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Serra da Estrela, el paraíso rural de los trabajadores nómadas en Portugal

Aldeias de Montanha encabeza un proyecto que vincula el mundo rural con aquellos viajeros que buscan teletrabajar.

En pleno centro de Portugal, en una barrera que separa el norte del sur, se encuentra una de las más extensas áreas naturales del país vecino: el Parque Natural delaSierra de la Estrella (Serra da Estrela en portugués). Una cordillera, considerada la más grande de Portugal continental, que a medida que el visitante se acerca hacia ella le hace sentir diminuto por el tamaño de sus imponentes valles y sus grandes glaciares.

Una sierra que cuenta con un gran patrimonio natural, geológico y cultural en el que la vegetación y los pueblos con encanto invaden las más de 88.850 hectáreas que la componen.

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Vista Aérea de Folgosinho © Municipio de Manteigas

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Tres redes de pueblos imperdibles

Su mayor atractivo, además de su entorno natural, son las tres redes de pueblos que componen la región. Por un lado, lasaldeas históricas, pueblos que se ubicaron en posiciones estratégicas a lo largo de la frontera española con el objetivo de fortificar la región y defender el territorio.

Almeida, Belmonte, Castelo Mendo, Monsanto, Idanha-a-Velha, Linhares da Beira, Piódao o Marialva son algunos de los más bellos y estratégicos de la zona gracias a los cuales cambió el destino del país. Todos ellos, y otros tantos más, son los que conformaron la que es ahora la frontera más antigua de Europa, construida gracias al trabajo de varias de generaciones de reyes preocupados por la defensa de su territorio, de ahí que en cada uno de ellos se encuentren castillos, murallas y espacios fortificados. Además de capillas e iglesias, construidas como recompensa al milagro de cada victoria que el pueblo lograba en sus batallas.

Marcados por la piedra

Los pueblos de pizarra, aldeias do Xisto en portugués, es otra de esas redes de villas que dan vida al Parque Natural de la Sierra de la Estrella. Llamativos y especialmente reconocibles por estar construidos en pizarra, uno de los materiales más importantes de la zona, esta red de aldeas está conformada por 27pueblos entre los que están Candal, Cerdeira, Chiqueiro o Talasnal; villas ubicadas en medio de la naturaleza, y de una vegetación inmensa, que trasladan al visitante a un cuento de hadas.

Vista de Piodao

Vista de Piodao

Piodáo, uno de los pueblos transformados por los teletrabajadores. 

Foto: Shutterstock

Zambullirse en las aldeas

Y, por último, las aldeas de montaña o aldeias de montanha, un conjunto de 41 pueblos de 9 municipios diferentes que, a través del trabajo común entre sus vecinos, han creado proyectos para reactivar las vivencias en los pueblos, el turismo en la zona y fomentar el coworking para los viajeros nacionales o internacionales que quieran descubrir una nueva forma de vivir y trabajar desde el pueblo.

Reactivando los pueblos

De este afán por reactivar estas pequeñas aldeas para evitar dejarlas morir lentamente con el devenir del ritmo de vida frenético de hoy día, surge Aldeias de Montanha, un proyecto que nació en el pueblo de Seia en 2016 y al que poco a poco se han ido sumando nuevos municipios. Surgió como una manera de impulsar el turismo y las estancias en los pueblos de la Sierra de la Estrella de la mano de las comunidades de vecinos.

“El turismo es el medio a través del cuál impulsar otras actividades en los pueblos y de introducir nuevas vivencias. Aldeas de Montaña nació para fomentar que los propios ciudadanos sean los que trabajen en estos proyectos turísticos a través de un calendario de eventos que se realizan todo el año como el festival del pan o el de música del bosque, la festividad del solsticio -que celebraban nuestros antepasados al término del mes de junio y que estamos recuperando-, los paisajes sonoros de montaña, la fiesta de castaña de Folgosiño -en la que se vuelve a poner en valor este fruto autóctono- o la aldea de Navidad que viene realizándose desde hace ya unos años y que cada vez cuenta con más visitantes nacionales e internacionales”, explica Célia Gonçalves, Coordinadora del proyecto Adeias de Montanha.

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Coworking de Alvoco das Varzeas © Pedro Ribeiro

Y es que, los ayuntamientos desde su posición, lo que están haciendo es facilitar a las comunidades de estos pueblos las herramientas necesarias para poder vivir del turismo, porque ahora son los locales los que a base de esfuerzo y dedicación han logrado idear, crear y sacar adelante diferentes proyectos como sus espacios de coworking y las residencias artísticas, que están atrayendo cada vez más a viajeros nómadas de todo el mundo para trabajar desde el mundo rural y experimentar una nueva forma de vivir en medio del campo.

Refugio nómada

Videmonte, Lapa dos Dinheiros y Alvoco das Várzeas son las tres aldeas de montañas en las que se encuentran sus espacios de coworking bajo el nombre Cooperativa, los primeros espacios de coworking rural del país.

Estos lugares de trabajo, modernos y adaptados a las necesidades actuales, están ubicados en espacios en plena armonía con la naturaleza. Como explica Célia Gonçalves: “el gran valor de los pueblos de montaña no es la dimensión arquitectónica, es la proximidad a la naturaleza y, sobre todo, a la comunidad. Ese es el bien más precioso que tienen y en lo que se diferencian de las aldeas históricas y los pueblos do Xisto”.

cooperativa
Coworking de Videmonte © Aldeias de Montanha

Vivir lo rural

Sin embargo, todos estos coworkings están ubicados en edificios remodelados como el de Lapa dos Dinheiros que se ubica en una antigua escuela primaria del pueblo en la que integra la sala de trabajo, sala de reuniones, salón, cocina y un jardín con vistas panorámicas a la Sierra de la Estrella.

O el de Alvoco das Várzeas, en una antigua casa tradicional de la zona construida en piedra de granito en la que en el mismo espacio se encuentra la residencia artística con habitaciones, baños y cocina, en donde estudiantes y trabajadores de cualquier parte del mundo pueden acudir a sumergirse de lleno en la experiencia del pueblo. Para ello, tan solo hace falta aportar algo a la comunidad, ya sea una pequeña publicación hablando sobre ellos, realizando y donándoles material fotográfico o ayudándoles en diferentes tareas, aquí el límite para aportar es la imaginación y las capacidades de cada persona.

100% local

Otra de las peculiaridades que tienen los coworkings y las residencias de Cooperativa es que todas sus instalaciones están realizadas por la comunidad local, desde la remodelación de los edificios hasta el mobiliario o su decoración, acciones que impulsan casi sin querer la reactivación local de la construcción en la zona, del textil, de la artesanía o de la gastronomía, entre otras. Además, todo su interior, mobiliario y decoración, está compuesto por muebles restaurados y artesanía local con diseño propio -alfombras, lámparas, sofás, sillas o pufs, entre otros- hechos con productos de la zona y que se pueden comprar a través de su página web Lugar, donde se encuentran todos estos proyectos que conforman la economía circular que sustentan las aldeas de montaña.