Del 7 al 1

Los siete imprescindibles de Salzburgo

Fortalezas y abadías medievales, palacios renacentistas y barrocos adornan el paseo por la encantadora ciudad austriaca en la que nació el prodigioso Wolfgang Amadeus Mozart.

Salzburgo es mundialmente conocida por ser la cuna de Mozart y el escenario del que está considerado el festival de música clásica y ópera más prestigioso del mundo. Pero además es una ciudad encantadora y llena de historia que fue fundada en un bello entorno natural al abrigo de los Alpes austriacos, cuyas estribaciones más próximas se hallan a menos de 30 km. Su sereno centro antiguo, un dédalo de callejuelas que se abren a plazas monumentales, se extiende a los pies del Mönchsberg (la colina de los Frailes), con el río Salzach al otro lado como límite natural.

Precisamente fue su privilegiada ubicación la que la ayudó a convertirla hace siglos en una de las ciudades-estado más poderosas de Centroeuropa, sede episcopal desde el año 739, a partir de cuando empezaron a construirse iglesias, basílicas y palacios residenciales. Además ya en la Edad Media, la sal y el hierro que se extraían en la región se intercambiaban por vino, especias, tejidos... Todo contribuyó a que Salzburgo se fuera embelleciendo hasta ser apodada «la Roma del Norte».

Quizá sea por su emplazamiento o la armonía y buena conservación de su patrimonio; o puede que por estar adornada con fuentes, espaciosas plazas y zonas verdes; o por sus continuas referencias a su amor por la música. Hoy Salzburgo es un destino que no decepciona, hermoso y distinto en cada estación del año, una joya artística Patrimonio Mundial de la Unesco. Y para visitarlo, nada como esta guía en la que sus imprescindibles están ordenados de menos a más. 

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En el #7: Museos de Salzburgo, un viaje del pasado al futuro

El Castillo de los príncipes-obispos, la casa natal de Mozart o el Palacio Mirabell son solo tres ejemplos del refinamiento cultural que ya impregnaba Salzburgo hace siglos. Aquella actividad perdura y se descubre hoy en una decena de museos. El más innovador de ellos es el Museo de Arte Moderno Mönchberg, un centro cultural que preside la emblemática colina de Salzburgo y que exhibe obras de artistas internacionales de los siglos XX y XXI. Otro museo interesante es la Casa de la Naturaleza, de ciencias y etnografía, que invita a realizar un viaje a los orígenes de la región desde la época de los dinosaurios. Pero el más visitado, y varias veces premiado, es el Salzburg Museum, instalado en el magnífico Palacio de la Nueva Residencia. Además de mobiliario y objetos de arte, las instalaciones multimedia ayudan a recrear la historia de la ciudad.

 
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En el #6: El Palacio de Hellbrunn y sus juegos de agua

El Mönchsberg o colina de los Frailes, donde se emplazó la defensiva fortaleza medieval, fue posteriormente una zona de esparcimiento para los príncipes-obispos y nobles de la ciudad, que construyeron en ella sus palacios de recreo. Hoy se puede visitar el Palacio Leopoldskron (siglo XVIII), considerado el mejor ejemplo de rococó austriaco. Y también, más bello aún, el Palacio Hellbrunn (1615), rodeado de bosques y con jardines decorados con fuentes escultóricas, estatuas y caprichos barrocos como sus juegos de agua, de los que siguen disfrutando tanto los visitantes como los propios salzburgueses. El interior de este edificio alberga una exposición con la historia del palacio.

 
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En el #5: Las sorpresas de la Ciudad Nueva

A pesar de su nombre, la llamada Ciudad Nueva es en realidad un barrio monumental que empezó a desarrollarse en la otra orilla del río Salzach a partir del siglo XVII. La zona está dominada por la Kapuzinerberg, la otra gran roca que defiende Salzburgo y que lleva el nombre de los monjes capuchinos que en el siglo XVI fundaron un monasterio en una de sus laderas. Son muchos los atractivos que pueden descubrirse entre las calles de la Ciudad Nueva, estas más anchas que en el casco viejo, desde donde se llega cruzando el curso del Salzach por el puente Staats.

