Pasión dravídica

Tamil Nadu y Kerala: la cara más apacible de La India

El sur del país maravilla con su carácter abierto y con sus tesoros artísticos y naturales.

Tamil Nadu y Kerala, junto con Karnataka, Andra Pradesh y Telangana, forman los cinco estados dravídicos de la India. El eje norte-sur se manifiesta en la India en el polo indoario del norte y el dravídico del sur. El norte habla lenguas indoeuropeas que derivan del sánscrito; el sur, lenguas dravídicas. No conocemos el origen exacto del pueblo dravídico, aunque se cree que llegó a la India hace unos seis mil años procedente de Oriente Medio.

El cruce entre el elemento dravídico y la influencia del norte produce la cultura dravídica actual. Es una India que come arroz en lugar de chapatis (pan plano de trigo), que bebe café en vez de té y que adorna el pelo de sus mujeres con flores en lugar de cubrirlo con el colorido sari. El sur se siente muy orgulloso de su identidad dravídica que lo diferencia del norte. «La comida es más picante en el sur y la gente más amable», dice Sunthar, el taxista que nos recoge en el aeropuerto. Es un mito entre muchos viajeros que, tras la trepidación del norte, buscan en el sur una India más apacible.

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iStock-482020010. Entre lo colonial y lo moderno

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Entre lo colonial y lo moderno

Chennai es la puerta a este mundo dravídico. Una ciudad eminentemente cultural, que al mismo tiempo se ha convertido en un gran centro tecnológico. Abierta al mar con una de las playas más grandes del mundo, Marine Beach, combina el encanto de una vieja ciudad colonial y de una metrópolis moderna. En los barrios de Mylapore y Triplicane descubriremos el embrujo del Chennai tradicional. La cultura callejera en torno al templo de Parthasarathy (siglo viii) y a la gran mezquita de Triplicane combina elementos hindús y musulmanes. En Mylapore el elemento cristiano se añade al hindú con la catedral de Santo Tomás construida en el siglo xvi por los portugueses sobre la supuesta tumba del apóstol.

iStock-466144789. Multiculturalismo gastronómico

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Multiculturalismo gastronómico

Aquí el multiculturalismo parece natural. Nadie entendería la prohibición de llevar velo o turbante, ni ninguna restricción en la ostentación de signos religiosos. Este multiculturalismo se muestra también en la comida. En las calles de Mylapore podemos comer tanto especialidades propias del sur de la India, como los deliciosos biryanis (arroces) musulmanes de pollo o cordero. El acto de comer constituye todo un ritual en esta parte del país. Primero se despliega la hoja de plátano, luego se coge el vaso de agua con la mano izquierda, se coloca un poco de agua en la derecha y a continuación se rocía la hoja. Podemos pensar que es para limpiarla, pero no se trata solo de eso. En realidad se está asperjando la hoja para bendecir la comida mientras, los más

expertos, recitan mentalmente unos mantras. En el sur no se tiene pudor alguno a la hora de comer con los dedos. Si en el norte se procura envolver los alimentos en el chapati, en el sur se hunde la mano en el plato, sin excusas ni disculpas, mezclando el arroz con las salsas en un movimiento circular.

iStock-944112198. La danza como rasgo de identidad

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La danza como rasgo de identidad

Chennai es la capital de un rasgo distintivo de la cultura dravídica: la música carnática y la danza bharat natyam. La India tiene dos tradiciones de música clásica: la hindustani del norte y la carnática del sur. La música del norte sufrió influencias persas y árabes. La del sur se mantuvo más fiel a los antiguos tratados, con un repertorio consolidado de composiciones. La música hindustani avanza dibujando trazos melódicos cada vez más rápidos y complejos. La carnática se despliega en una progresión espiral, envolviendo al oyente en volutas sonoras. Asistir a un concierto o un espectáculo de danza en Chennai constituye una experiencia inolvidable.

iStock-476693603. Piedras, jardines y playas

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Piedras, jardines y playas

Chennai tiene un patrimonio arquitéctonico muy interesante, tanto en los templos más antiguos –por ejemplo Parthasarathy y Kapiléshvar–, como en la arquitectura británica de estilo indosarraceno. Habrá, sin embargo, que desplazarse hasta Mahabalipuram, unos 60 km al sur de Chennai, para saborear la antigua arquitectura tamil.

