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Siete excursiones imprescindibles por la provincia de Guadalajara

Entre la Alcarria y la sierra hay un microcosmos de planes llenos de arte, sabor y naturaleza.

Puede que su capital lastre su fama (aunque la ciudad no está exenta de lugares con encanto), que su cercanía a Madrid le reste exotismo o que su variedad de paisajes haga que no tenga un icono claro, pero lo que sí que es cierto es que la provincia de Guadalajara es amplísma, tanto en tamaño como en planazos. Por ello, si tuviéramos que elegir, comenzaríamos por esta selección de siete excursiones ordenadas de menos a más por su singularidad y por los lugares que se descubren. 

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iStock-1010194666. En el #7: Reconquistar el Señorío de Molina

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En el #7: Reconquistar el Señorío de Molina

No hay que remontarse demasiados siglos para encontrarse con esta demarcación administrativa. De hecho, hasta 1813 se trataba de una especie de provincia autónoma, a medio camino entre Aragón y Castilla que había mantenido cierta independencia desde el siglo XII. Hoy en día no queda nada de aquel señorío jurisdiccional, pero sí que es una forma de delimitar la que es una de las comarcas más inesperadas de España. Y es que aquí las sorpresas son continuas, y más si se tiene en cuenta que el paisaje es un tanto yermo e inhóspito, que en ocasiones acrecienta esa sensación de serendipia.

Si se llega desde la carretera A-2, el primer hallazgo (un tanto inexplicable) es el de la casa inspirada en Gaudí que hay en Rillo de Gallo, una construcción moderna obra de Juan Antonio Martínez Moreno, que se inspira en las formas y en la iconografía del arquitecto catalán. Después aparece Molina de Aragón, célebre por sus temperaturas bajas y por tener un castillo que, según desde donde se mire, parece más grande que toda la localidad. Visitarlo es, precisamente, disfrutar desde dentro de este portentoso tamaño y de las vistas de una localidad que también destaca por su judería, su castillo de piedra y sus iglesias. 

Más allá del magnetismo de su coqueta capital, merece la pena acercarse a Campillo de Dueñas, donde el castillo de Zafra ha ganado popularidad gracias a Juego de Tronos y al Santuario de la Virgen de la Hoz, un templo de peregrinación de origen románico que, más que por cuestiones sacras, impresiona por el paisaje que lo rodea. No en vano, el pequeño cañón del río Gallo se abre paso entre rocas rojizas de formas caprichosas.

iStock-1170540276 (1). En el #6: Descubrir Atienza y la Sierra Norte

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En el #6: Descubrir Atienza y el románico de la Sierra Norte

El carácter fronterizo de todo el norte de la provincia tiene en Atienza otro ejemplo fotogénico. En lo más alto, un castillo poderoso e intimidante cuya torre lo vigila todo. Entre sus brazos de piedras, una bella localidad que se ha afanado en mantener su esencia medieval en casi todos sus rincones. Para visitarla, merece la pena empezar por su señorial Plaza de España, donde su fuente atrae todas las miradas y copa los murmullos. Luego, el embrujo del arco de Arrebatacapas da paso a la plaza del Trigo, el perfecto ejemplo de ágora castellana con sus soportales pintorescos. Después, merece la pena saltar de iglesia en iglesia descubriendo la colección de arte sacro que albergan estos templos y finalizar en la Iglesia de Santa María del Rey, una construcción cerrada al público y flanqueada por el cementerio de esta localidad cuya portada es un derroche de arquitectura románica. 

Es precisamente este estilo el que vertebra una ruta por los alrededores en la que el silencio y el recogimiento típico de este arte parece envolverlo todo. Son paisajes extremos, de cierta altitud (se llegan a superar los 1.400 metros sobre el nivel del mar), donde algunas localidades logran brillar a base de ermitas, ábsides y capillas. Merece la pena ojear la ermita de Santa Coloma de Albendiego, la capilla de San Galindo en Campisábalos y la iglesia de San Pedro Apóstol de Villacadima. Todo ello respirando uno de los aires más puros de todo el país. 

iStock-527695753. En el #5: Emular a Camilo José Cela en su 'Viaje a la Alcarria'

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En el #5: Emular a Camilo José Cela en su 'Viaje a la Alcarria'

Fue en 1948 cuando el célebre premio Nobel de literatura realizó una inmersión en la España profunda, describiendo a su paso todo lo que iba descubriendo de una forma directa. Su ruta, de Guadalajara a Zorita de los Canes, es hoy una excusa perfecta para descubrir los cañones, lomas y pueblitos que salpican una región de esencia castellana y paisajes de interior. Es inevitable arrancar en Torija, cuyo bellísimo y esbelto castillo acoge hoy un centro de interpretación tanto de las riquezas de la provincia como de aquel viaje realizado por Camilo José Cela. Luego espera Brihuega (léase siguiente punto), desde donde se remonta el Tajuña hasta llegar a Masegoso y girar a Cifuentes, una villa con una plaza donde merece la pena procratinar. 

