Fortalezas para viajar al pasado

Seis de los castillos más impresionantes de Segovia

Un recorrido para descubrir los imponentes recintos fortificados de algunas de las villas más monumentales de la provincia.

En el patrimonio monumental de la provincia de Segovia destacan notablemente sus fortalezas, lugares que hace siglos se mantuvieron firmes ante batallas y enfrentamientos, y en la actualidad reciben al visitante con edificios imponentes y apasionantes historias. Si se desea trazar una ruta de castillos por la provincia, desde Segovia capital, donde el Alcázar es una etapa indispensable, el itinerario puede dirigirse hacia el norte para visitar torreones con almenas, fosos y puentes levadizos.

  1. Coca
  2. Cuéllar
  3. Pedraza
  4. Turégano
  5. Castilnovo
  6. Alcázar de Segovia

 

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shutterstock 1815207005. Castillo de Coca

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Castillo de Coca

Entre llanuras y pinares se asienta Coca, un lugar de historia larga en el que, por ejemplo, nació Teodosio «el Grande», uno de los tres emperadores romanos de procedencia hispánica. El enclave hace viajar en el tiempo con su espectacular castillo, una fortaleza gótico-mujédar que empezó a erigirse en 1473, y que desde que se contempla de lejos ya deja claras sus intenciones defensivas. De planta cuadrada, el monumento es una descomunal mole de ladrillo rodeada por un foso hoy vacío, pero no menos impetuoso, y un triple anillo de gruesos muros escalonados, que en el pasado lo hacían inexpugnable. La fortaleza de Coca es en definitiva una obra cumbre del mudéjar militar y palaciego de la Península. Sin embargo, curiosamente no se eleva sobre un cerro protector, sino en un terreno llano. Además, los maestros alarifes de la arquitectura mudéjar se entretuvieron en decorar la fachada del bastión con un intrincado juego de filigranas. Se sabe que sus salones acogieron fiestas fastuosas y tristes historias sus calabozos, en los que nunca había más de cuatro presos para impedir una torre humana. Cerca de las murallas de Coca se pueden ver varios verracos, figuras zoomorfas de granito y origen remoto, y restos de una domus romana con resquicios de pinturas murales. Por cierto, que el castillo también tiene leyendas, como la que habla de un amor prohibido del marqués de Cenete, hijo del cardenal Mendoza, quien acabó en brasas lanzado desde las almenas. 

iStock-1276668392. Cuéllar

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Castillo de Cuéllar

Hubo un tiempo en el que Beltrán de la Cueva (1435-1492), primer duque de Alburquerque y favorito del rey Enrique IV, habitó junto a su familia y sirvientes «en un castillo-palacio localizado en un mar de pinares». La fortaleza, cuyos cimientos se remontan al siglo XII, sigue en Cuéllar, y los bosques de pinos también: precisamente por la localidad pasa la Senda de los Pescadores, que permite pasear junto al cauce del Cega por la mayor formación continua de pinares de Europa. Regresando al castillo, sus gruesos muros fueron primero levantados como fortaleza árabe, que luego reconstruyó Álvaro de Luna antes de pasar a manos de citado Beltrán de la Cueva. Su visita, en la que no cuesta imaginar leyendas y conspiraciones, recorre mazmorras, cocinas y salones que permiten revivir la época en la que acogían fastuosas fiestas. El edificio, al que se accede por el gran Patio de Armas, con columnas y doble galería, tiene en realidad trazas de haber sido más palacio que fortaleza, y de haber albergado más banquetes que guerras. En la actualidad aloja entidades culturales como el Archivo de los Alburquerque. Frente al castillo se halla la iglesia de San Martín, una de la decena de templos mudéjares que conserva Cuéllar, cuyo castillo y murallas están declarados Monumento Artístico Nacional.

shutterstock 2152706091. Pedraza

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Castillo de Pedraza

Sobre un altozano de la villa medieval de Pedraza, uno de los pueblos más bonitos de España, se asienta su castillo. Esteadusto bastión amurallado construido en el siglo XIII es su carta de presentación y se combina con la sierra de Guadarrama que domina el fondo. Fue erigido sobre restos de fortificaciones anteriores de origen romano, visigodo y árabe. Después sería reedificado en el siglo XV por la familia noble de los Herrera, época en la que se le añadieron sus torres más emblemáticas, mientras que en el XVI, cuando pertenecía a los duques de Frías, recibió el aspecto defensivo que hoy se contempla. El castillo de Pedraza fue levantado en una zona fronteriza clave en el pasado, en un lugar donde el monumento quedaba protegido por un precipicio y un foso. En su exterior destaca la torre del Homenaje, elevada tras una muralla y muros con cañoneras. En el interior se pueden contemplar arquerías románicas de medio punto comunicando los patios y, en la escalera que conduce al aljibe, el escudo de los Herrera. En esa torre del Homenaje tuvo su taller el pintor Ignacio Zuloaga (1870-1945): sus herederos, que adquirieron el monumento, instalaron en ella un pequeño museo. Ceñida por su muralla, la villa serrana y medieval de Pedraza conserva su aire señorial. Entre los siglos XVI y XVII, gracias sobre todo al ganado lanar, proliferaron en ella telares y mercados. Conserva una bonita plaza Mayor, con casas porticadas con columnas de piedra y la iglesia de San Juan Bautista. 