Mahabalipuram es un sueño de piedra, jardines y playas, relieves esculpidos en la roca, templos monolíticos, cuevas labradas, carrozas de granito que hacen las veces de templos. Ahora un pueblo somnoliento, en el siglo viii fue uno de los puertos más importantes del Índico. A sus orillas abordaban las naves tan repletas de riquezas que parecían a punto de reventar, con sus cubiertas cargadas de elefantes y montañas de piedras preciosas.

iStock-579760012. Un poema hecho ciudad

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Un poema hecho ciudad

Fundada por el rey pallava Narasimhavarman en el siglo vii, la ciudad de Mahabalipuram alberga más de 400 monumentos donde se reproducen escenas y personajes del Mahabhárata, el largo y milenario poema épico indio. El famoso relieve en roca Descenso del Ganges es uno de los más grandes del mundo. Antiguamente la ciudad era conocida como la Ciudad de los Siete Templos, que se avistaban ya desde el mar rompiendo la línea de la costa. De los que se hallaban junto al océano hoy solo queda uno, el llamado Templo de la Orilla. Mahabalipuram es un espacio de descomprensión, donde uno puede relajarse del bullicio de las ciudades indias. Los jardines, las playas, los templos y la vida tranquila del pueblo nos devolverán la imagen, cada vez más huidiza, de una India contemplativa.

shutterstock 244101571. Más de mil templos

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Más de mil templos

Podemos viajar de Mahabalipuram a Kanchipuram en tren, autobús o taxi en un trayecto que durará un poco más de una hora. Kanchipuram, denominada «la ciudad de los mil templos», se considera una de las siete ciudades sagradas de la India y, al igual que Benarés, no fue solo un centro del hinduismo, sino también del budismo y del jainismo. Aunque otros lugares se disputan su origen, se dice que en ella nació Bodhidharma, el monje que llevó el budismo a China en el siglo v o vi. Entre sus templos cabe destacar los de Varadharaja Perumal, Ekambareswarar y Kamakshi Amman. La ciudad es importante para las dos principales corrientes del hinduismo (el shivaísmo y el vishnuismo) y en ella se encuentra uno de los cinco centros del vedanta (escuela de filosofía dentro del hinduismo) no dualista de Shánkara. Kanchipuram tiene fama también por sus saris de seda bordados con hilos de plata bañados en oro, muy preciados en toda la India.

GettyImages-522998043. Los Himalayas del sur

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Los Himalayas del sur

Para cubrir los 467 km de Kanchipuram a Ooty, la capital de las Montañas Azules (Nilgiri) a una altitud de 2250 m, lo mejor es alquilar un coche con conductor y recorrer en 9 horas la ruta poco conocida que pasa por Vellore, Krishnagiri y Mettur bordeando el norte de Tamil Nadu a través de pequeñas cadenas montañosas. Otra opción consiste en volver a Chennai para tomar el Nilgiri Express hasta Mettupalayam y de ahí viajar hasta Ooty en uno de los trenes a vapor más antiguos de Asia. La ruta pasa por parajes de gran belleza y forma parte del Patrimonio de la Unesco.

La estación de montaña de Ooty enamoró a los ingleses, que hicieron de ella su capital de verano a finales del siglo xix. En Ooty se disfruta de la belleza de las Montañas Azules, llamadas así por las flores azuladas del kurinji, que eclosionan cada 12 años –la próxima gran floración es en 2030–. El pico más alto, el Doddabetta (2673 m), se halla a 9 km de Ooty en medio de un paisaje amable de colinas verdes, lagos serenos y plantaciones de té donde reina una eterna primavera. Las Nilgiri, como sus vecinas del sur, las Cardamom Hills, son montañas tropicales con una biodiversidad extraordinaria. Muy cerca se encuentra el Parque Nacional de Madumalai, un santuario natural con una fauna impresionante: elefantes, tigres, leopardos, gaur o bisonte indio, hienas rayadas, osos perezosos…

iStock-522478216. Rumbo a Kerala

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Rumbo a Kerala

Nuestra ruta propone atravesar las montañas Nilgiri y descender luego hasta Kerala, alejándonos de los caminos trillados. Lo ideal es hacerlo en coche o en autobús. Incluso se puede hacer andando en tres días hasta Vazhikkadavu por propia cuenta y riesgo, como tuve la fortuna hace ya años. Saliendo de Ooty la primera parada será Wenlock Downs, con vistas magníficas sobre el lago Pykara. Se puede pasar la noche en Woodbrook Resort, continuando luego hasta Gudalur y de ahí hasta Nadugani atravesando una jungla tropical donde abundan los elefantes salvajes. Desde Nadugani a Vazhikkadavu descendemos unos 800 m mientras contemplamos desde la altura la gran llanura de Kerala tapizada de arrozales y cocoteros.