Trillo y el paso del Tajo por sus calles y las vistas de las tetas de Viana (dos montañas gemelas) preludian la llegada a la zona de los pantanos. Más allá de darse un chapuzón o de navegar en Entrepeñas y Buendía, esta comarca guarda un tesoro que es Pastrana, una localidad que cuenta con su propio Albaicín además de un sinfín de palacios y templos repletos de arte. Zorita de los Canes y la antigua ciudad visigoda de Recópolis es la guinda de un recorrido sembrado de todo tipo de estímulos. 

iStock-1263943312. En el #4: Disfrutar de Brihuega en plan provenzal

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En el #4: Disfrutar de Brihuega en plan provenzal

De un tiempo a esta parte, Brihuega se ha convertido en un destino imprescindible a inicios de verano, cuando sus campos de lavanda florecen y crean un nuevo paisaje imprescindible gracias al contraste con las encinas que salpican las lomas. Más allá de esta estampa de hileros de flores peinados por parcelas, la escapada regala otro hallazgo que es la propia Brihuega. Los restos de su muralla y las fuentes que riegan sus calles empedradas son solo el anzuelo. Cuando se curiosea por su casco histórico se dan con auténticas maravillas como la iglesia románica de San Felipe, la Plaza del Coso o el Castillo de Piedra Bermeja. Y un poco más arriba, la fábrica de Paños, un edificio circular con el que Carlos III pretendía explotar la industria de los tejidos tintados y que hoy queda como una reliquia arquitectónica que espera, con ahínco, transformarse en un hotel. Puede que el embrujo del espliego sea la chispa definitiva. 

iStock-1269488904. En el #3: Traspasar las murallas de Sigüenza... y de sus pedanías

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En el #3: Traspasar las murallas de Sigüenza... y de sus pedanías

Está claro: Sigüenza es el emblema rural y medieval de la provincia. Ninguna localidad tiene su porte, su skyline ni su conjunto tan bien conservado. Como mandan los cánones, en lo alto vigila un castillo de proporciones poderosas que hoy acoge un Parador Nacional. Su travesañas, empinadas y empedradas, conducen a rincones donde el tiempo se ha parado, como es el caso del Arco del Portal Mayor o la Plazuela de la Cárcel. Eso sí, de un modo u otro es inevitable desembocar en su Plaza Mayor, donde el Ayuntamiento, los soportales y las torres de la catedral pelean por captar la atención. Dentro del gran templo, espera la tumba del doncel, una de las más delicadas esculturas góticas de España mientras que abajo del todo, el parque de la Alameda ofrece un agradable paseo entre iglesias y conventos románicos y góticos. 

Pero Sigüenza es aún más. Y es que en su término municipal acoge otras maravillas que redondean cualquier escapada a este lugar. Ahí están las murallas de Palazuelos, la galería porticada de estilo gótico de la iglesia de San Salvador, en Carabias o las sorpresas gastronómicas de El Molino de Alcuneza. En términos naturales, la atención se la lleva el barranco del río Dulce, un parque natural fetiche de Félix Rodríguez de la Fuente por sus numerosos buitres que tiene su entrada en la fotogénica villa de Peregrina. 

shutterstock 426497299. En el #2: Perderse en el Alto Tajo

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En el #2: Perderse en el Alto Tajo

La ausencia de montañas altas ha hecho que, en ocasiones, se infravalore el encanto de este Parque Natural. Y sin embargo, la riqueza geológica y la labor escultora de este río es digna de ser visitada, ya que se trata de un amplio territorio marcado por los cañones, los pinos y el agua. La mejor forma de conocer este cóctel ganador es realizar la ruta del Salto de Poveda, un paseo para todos los públicos en el que el paisaje es arrebatador. Pero también es asombroso el puente de San Pedro, donde se unen Tajo y Gallo así como los acantilados que rodean a Peralejos de las Truchas. En los confines de la reserva natural se encuentra también un hallazgo prehistórico bastante impresionante. Se trata de la Cueva de los Casares, una galería de arte rupestre cuyas visitas se organizan desde el museo de Molina de Aragón. 

iStock-1281026792. En el #1: Empaparse de la Arquitectura Negra

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En el #1: Empaparse de la Arquitectura Negra

Hacer de la necesidad, virtud. Así se podría definir este estilo constructivo que impera en el noroeste de la provincia en el que la pizarra lo es todo. El monopolio del color este material es el que da nombre a esta forma de construir y el que inspira una ruta rural muy completa y satisfactoria. Los imprescindibles son Campillo de Ranas, Campillejo, El Espinar y Robleluengo, preludios perfectos de las dos grandes estrellas del recorrido. La primera, Majaelrayo, que destaca por su armonía y por su tamaño. La segunda, Valverde de los Arroyos, cuya plaza de María Cristina es el epítome de esta arquitectura y la entrada perfecta para una excursión hasta las Chorreras de Despeñalagua.  

Aunque no forme parte del recorrido más puro por estos pueblos, Cogolludo es la guinda perfecta para esta excursión. Y es que la mera contemplación del Palacio de los Duques de Medinaceli es ya de por sí un entretenimiento por su preciosismo y sus detalles. 

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