Guadalajara monumental

De Sigüenza a Atienza por castillos, pueblos y joyas románicas

Entre estas dos localidades se extiende un paisaje cultural que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad.

Más allá de la rima consonante entre sus nombres y de una carretera comarcal, la CM-110, sencilla de seguir, Sigüenza y Atienza protagonizan una ruta ideal para adentrarse en un territorio de Guadalajara despoblado rico en arte románico y parajes desnudos perfectos para una excursión. Porque en estas latitudes, frías y abruptas, las paredes de arenisca y caliza parecen brotar de los riscos hasta coronarse en los humildes tejados. Y de ahí, hasta el cielo.

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ESY-061236440. Sigüenza desde su castillo

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Sigüenza desde su castillo

Por eso, se llegue por donde se llegue a Sigüenza, lo primero que dilata las retinas es su castillo, al que el viajero acude magnetizado por su estampa medieval. Y, por supuesto, por un emplazamiento desde el que se domina todo. Su portentosa estampa, que data del siglo XII, ha sido embellecida y ampliada con el tiempo, siendo la barbacana levantada por el Cardenal Mendoza hace ya 500 años su elemento defensivo más fotogénico. En su interior, hoy rehabilitado como Parador Nacional, aún queda rastro de aquella vida nobiliar, sobre todo el salón de Doña Blanca de Castilla, quien estuvo cuatro años recluida entre estos muros tras ser repudiada por Pedro I. Un pequeño cuarto que sobresale del muro exterior recuerda este cautiverio, aunque sus elementos decorativos distan mucho de ser coetáneos a dicha reina consorte.

shutterstock 1816573100. Callejeando por Sigüenza

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Callejeando por Sigüenza

El manual de visita de Sigüenza solo sigue una ley, la de la gravedad. Desde la colina en la que se asienta el castillo, las travesañas y callejones proponen un zigzagueo donde los hallazgos son constantes. Entre los más significativos destaca la Casa del Doncel, una obra sobresaliente del gótico civil castellano que esconde algunos detalles y filigranas mudéjares o la iglesia de San Vicente Mártir, cuyo pórtico es tan románico que los guías locales fanfarronean con que fue el que inspiró los billetes de 10 euros. Eso sí, el máximo homenaje posible a este estilo se despliega en la iglesia de Santiago, cuya coraza bombardeada en la Guerra Civil hoy abriga un centro de interpretación dedicado a las ermitas y templos de la zona, además de atesorar el único resto musulmán de la actual Sigüenza: los cimientos de una torre defensiva.

shutterstock 2141093033. La Sigüenza más sacra

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La Sigüenza más sacra

La Plaza Mayor es la otra postal prometida de toda escapada a esta localidad. Es el epicentro de la ciudad que los obispos decidieron levantar en la Baja Edad Media para salvar el vacío entre el río Henares y el castillo. Aquí emplazaron el mercado, flanqueado por casonas que fueron concedidas a religiosos de alta alcurnia. En un extremo, el Ayuntamiento sigue siendo la fachada más espléndida de esta ágora. En el otro, la Torre del Gallo, antaño atalaya de vigilancia, marca la presencia de la Catedral de Santa María. Sin resultar un templo majestuoso, sorprende por albergar ampliaciones y añadidos de casi todas las épocas y por ser aún testigo, a través de los agujeros de metralla, de las escaramuzas de la Guerra Civil.

Emplazada en la capilla más sobresaliente de la catedral, este sepulcro de El Doncel sorprende por su belleza y su serenidad. No en vano, la familia de Martín Vázquez de Arce, fallecido en plena Reconquista a los 25 años, quiso que fuera recordado como un caballero culto, con un libro en la mano, algo insólito en el siglo XV.

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shutterstock 1298894878. Peregrina entre buitres

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Peregrina entre buitres

Para ensanchar la visita a Sigüenza es aconsejable pasear por su Alameda y acercarse a Peregrina, una pedanía que está resurgiendo gracias al impulso del turismo rural. Los restos de su castillo ejercen de faro para los que van en busca de cascadas, buitres y pozas por las sendas del Barranco del río Dulce.

shutterstock 1352537504 (1). Palazuelos intramuros

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Palazuelos intramuros

Un recodo de la comarcal 101 permite despedirse de Sigüenza con una panorámica antes de adentrarse en la cuenca del río Salado. El paisaje se alfombra con cereales en una vaguada generosa con numerosos hallazgos. El primero es Palazuelos, el único pueblo completamente amurallado de Guadalajara, donde destaca el castillo –hoy de propiedad privada–, el viejo horno y las plazuelas que se improvisan intramuros.

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Del negro al lavanda

Guadalajara de pueblo en pueblo

shutterstock 1392121760. Carabias y los arcos de San Salvador

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Carabias y los arcos de San Salvador

El segundo, la iglesia románica de San Salvador de Carabias, cuya galería porticada es de una delicadeza inesperada. Los veinte arcos de su galería son una obra cumbre del románico rural.

shutterstock 2152705511. La Riba de Santuiste y su castillo sobre el valle del Río Salado

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La Riba de Santuiste y su castillo sobre el valle del Río Salado

El río Salado aparece sin apenas intuirse bajo la atenta mirada del castillo de Riba de Santiuste. Este castillo del siglo XII-XIII se yergue sobre una cresta de empinadas laderas. Su forma estrecha y alargada se adapta perfectamente al terreno. Las tropas francesas lo bombardearon durante la Guerra de la Independencia en el siglo XIX. Las salinas de Imón, otrora fuente de riqueza para la comarca, hoy están en un reprochable estado de abandono pero no dejan de ser un oasis de colores rosáceos entre los trigales. Más adelante, el cauce esculpe unas hoces que son el último antojo natural antes de Atienza.

 

shutterstock 247071289. Atienza, la Roma de Guadalajara

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Atienza, la Roma de Guadalajara

Desde la lejanía, esta localidad parece seguir el mismo esquema de Sigüenza, con una fortaleza y callejuelas a su alrededor. Sin embargo, la Atienza más monumental pivota en torno a la Plaza del Trigo, rodeada por fachadas encaladas de entramado visto. Esta estampa, unida a los arcos de la vieja muralla y al castillo, constituyen los monumentos civiles de esta pequeña Roma de la Sierra Norte. Un apelativo que no es hiperbólico si se contabilizan las iglesias, ermitas y conventos que visten sus calles. De hecho, un ticket común permite visitar varios templos con el argumento de que vertebran un museo difuso de arte sacro. Sin embargo, el más significativo de ellos es un secreto para la mayoría. Se trata de la portada de Santa María del Rey, una iglesia defendida por el cementerio local, en cuyas arquivoltas el románico se entroniza como un estilo fascinante en este microcosmos rural.

Sigüenza