Las Backwaters son una red acuática navegable de 900 km de canales, brazos de mar, ensenadas, ríos y lagos, cuyo corazón se localiza en la laguna de Vembenad. Se formaron por acumulación de bancos de arena depositados por las olas del mar en las desembocaduras de los ríos y corren paralelos a la costa. El agua salada se mezcla con el agua dulce y se produce una mixtura salobre donde viven especies únicas de peces, tortugas, moluscos, anfibios y nutrias, entre otros animales. Desde Ernakulam hasta Alappuzha y de allí a Kollam, podemos escoger entre muchas opciones, viajando a través de los canales y durmiendo en casas flotantes. Es un paisaje de ensueño con el verde intenso de la vegetación, los cocoteros y palmeras, los reflejos del agua y el mar cercano.

shutterstock 373617046. Bendecida por los Dioses

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Bendecida por los Dioses

Kerala, al igual que Brasil, es una tierra bendecida por los dioses. No hace falta el cielo, habiendo lugares así en el planeta. La belleza de sus playas es incomparable y podemos disfrutarla en Kovalam, popularizada por los hippies a principios de los 70, aunque era ya conocida por los marajás de Kerala en los años 20. Kovalam tiene tres playas separadas por formaciones rocosas en un arco de 17 km de costa.

Kanyakumari, el Cabo de la Virgen, es el Finisterre indio. Más al sur no hallaremos tierra alguna hasta la Antártida. Los tamiles creen en la existencia de un continente sumergido, Kumari Kandam, la Lemuria tamil, donde se organizaron las dos primeras asambleas (sangam) que dieron inicio a su cultura. Kanyakumari es un lugar especial, el vértice donde se destila la esencia de la espiritualidad india. Vivekananda, el gran reformador del hinduismo, acostumbraba a meditar en la roca-isla donde ahora se alza un monumento. Nada mejor que el mar para meditar en el Brahman infinito, que absorbe todos los deseos sin inmutarse, como el océano las aguas de los ríos.

shutterstock 1487153798. Monumentos y atardeceres

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Monumentos y atardeceres

Gandhi visitó Kanyakumari un par de veces y sus cenizas fueron depositadas aquí antes de lanzarlas al mar. Un edificio conmemorativo, en puro estilo Disney, ha sido construido en el lugar exacto donde se colocó la urna. Al lado de la roca de Vivekananda, en una isla vecina, se encuentra la estatua gigante de 29 m de Thiruvalluvar, el autor del Thirukkural, la obra fundacional de la ética tamil.

Más allá de los monumentos la atracción principal es la contemplación del amanecer y el ocaso desde un mismo sitio. El sol es una divinidad en la India. Ver su salida y su puesta en compañía de más gente y en un espíritu de adoración produce una emoción difícil de explicar que nos recuerda la sacralidad de la naturaleza y de sus ciclos recurrentes.

iStock-539018188. Una ciudad a un templo pegada

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Una ciudad a un templo pegada

Madurai, 250 km al norte, es una ciudad construida en torno a su templo de Minakshi, con sus calles formando círculos concéntricos como si fuese un loto. Con un área de casi 6 hectáreas, 14 torres, salas de columnas y un estanque sagrado, el templo de Minakshi es una maravilla de la arquitectura dravídica que permite ver en acción al politeísmo más antiguo del mund. La atmósfera del templo es religiosa y festiva. La adoración y la contemplación se mezclan con el bullicio de la gente.

Cada noche la imagen de Sun-dareshwar (Shiva) es llevada al santuario de la diosa Minakshi, su esposa, para pasar la noche con ella. Los no hindús pueden asistir a esta procesión acompañada de cánticos, tambores, nubes de incienso y acólitos que abanican a la deidad para aliviarle el calor. No podrán, sin embargo, acceder al sanctasanc-tó-rum de las divinidades. Las torres, que simbolizan los diferentes mundos, están abarrotadas de coloridas figuras de animales, hombres, dioses y demonios que emergen de Kalamukha (las fauces del tiempo) colocadas en la cúspide. El hindú despierta, baña, acicala y da de comer a sus dioses; los humaniza para divinizar a la persona impregnada de devoción.

iStock-478012283. La ciudadela de las nueve puertas

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La ciudadela de las nueve puertas

Las cinco puertas exteriores de este templo simbolizan los 5 sentidos y las 9 puertas interiores corresponden a los nueve orificios corporales. En sánscrito el cuerpo es llamado la ciudadela de las 9 puertas y el corazón se considera su sanctasanctórum. El universo, como macrocosmos, se refleja en el microcosmos del cuerpo humano. El templo es el espacio intermedio donde se produce la intersección entre el cuerpo y el universo. La visión de la divinidad equivale a descubrir nuestra esencia divina en el interior del corazón.

iStock-458322121. El último secreto

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El último secreto

Podemos continuar hasta Thanjavur –con el fabuloso templo de Brihadisvara del siglo xi– y Chidambaran para retornar a Chennai; o bien ir hasta Rameswaram, desde donde Rama partió hacia Sri Lanka con su ejército de monos. Rameshwaran es una ciudad deliciosa, fuera del circuito turístico, un lugar de peregrinaje con un templo dedicado a Shiva y una línea de barco a la hermosa Ceilán. ζ

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Tamil Nadu y Kerala: la cara más apacible de La India

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