Sagrado Cantábrico

Seis ermitas de Cantabria que desafían al mar

No solo de playas vive la costa cántabra, también de coquetas iglesias frente al mar que merecen una excursión.

Aunque pueden ser de construcción humilde, en las ermitas se fusiona religión, paisaje y tradición como en pocas arquitecturas. Será por ello que son siempre un polo magnético de atracción en todo viaje. Ocurre especialmente así en Cantabria, donde el mar juega un papel tan importante. Y no solo en sus playas. Estas ermitas forman parte del paisaje y por sí solas serían capaces de explicar la esencia de los lugares donde están ubicadas.

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Ermita de Santa Ana-Castro urdiales

Ermita de Santa Ana (Castro Urdiales, Cantabria). Foto: shutterstock

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Ermita de Santa Ana (Castro Urdiales, Cantabria)

Comenzar ruta por Cantabria en Castro Urdiales es tener claro ya desde un inicio que lo que espera en la costa son paisajes de excepcional belleza. Tiene la ciudad su sky line más famosos junto al puerto, donde se encuentra el conjunto formado por la iglesia de Santa María, -la mejor obra gótica de Cantabria, el castillo-faro, junto a ella, el puente medieval y la ermita de Santa Ana, montada casi haciendo equilibrios sobre un peñón a los pies del rompeolas. De planta rectangular con un curioso pórtico adintelado, sus orígenes se remontan a época romana a pesar de que hoy lo que se ve sea mucho más moderno. La ermita mira a la popular rampa de San Guillén, que en verano acumula a bañistas de todo tipo.

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Ermita de la Virgen del Mar (San Román de la Llanilla). Foto: shutterstock

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Ermita de la Virgen del Mar (San Román de la Llanilla)

Con la bajamar, aparece la arena de la playa y entonces, la isla de la Virgen se convierte en un bello tómbolo al que acceden los bañistas usando un pequeño malecón. Allí es habitual ver en los días buenos de verano a la gente tomar el sol, lo cual confiere al lugar un aire algo surrealista, especialmente si se tiene en cuenta que lo que hay ahí edificado es una ermita. La ermita de la Virgen del Mar, patrona de Santander desde 1979, es lugar al que suelen acudir las tripulaciones marineras que han pasado por algún mal momento en el mar, de ahí la decoración en su interior, donde se pueden ver reproducciones de barcos, redes y otros útiles para el trabajo de la pesca.

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Ermita de Santa Justa (Santillana del Mar, Cantabria). Foto: iStock

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Ermita de Santa Justa (Santillana del Mar, Cantabria)

No es verdad eso de que Santillana del Mar no es santa, ni llana, ni tiene mar… Para desmentir esta última apreciación basta con desplazarse unos 5 kilómetros, a Ubiarco, una una pequeñísima aldea donde se encuentra uno de los paisajes más bellos de Cantabria, la playa y ermita de Santa Justa. María Oruña describe en su novela Puerto escondido los acantilados del lugar como hechos “mediante un hachazo divino, para dar lugar a treinta metros de caída libre”. Aquí se fusiona el verde de los prados con el salitre del mar. Construida la ermita aprovechando un hueco en el acantilado de la ensenada de modo que bastaron levantar dos paredes de mampostería para crear el espacio. Hay que  recorrer un sendero que discurre mirando al mar para acceder a la misma. En ocasiones, si el mar está movido, será mejor abstenerse de recorrerlo.

San Vicente de la Barquera

Capilla de la Virgen de la Barquera (San Vicente de la Barquera, Cantabria). Foto: shutterstock

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Capilla de la Virgen de la Barquera (San Vicente de la Barquera, Cantabria)

A las afueras de San Vicente, tomando dirección al rompeolas y al Faro de Punta Silla, se encuentra sobre un promontorio con magnificas vistas a la entrada del puerto, el Santuario de la Virgen de la Barquera. Cuenta la leyenda que allá por la Edad Media se les apareció a los marineros de la zona, una embarcación sin remos, ni tripulantes ni velas, en la que solamente viajaba la Virgen. Desde entonces, su imagen se guarda y cada 14 de Abril se celebran las Fiestas de la Folía en su honor.

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Ermita de Santa Lucía (Comillas). Foto: shutterstock

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Ermita de Santa Lucía (Comillas)

Es cierto que a Comillas se llega por su fantasía modernista, pero vale la pena hacer un alto en la ermita de Santa Lucía. De arquitectura sencilla, la ermita saca pecho por su ubicación: sobre la playa, con el puerto enfrente. De eminente tradición marinera, Santa Lucía fue levantada gracias a las donaciones de los pescadores del pueblo. Dicen que desde el actual mirador se oteaban las ballenas y se daba aviso para su pesca.

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Ermita de “San Pedruco” (Noja). Foto: shutterstock

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Ermita de “San Pedruco” (Noja)

Muy querida por los nojeños, esta ermita corona la Isla de San Pedro y de ahí le viene el nombre. Visible desde la costa de Noja, hoy en día resiste a los envites del Cantábrico como un náufrago, pero antiguamente en ella se celebraba una popular romería en barco. Desde la playa de Ris se puede observar cómo resisten los muros rodeados por higueras e hinojo marino que creció salvaje desde que dejaron de llegar los romeros. Hoy son las gaviotas patiamarillas sus únicas inquilinas.

Ermita de Santa Ana-Castro urdiales