Mosaicos y grandeza

Los secretos del gran yacimiento romano de Marruecos

Aunque suele pasar desapercibido para los viajeros, Volubilis es un auténtico museo al aire libre de mosaicos, villas y monumentos.

Caminar por el intricado laberinto de las medinas de Marruecos, especialmente la de Fez, da una idea aproximada de lo que pudo ser el día a día en las ciudades de época romana: Pompeya mostró la arquitectura y las medinas marroquís acercan la vida diaria. En el barrio de los Alfareros de Fez, además, fascina ver el trabajo de los artesanos del zellige, el mosaico ornamental marroquí que puede estar inspirado en los fastuosos suelos de mosaico de las casas romanas, cuya muestra más notable se encuentra en el recinto arqueológico de Volubilis.

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Foto: Rafa Pérez

Volubilis se encuentra entre los valles de los ríos Fertassa y Khoumane, a pocos kilómetros de Mulay Idrís, pequeña ciudad de ínfulas andalusíes que alberga la tumba de Idrís I, fundador de Marruecos, hecho que la convierte en uno de los centros espirituales más importantes del país y en lugar de peregrinación. El nombre de Volubilis viene de una deformación de la palabra árabe oualili, que significa adelfa, planta que crece en abundancia junto al cauce de los ríos circundantes. 

 

Sin embargo, los romanos no fueron los primeros en reconocer el potencial de la zona cuando convirtieron a Volubilis en la capital de la provincia Mauritania Tingitana, en el noroeste del actual Marruecos. En los alrededores hay indicios de ocupación desde el Neolítico. La orografía de la zona favorecía la defensa, había abundancia de agua y ubérrimas tierras, con llanuras ideales para el cereal y la zona del macizo Zerhoun apta para la arboricultura, particularmente del olivo que todavía hoy proporciona buenas cosechas. 

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Foto: Rafa Pérez

Los primeros testimonios arqueológicos de las ruinas de Volubilis datan de mediados del siglo II a.C. y revelan la existencia de una pequeña ciudad amurallada. De esa fecha conocemos un santuario con la planta típica de las ciudades púnicas y norteafricanas, provisto de un altar central y capillas adosadas a las murallas. Bajo dominio romano Volubilis vivió una rápida expansión, hasta alcanzar las cuarenta hectáreas, y se construyeron templos, un acueducto, termas y edificios cívicos. Entre las tiendas destacaban las panaderías y numerosos negocios de prensado de aceite, lo que da a entender la importancia que tuvo el cultivo del olivo, seguramente en manos de la élite de origen bereber, habitantes originales de la zona.

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Foto: Rafa Pérez

Y llegó Marco Aurelio

Bajo el mandato de Marco Aurelio se construyeron nuevas murallas y ocho puertas monumentales flanqueadas por torres; los Severos crearon el nuevo centro monumental, que incluía el templo capitolino, la basílica civil y la reorganización del Foro; el Arco del Triunfo se levantó en honor de Caracalla para celebrar la concesión de la ciudadanía romana y la exención de impuestos. Diocleciano, en cambio, llevó al ejército romano a abandonar la parte sur de la Mauritania Tingitana, incluida Volubilis. No obstante, la vida siguió, de manera más o menos próspera, durante algún tiempo más, y el latín fue de uso común hasta una fecha tan avanzada como el siglo VIII, como sugieren unas inscripciones funerarias cristianas encontradas cerca del arco de Caracalla. 

 

El Decumanus Maximus une el mencionado arco de Caracalla con la puerta de Tánger, la mayor de las que tuvo la muralla. A simple vista, estos son los monumentos que más llaman la atención, aunque no deja de sorprender que quede algo en pie tras la utilización de mármoles y piedras para la construcción de la Ciudad Imperial de Mulay Ismail, en la vecina Meknés, y los estragos del terremoto de Lisboa del año 1755.

 

 

 

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Foto: Rafa Pérez

El Olimpo de los mosaicos

Pero para descubrir las verdaderas joyas de este yacimiento arqueológico hay que llevar la vista al suelo, a los mosaicos que presentan un estupendo estado de conservación pese a permanecer a la intemperie. La simplicidad de los diseños y los motivos geométricos de alguna de estas alfombras de piedra han llevado a los arqueólogos a establecer una analogía con los patrones de las alfombras tejidas por los bereberes. 

 

Los mosaicos más destacados, que además suelen dar nombre a las casas y lujosas villas donde se encuentran, son los de Baco y Ariadna, Orfeo, el Séquito de Venus, los Trabajos de Hércules, el Efebo, el Acróbata y Diana con las ninfas.

 

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Foto: Rafa Pérez

Lejos de suponer un impedimento, los días de lluvia son especialmente recomendados para visitar Volubilis. El agua hace que las teselas brillen de manera espléndida, saturando los colores al eliminar cualquier rastro del polvo que los apaga durante muchos días al año. Es entonces cuando puedes ver que Ariadna parece embarazada, aparecen crustáceos y peces que suelen pasar desapercibidos, el agua hace que la desnudez de las ninfas se aprecie con todo detalle, el Can Cerbero destaca entre los doce trabajos de Hércules, o el acróbata sentado al revés sobre la grupa de su caballo parece cobrar vida.

 

Volubilis está en la lista del Patrimonio de la Humanidad desde 1997, entre los criterios de valoración de la Unesco está el de estar integrado en un paisaje natural intacto y un entorno cultural original. Tradiciones y modos de vida vinculados al cultivo de los olivos que todavía permanecen, por eso no es extraño ver, aún hoy, a agricultores que caminan con su familia y sus animales por el decumano, vecinos de la zona para los que ese es, simplemente, el camino más corto desde los campos en los que trabajan hasta su casa.