iStock-1056244394 (1). Turégano

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Castillo de Turégano

Enclavada entre pinares y campiñas, la histórica Turégano es un conjunto más que notable por su castillo, además de por sus iglesias y tiendas de anticuarios. La plaza Mayor del pueblo, porticada y parcialmente empedrada, está presidida por una iglesia-castillo. Su singular silueta, entre cuyos muros destaca la espadaña barroca añadida en el siglo XVIII, fue varias veces recreada por el pintor Zuloaga, cuando este residía en la cercana Pedraza. El castillo, de planta rectangular, con almenas entre potentes cubos y adustas torres laterales, es más una iglesia-fortaleza y no a la inversa, como la fachada externa daría a entender. En su interior se cobija el templo románico de tres naves dedicado a san Miguel, el arcángel guerrero. En la visita por el laberinto de estancias interiores destacan las mazmorras y se ven varias tumbas con momias halladas en la ultima restauración. Para llegar al castillo de Turégano hay que seguir un camino ascendente desde la carretera, que cuenta con paneles interpretativos sobre la historia de este castillo, declarado Monumento Histórico-Artístico. El pueblo, además de otras iglesias y edificios con arquerías y soportales, acoge buenos asadores.

shutterstock 1081865855. Castilnovo

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Castillo de Castilnovo

Dejando atrás la monumental Sepúlveda surge el municipio de Condado de Castilnovo donde se erige la fortificación del mismo nombre. El monumento sobresale de una frondosa hondonada del valle del río San Juan, poblada de esbeltos chopos y álamos. El de Castilnovo es otro antiguo recinto segoviano, rehecho y remodelado en múltiples ocasiones a causa de su azarosa historia. Su origen es en realidad incierto, aunque algunos historiadores se lo atribuyen al príncipe omeya Abderramán I (siglo VIII) y otros al militar califa Almanzor, del siglo X: no quedarían vestigios de esas épocas. Sí se contemplan elementos medievales, como los arcos del patio de Armas, que datan de los siglos XII y XIII. En el XV, el rey castellano Juan II otorga el castillo a su persona de confianza, el noble don Álvaro de Luna, quien lo remodeló en estilo mudéjar, alternando muros de mampostería y de ladrillo. En el exterior exhibe media docena de altivas y discordantes torres, una con aspecto de campanario eclesial. En sus muros, que plasman el paso del tiempo y diversos estilos artísticos, se abren ventanales. La visita al interior discurre entre salones de decoración isabelina. El monumento que se contempla, resultado de los siglos XIV y XVI, tiene más aire palaciego que defensivo. Sus muros esconden historias, por ejemplo de los Reyes Católicos, de su hija Juana la Loca de la que dicen que se alojó aquí tras la muerte de su esposo Felipe «el Hermoso», o del duque de Frías, quien custodió en este castillo –y en otros enclaves de Segovia– a los delfines del rey francés Francisco I tomados como rehenes. En la actualidad, Castilnovo es la sede de una asociación que lo ha restaurado y lo destina a eventos culturales y privados.

shutterstock 514706440. Alcázar de Segovia

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Alcázar de Segovia

Sobre un frondoso roquedo que flanquean los ríos Eresma y Clamores se alza el Alcázar de Segovia, el emblema de la ciudad, en una ubicación imponente que ya apreciaron los romanos. Conocido como bastión en el siglo XII, fue residencia de reyes hasta el XIX. Su torre del Homenaje, en el centro del recinto, a menudo es comparada con la proa de un barco navegando entre los ríos. Junto con las cúpulas cónicas de sus torretas dibujan su inconfundible silueta. El broche de su visita es descubrir sus leyendas, como la que afirma que Alfonso X el Sabio (1221-1284), el rey astrónomo, contemplaba el firmamento desde uno de sus torreones. Bastión palaciego de larga historia, sus estancias fueron lugar de reposo del monarca, pero además de ahí salió el 13 de diciembre de 1474 Isabel la Católica para ser proclamada, y en su capilla se celebró la misa de velaciones del casamiento de Felipe II y Ana de Austria (1570). A los pies del Alcázar se extiende el centro histórico segoviano (en la Unesco desde 1985), repleto de alicientes artísticos y gastronómicos. Se pueden descubrir al pasear por calles con iglesias románicas, mansiones nobiliarias y mesones tradicionales. Imprescindible caminar por la plaza Mayor, dominada por la Catedral gótica, apodada por sus líneas armoniosas «la Dama de las Catedrales», y la plaza del Azoguejo, dedicada al mercado desde antiguo, y abierta a los pies del famoso acueducto romano de Segovia, erigido en el siglo I. 

 

 

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