

La devoción a San Andrés va más allá de su iglesia. Muy cerca, se halla una fuente ideal para supersticiosos. En este caso, la creencia dicta que si se echa un trozo de pan y flota es que todo va bien. Si se hunde significa que solo le queda un año de vida al que lo ha arrojado. Ante esta disyuntiva, mejor no tirar nada. Lo que sí es muy recomendable es hacerse con algún sanandresiño, unas hermosas figuritas de colores hechas con miga de pan elaboradoras por las mujeres de este pueblo y son amuletos, que traen suerte y salud.

iStock-927402436. Una peregrinación 100% gallega

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Una peregrinación 100% gallega

El Camino de Santiago es, posiblemente, la peregrinación más popular del mundo. Sin embargo, para los gallegos el de San Andrés es igual o más especial. Se trata del Camiño Vello a Santo André de Teixido, una que parte del monasterio do Couto y que, tras unos 40 km entre castros, molinos antiguos, necrópolis, puentes medievales, culmina en San Andrés de Teixido. Además, solo cuenta con dos etapas y es ideal para realizarla un fin de semana. Si se dispone de poco tiempo, lo mejor es pararse en el mirador Chao do Monte con unas vistas espectaculares al mar y seguir un bellísimo sendero de unos 4 km hasta llegar a esta aldea marinera tan espiritual. El acompañamiento de un vivo o de un muerto es opcional.

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