Calma brava

Sueño de un día de verano en el Baix Empordà

Torroella de Montgrí y Palamós solo distan 25 km, pero en su territorio ofrecen un sinfín de atractivas propuestas para enamorarse y caer rendidos en un solo día a los encantos del Empordà.

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Torroella de Montgrí. ¡Bonjour, mon amour!... desde el castillo

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¡Bonjour, mon amour!... desde el castillo

Aún no ha amanecido, pero hay que ponerse calzado adecuado para caminar, meter en una mochila unas gafas de sol, una gorra, una linterna y algo para comer, e iniciar una carrera para ganar al sol. La idea es llegar a los pies del macizo del Montgrí poco antes de que amanezca. Así es más emocionante la ascensión al castillo de Montgrí, a 303 m de altitud. La excursión está señalizada, es fácil y dura poco más de una hora, lo justo para llegar y sentarse a contemplar el sol elevándose sobre el horizonte, mientras se reponen fuerzas con un pequeño picnic. Esta montaña, cuya silueta parece un obispo estirado con su mitra en la cabeza y el castillo como si fuera el anillo de su dedo, se considera la frontera natural entre las comarcas del Baix y Alt Empordà.

iStock-1133655038. Mercados que se pasean... y se saborean

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Mercados que se pasean... y se saborean

Con el primer reto cumplido, es hora de dedicar la mañana a deambular por alguno de los mercados más atractivos de la zona, donde se pueden adquirir frutas, verduras y flores que venden los mismos agricultores. O lo que es lo mismo, productos de cercanía y sin intermediarios. Torroella de Montgrí y Palafrugell tienen los mercados más nutridos y animados, y esta última localidad –Palamós también– cuenta además con una lonja de pescado que llega a las cubetas de hielo recién capturado. Rematar la mañana en la Plaça Nova de Palafrugell, con un café con leche y uno de los famosos croissants del horno Can Baldiri, sin duda hace olvidar el madrugón.

iStock-1020578100. Lo que te rondaré, morena

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"Lo que te rondaré, morena"

Llega la hora de disfrutar del mar y de las playas de la Costa Brava. Unos preferirán seguir el Camino de Ronda hasta alguna cala menos accesible, pero de belleza intacta. Otros quizá prefieran un ambiente marinero, con barcas de pescadores varadas sobre la arena o el mar, así que elegirán Calella de Palafrugell, Llafranc y Tamariu (en la zona del Cap Roig), o Sa Riera, Sa Tuna y Aiguafreda, en el cabo de Begur. Para los amantes de los arenales de dunas, la playa de Pals es un destino excepcional por su amplitud en la Costa Brava, casi tan extensa como la playa de L’Estartit, donde se puede salir a navegar en los cruceros que zarpan desde su puerto o participar en salidas para practicar submarinismo en la Reserva Marina de las Islas Medes (se requiere permiso para ello).

iStock-1137357299. Ruralismo gastronómico

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Ruralismo gastronómico

El trayecto entre Torroella de Montgrí y Palamós cuenta con deliciosas carreteras secundarias y caminos para seguir en bicicleta. Encajadas entre campos de cereales, manzanas y arrozales, todas llevan o pasan por pueblos medievales, cada uno con su iglesia con campanario y masías en activo, reformadas como segunda residencia, convertidas en alojamientos rurales y con encanto, y también en restaurantes. Entre otros pueblos medievales con amplia oferta gastronómica destacan Pals, con un perfil inconfundible dominado por la Torre de les Hores; Peratallada, amurallado, con calles empedradas y restaurantes de toda la vida como el Bonay; Sant Feliu de Boada, donde destaca la masía de Can Bach, con carnes y vinos excelentes; o Palau Sator, con el restaurante Mas Pou, entre otros. Quienes prefieran comer bien instalados y disfrutando de la brisa marina puede acudir a los restaurantes del puerto de Palamós, donde es obligado pedir las gambas rojas que han hecho famosa a la localidad. Llegados aquí, toca siesta en una playa o disfrutar de vistas al mar desde alguna terraza.

museo-can-mario 3243299. Tardeo contemporáneo

Foto: Museu Can Mario

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Tardeo contemporáneo...

La tarde puede ser un momento adecuado para una visita cultural. Y no todo es Dalí. Por eso, merece la pena descubrir el Museu del Suro (corcho) de Palafrugell, producto que trajo prosperidad a la zona, el Museu Can Mario en el mismo pueblo, y el Palau Solterra de Torroella de Montgrí, ambos sedes de espléndidas colecciones de escultura y arte contemporáneo de la Fundació Vila Casas, consideradas entre las mejores de España. También tienen mucho encanto las galerías de arte de Begur, donde exponen su obra artistas noveles. Otra idea es salir de compras y adquirir algún recuerdo artesanal como la cerámica típica presente en muchos pueblos, aunque es en la capital comarcal, La Bisbal de l’Empordà, el lugar más importante para esta artesanía.

iStock-590156130. O al aire libre

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...o al aire libre

Al aire libre se puede disfrutar de un relajado paseo por los senderos del Jardín Botánico de Cap Roig, con sus árboles y flores cultivadas hasta los acantilados. Los más activos dedicarán la tarde al deporte, participando en cursos de windsurf, jugando a tenis o a golf en el picth & putt de Gualta o en alguno de los dos campos de la zona, El Empordà y el Real Club de Golf de Pals, este el primero que hubo en la Costa Brava, inaugurado en la década de 1960. Cuando empieza a caer la tarde, despegan las avionetas del Aeroclub de Pals que realizan cortos paseos sobrevolando la zona. El chill-out del mismo Aeroclub es lugar habitual de reunión para tomar una copa a la hora del atardecer.

Ala Brava

Foto: Ala Brava

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Atardecer con sabor

Cenar cerca del mar, con amigos o en plan romántico, es una de las experiencias más inolvidables de un día de verano en el Empordà. Hay tabernas de sabor marinero en Tamariu. Terrazas con vistas al mar en Calella de Palafrugell, por ejemplo la del Hotel La Torre, o junto a los acantilados, como en el Mar i Vent de Aiguablava o El Far de Llafranc. Restaurantes con las mesas rozando la arena, como las de El Nou Hostal de Sa Tuna o el Hostal Ses Negres en Sa Riera. Como última tendencia, algunos típicos chiringuitos de playa se transforman de noche en coquetos restaurantes en los que se puede cenar a escasos metros del mar, escuchando el rumor de las olas. Es el caso de Ala Brava, Sivana y el UM (Ultramar), todos en la playa de Pals.

Terraza Aiguaclara. Noches infinitas

Foto: Aiguaclara

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Noches infinitas

Nuestra noche de verano puede acabar acudiendo a algún concierto en las plazas de muchos pueblos o en pequeñas iglesias, escuchando a un DJ en un bar de copas como el del hotel y restaurante Aiguaclara de Begur, para luego ir a bailar a alguna de las las carpas al aire libre que se instalan por toda la Costa Brava.

Ala Brava

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