Al otro lado recibe la Plaza de Makart, un hermoso espacio que preside la Iglesia de la Santa Trinidad, considerada uno de los templos barrocos más importantes y delicados de la ciudad. Al morir el pintor de Salzburgo Hans Makart se decidió poner su nombre a este espacio en el que tanto había jugado de niño.

En la misma plaza se puede visitar una de las viviendas en la que se vivió la familia Mozart entre 1773 y 1787. Se habían trasladado allí desde el núcleo antiguo, buscando una residencia acorde al éxito que había adquirido el niño prodigio. Esta casa es una de las etapas de la Ruta de Mozart que, a poca distancia, también se detiene en el Mozarteum, uno de los conservatorios de música más prestigiosos de Europa y sede la fundación dedicada a promover el legado del músico. Allí se exponen partituras originales e instrumentos que pertenecieron a los Mozart. En el jardín se ha reconstruido una cabaña que recuerda el modesto lugar en el que fue compuesta La flauta mágica.

A solo unos pasos del Mozarteum, en la calle Schwarzstrasse, Mozart vuelve a surgir en el delicioso Teatro de Marionetas, donde únicamente se representan sus óperas con las voces grabadas de artistas de renombre.

Algo más lúgubre es la visita a la Iglesia de San Sebastián que incluye un cementerio que desde el siglo XV estaba destinado a personas pobres, o víctimas de lepra u otras plagas. Allí fueron enterrados varios miembros de la familia Mozart, entre ellos su padre Leopoldo y su esposa Constanza. Los restos de Mozart, en cambio, fueron sepultados en una fosa común de un cementerio de Viena, ya que no hubo dinero para costear un entierro digno.

 
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En el #4: Getreidegasse, el corazón medieval de Salzburgo

El callejón del Grano, de origen medieval, era entonces y es ahora el corazón comercial de la ciudad. En esta estrecha vía se suceden casas de antiguos gremios medievales, muchas con patios interiores, hoy ocupados por galerías de arte y cafés tranquilos. Las fachadas multicolores, adornadas con letreros de hierro forjado que indicaban los oficios, tienen amplios portales y ventanas que disminuyen de tamaño a partir del primer piso. A menudo los dinteles indican el año en el que fue construido el edificio, o el nombre de su primer propietario, o tienen cincelado el ojo protector de Dios. En esta calle Mozart está omnipresente, ya sea en una estatua o en restaurante con su nombre, o con sabor a chocolate en cajas de bombones, o como una figurilla de recuerdo. Y es que muchos edificios de esta vía medieval están ahora ocupados por confiterías y tiendas de recuerdos, además de posadas históricas y negocios tradicionales.

Pero sin duda lo más destacado de esta emblemática vía se sitúa en el número 9, donde está la Casa Hagenauer en la que Mozart vino al mundo en 1756. Aquel estrecho edificio de suelos de madera y pequeñas habitaciones donde se exhiben objetos e instrumentos del niño compositor, es hoy uno de los museos más visitados de Austria.

 
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En el #3: El Palacio y los jardines de Mirabell

El Palacio de Mirabell es el principal aliciente monumental de la llamada Ciudad Nueva de Salzburgo. Fue construido el año 1606 por orden del príncipe-arzobispo Wolf Dietrich como regalo para su amante Salomé Alt con la que tenía varios hijos. Se trata de un magnifico conjunto palaciego, cuyos jardines se hicieron mundialmente famosos tras aparecer en la película Sonrisas y lágrimas (1965) en la escena de la canción de Do, re, mi. En la Sala del Mármol, antiguo salón de baile del príncipe-arzobispo, tocaron su música Leopoldo Mozart padre y sus hijos Wolfgang y Nannerl. Hoy en día en él se celebran bodas, conferencias, homenajes y conciertos. La Escalera de los Ángeles, que conduce a esta sala, está decorada con muchos querubines.

Los Jardines de Mirabell se rediseñaron hacia el año 1690 en época del arzobispo Johann Ernst von Thun. Con vistas hacia la fortaleza de Hohenzalzburg, mantienen las formas geométricas características de la época del barroco. Entre sus rincones más bellos destacan el de la fuente con la estatua ecuestre de Pegaso (1913); la Gran Fuente con grupos de figuras realizadas en 1690 por Ottavio Mosto, que simbolizan los cuatro elementos: fuego, aire, tierra y agua; el Jardín de las Rosas, con aromáticos parterres de rosaledas; y La Orangerie, que hoy se utiliza como invernadero de palmeras.

