Congela el momento

Los secretos de la Antártida

Hace mucho que la Antártida fue solo terreno de arriesgados exploradores. Sin embargo, hoy es más sencillo llegar a sus espectaculares paisajes.

Fue la última terra ignota del planeta, el hueco vacío en los mapas, el territorio de las últimas aventuras de la historia de la exploración. Hoy el continente blanco sigue despertando pasiones y es uno de los destinos míticos que todo viajero sueña con alcanzar alguna vez en la vida. Eso sí, afortunadamente, hoy para llegar a la Antártida no hay que jugarse el físico como hicieron Roald Amundsen o Robert Falcon Scott

 

La aventura de la lejanía, el frío extremo, los icebergs, avistar animales maravillosos, la oportunidad de cruzar el Círculo Polar Antártico, ver paisajes que parecen salir del período Cuaternario son, sin duda, algunos de los hitos de un viaje a la Antártida.

 

 

 

 
1 / 8
Ushuaia. La ciudad del fin del mundo es el comienzo

Foto: iStock

1 / 8

Ushuaia no es una discoteca de Ibiza

Aunque parezca una paradoja, todo comienza en el fin del mundo. Al menos, todos los cruceros a la Antártida que parten de Ushuaia, la ciudad más austral del mundo. Hay que llegar en avión para descubrir el paisaje inaudito, entre las altas montañas de los Andes y las orillas del Canal Beagle, que rodea a esta ciudad, en las puertas del Parque Nacional Tierra del Fuego. Erigida sobre un antiguo poblado yagán, no le falta la mítica de los exploradores. Desde su puerto, hay 150 kilómetros en línea recta hasta el cabo de Hornos. Una vez superado, ya solo queda la Antártida.

pasaje de Drake. Un pasaje iniciatico

Foto: iStock

2 / 8

Un pasaje iniciático

Todo aquel que quiera llegar a la Antártida deberá enfrentarse primero con el paso Drake, llamado así porque según las leyendas marinas fue este corsario el primero en cruzar las 480 millas náuticas que separan el extremo deAmérica del Sur de la Península Antártica. Su mítica está escrita de terribles olas de hasta 10 metros de altura y tormentas que hacen cabecear como juguetes a los barcos. Si la suerte está de cara de los viajeros, el buen tiempo acompañará la travesía y todo quedará en una anécdota; si, en cambio toca mal tiempo, la seguridad y la tecnología de los cruceros actuales garantiza superar el trance solo con algún que otro pequeño mareo. La recompensa llega cuando la silueta blanca de la Antártida se divisa en el horizonte. ¡Justo es momento de que comience la aventura!

 
Territorio de aventura

Foto: iStock

3 / 8

Territorio de aventura

El brazo de territorio que se extiende en dirección norte hacia la Tierra del Fuego es la zona más accesible al continente blanco. también es la zona más cálida, por lo que concentra la mayor diversidad de fauna, con pingüinos, aves marina y focas. Por todo ello, la Península Antártica es la principal zona de navegación de la mayoría de cruceros árticos. El contacto con los primeros paisajes de agrestes picos nevados que se hunden directamente en el mar y de canales donde emergen icebergs de fabulosas formas se da en los primeros momentos de aproximación. La escala de lo visto hace empequeñecer al viajero. Precisamente esa es la primera sensación que se tiene: la emoción de entrar en contacto con una naturaleza que hace sentir vulnerable y pequeño a quien la observa con ojos como platos.

 
Paisajes heladores

Foto: iStock

4 / 8

¿Con paisajes así, quién necesita palmeras?

