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El secreto de la Cascada de Colores de La Palma

Dentro del Parque Nacional Caldera de Taburiente se encuentra un salto de agua con una paleta de tonos sorprendentes.

Se podría decir que La Palma es la mejor isla para hacer senderismo de todo el archipiélago canario. Más de 1.000 km de senderos recorren sus verdes valles, barrancos, bosques y cumbres que ofrecen un paisaje único para los amantes de la naturaleza y el deporte. La Caldera de Taburiente, estrella del Parque Nacional homónimo, ofrece algunos de los rincones más famosas, como son el Roque de los Muchachos o la Cascada de Colores, cuyos tonos atraen un flujo continuo de visitantes.

Cascada de Colores La Palma

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Cascada de Los Colores

Paredes de más de 1.000 metros, picos que llegan casi a los 2.500 y uno de los firmamentos más despejados del planeta. Estas son solo algunas de las maravillas de un espacio natural privilegiado como es la Caldera de Taburiente y el valle de ocho km que le rodea. Es en este donde se encuentra la Cascada de Colores.

Para llegar a ella hay dos opciones: comenzar la ruta que va desde el Mirador de los Brecitos hasta el Barranco de las Angustias, o la que se inicia en el parking de este último, haciendo el camino inverso, y también más corto. A pesar del entorno natural y volcánico, la cascada de colores es una construcción artificial que se realizó en los años 60 con tal de contener el agua de la caldera y aprovecharla como recurso hídrico de la La Palma.

Aunque en aquel momento no tenía ningún atractivo especial, ahora brota de ella una fuente rodeada de intensos colores. Esta paleta de ocres, amarillos y pardos se debe a las aguas ferruginosas y repletas de minerales que proceden del Barranco de Rivaceras. Más de 50 años de erosión han causado que el pequeño cauce que brota de la pared pinte no solo esta, sino el agua que sigue su caudal barranco abajo.

Cascada de Los Colores
Foto: Getty Images

Para completar el repertorio de colores, el verde del musgo y las algas pone ese toque de vegetación que trepa por las paredes grises y pardas. Como curiosidad, los meses que siguieron a la erupción del volcán hicieron que la ceniza llenara las aguas del cauce y tiñera la pared de negro temporalmente.

Sin embargo, la coloración del lugar depende totalmente de la época del año a causa del caudal del agua, puesto que en las temporadas más secas los tonos se ven apagados, pero en los meses más lluviosos se muestra en su máximo esplendor.

Aunque no sea accesible, dos kilómetros más arriba, en el naciente, se encuentra una cascada como esta, pero de ocho metros de altura y, en este caso, natural, solo apta para escaladores y montañistas avezados.