 
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En el #2: La Fortaleza de Hohensalzburg

La figura de esta fortificación domina la vista de Salzburgo. Sin duda es el símbolo de la ciudad, además de una de las mayores edificaciones defensivas medievales construidas en el norte de los Alpes. Sus orígenes se remontan al siglo XI, aunque fue ampliándose hasta el XVIII, hasta transformarse en una confortable y lujosa residencia para los príncipes-obispos. La imponente Hohensalzburg representó desde su origen el poder de aquel estado independiente, en el que cada uno de los 24 príncipes-arzobispos dejaron su huella y excentricidades. Su visita es imprescindible, no solo por estar considerada uno de los mejores recintos fortificados de Europa: también por las vistas que ofrece desde la colina Mönchsberg sobre la que fue edificada.

Desde el casco antiguo, una empinada cuesta con escalinatas en algunos tramos conduce hasta la entrada al recinto. Asimismo se puede ascender con un funicular cuya estación se halla en la calle Festunggsgasse y que deja en un mirador desde el que se contempla Salzburgo.

A los pies del macizo también se puede visita el Felsenreitschule, el gran palacio de festivales y congresos de la ciudad, un espacio excavado en la misma roca de la colina, que conserva la fachada de las que eran las caballerizas de los príncipes-arzobispos. Hoy es uno de los escenarios principales del Festival de Salzburgo y de casi todas las grandes manifestaciones culturales de la ciudad, como la Mozartwoche de enero, este año del 27 al 31, excepcionalmente en streaming.

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En el #1: El Dom Quartier, barrio de la Catedral

El camino que desciende desde el Castillo hacia el centro pasa primero por la Basílica de San Pedro, erigida originalmente por San Ruperto, el fundador de la ciudad hacia el año 700, y hoy remodelada en estilo barroco. El santo eligió el solar de la antigua Iuvavum romana para edificar su templo, semilla de un nuevo arzobispado que finalmente fue declarado el año 798. La calle que viene del castillo culmina frente a la Catedral, corazón del Dom Quartier y símbolo de una ciudad que deseaba parecerse a Roma. Fue construida por el arquitecto Santino Solari en el siglo XVII, en el solar donde se habían demolido un templo anterior y medio centenar de casas medievales que habían sido dañadas por un incendio La idea era crear una gran iglesia al estilo de las de Roma. Su construcción y la remodelación del espacio colindante dieron pie a la apertura de cuatro monumentales plazas interconectadas entre sí, que hoy siguen articulando el corazón de Salzburgo. La fachada de la Catedral sirve de telón de fondo a las representaciones teatrales del Festival de Salzburgo, cuya primera edición se realizó en 1920.

La Plaza de la Residenz o del Palacio Espiscopal es la más elegante y grandiosa de las que rodean a la Catedral. Con una fuente barroca en el centro, el edificio fue erigido entre 1596 y 1619 para ser la nueva residencia de los príncipes arzobispos que gobernaron Salzburgo, antes instalados en el Castillo. Hoy ha sido transformado en un museo y pinacoteca, cuyas visitas guiadas muestran el fausto con el que vivieron sus ocupantes, entre salones inmensos y valiosas obras de arte. Aquí dio Mozart su primer concierto con solo seis años y también fue el escenario de históricos encuentros como el que hubo entre Napoleón III y el emperador Francisco José en 1867.

En esta sinfonía de plazas destacan también la de Kapitel, con un gran tablero de ajedrez en el pavimento y la fuente de Neptuno; la Plaza de Mozart, con un monumento dedicado al compositor frente a la Iglesia de San Miguel; y la cercana Alter Markt, antigua plaza del mercado, otro espacio con resonancias mozartianas: en ella se puede disfrutar del ambiente tranquilo y elegante del Café Tomaselli, abierto desde el siglo XVIII, en cuyo piso superior vivió durante años Constanza, la viuda de Mozart.

 

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