En el planeta quedan pocos escenarios tan sublimes como los que se encuentran en la Antártida. Se podría pensar que con tanta blancura, sin árboles ni vegetación, sin construcciones humanas salvo las contadas estaciones científicas, el paisaje debe ser algo muy monótono; pero nada más lejos de la realidad. Sólo al acercarse a los grandes témpanos, se descubre que el hielo tiene diferentes colores en función de su edad y que a medida de que se sumerge va cobrando un maravilloso color turquesa. Hay icebergs flotando, glaciares y picos nevados. Hay mucho silencio; pero también el constante crujido del hielo que recuerda que allí aunque no lo parezca todo está vivo y no es inmutable. Entre los lugares más bellos que se pueden visitar en un crucero por la Antártida está la Bahía Dorian, el trayecto a Puerto Paraíso, con el fabuloso reflejo en el agua de sus montañas, o el estrecho de Le Maire, de apenas 1.600 metros, que separa el continente de la isla Booth. Entre trayecto y trayecto, tal vez algunas orcas salgan a amenizar el viaje.

 
pinguinos la península antártica. Los pingüinos no saben pasar desapercibidos

Foto: iStock

5 / 8

Los pingüinos no saben pasar desapercibidos

Sólo quien visita una pingüinera sabe que en realidad, el silencio de la Antártida no lo es tanto. Estos simpáticos animales suelen ser bastante escandalosos y, sorpresa, la acumulación de guano deja en el ambiente un olor poco agradable. Sin embargo, nada tan maravilloso como poder seguir los pasos de los pingüinos, observarlos en medio de su hábitat, verlos lanzarse al agua y desaparecer de la vista rápidamente en un par de aleteos. Puerto Paraíso es el hogar de pingüinos Papúa (o juanito), que son los de avistamiento más común; mientras que las colonias de pingüinos Emperador son mucho más complicadas de ver por los enclaves más remotos que escogen.

¡Ballenas a la vista!

Foto: iStock

6 / 8

¡Ballenas a la vista!

Los cetáceos son el otro animal estrella de la Antártida: ballenas minke, jorobadas y azul, la mayor criatura que habita el planeta, son fáciles de ver los meses de febrero y marzo, cuando llegan a estos mares ricos en kril para alimentarse. Ver emerger sus enormes colas tiene algo místico. Además, en esa época hay menos hielo en el agua, por lo que las zodias pueden navegar con mayor libertad de movimientos. Algo que también aprovechan las orcas a la hora de cazar focas. Lo más importante de todo es que las directrices de la IAATO para la observación de cetáceos garantizan que el ocio turístico sin estresar a los animales como sí sucede en otros lugares del planeta donde el avistamiento de ballenas se ha convertido en todo un negocio. 

 
Isla Decepción: de todo menos decepcionante

Foto: iStock

7 / 8

Isla Decepción: de todo menos decepcionante

Al ser un volcán activo se trata de uno de los paisajes más singulares de la Antártida: está libre del hielo por el calor que desprende la corteza terrestre y aparece un color negro muy singular. A escasos cien kilómetros de la Península Antártica, su silueta es muy reconocible por su cráter roto que forma una bahía perfecta en forma de herradura que desde antaño ha sido lugar de refugio de los barcos balleneros que faenaban por la zona. Precisamente, además de por la colonia de pingüinos que hay, la isla es interesante por los edificios balleneros en ruina que dan al paisaje un carácter entre apocalíptico y lunar muy atractivo. La isla Decepción es el enclave de la base científica española Gabriel de Castilla.

sostenibilidad en antartida

Foto: iStock

8 / 8

Lo más importante: sostenibilidad ártica

Según la normativa del Tratado Antártico, aprobada en 1959 por 49 países, entre ellos España, la Antártida es una ‘reserva natural, consagrada a la paz y a la ciencia’ y prohíbe específicamente la extracción de minerales y otras actividades de explotación. Lo que sí está permitido es el turismo, eso sí, la International Association Antarctica Tours Operator (IAATO) es muy severa con sus normas. Por ejemplo, no puede haber más de cien personas desembarcadas en el mismo punto de la costa, no pueden coincidir más de dos barcos, estos no pueden superar los 400 pasajeros, incluso hay que pasar por la aspiradora antes de alguna excursión en tierra. Sin duda, la riqueza medioambiental y la fragilidad de la fauna de la Antártida bien merecen algunas normas que garanticen su supervivencia.

Territorio de aventura

Los secretos de la Antártida

Seguir Viajando

Destacado NG

Compártelo