'Dolce vita'

Taormina, el rincón sibarita de Sicilia

Este balcón de la rivera del monte Etna continúa siendo aquel "paraíso en la Tierra" que definió Goethe, un lugar donde la vida es realmente bella.

“Todo lo que parece hecho en la tierra para seducir a los ojos, al espíritu y a la imaginación”. Así es como, muy sabiamente, describió Taormina el francés Guy de Maupassant. Pero no solo él cayó rendido a sus encantos. Audrey Hepburn, Truman Capote o Woody Allen también han sucumbido ante este rincón siciliano donde la vida es tan bella como sencilla. Y tal vez ahí resida su verdadero encanto en un lugar donde una passeggiata a través de sus empedradas callejuelas repletas de tiendas, restaurantes y por supuesto, deliciosas pastelerías, resulta el mejor de los pasatiempos.

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Taormina literaria

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Todo al dulce

Es en este paseo donde no puede faltar una parada en el Bam Bar para degustar una deliciosa y típica granita (granizado, crema y un brioche caliente), toda una religión a la hora del desayuno y una dura competencia al cannolo siciliano que, relleno de crema de queso ricota, tanto hacía suspirar a Tony Soprano. Lo ideal es continuar el paseo a lo largo de El Corso Umberto I, la arteria principal de Taormina. Y aquí, entre buganvillas y cerámicas artesanales, es de recibo hacer un alto en el camino en la Piazza Vittorio Emanuele, el Palazzo Corvaja, que fue sede del Parlamento siciliano en el siglo X y, en lo alto de Taormina, ante la iglesia de la Madonna della Rocca, un bello santuario que data del siglo XII y que está construido en la roca.

Llegados a este punto, y bajo el firme propósito de seguir disfrutando de esa dolce vita, esta vez gastronómica, es buena idea reservar mesa en encantadores restaurantes como Malvasía, La Botte o Maffei's, tres excelentes opciones donde degustar pasta casera y pescados y mariscos frescos acompañados de un buen vino de la variedad Grillo, muy popular en Sicilia.

Teatro Greco. Los cuatro elementos de Taormina

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Los cuatro elementos de Taormina

Taormina es pequeña y coquetona, perfecta para seguir el camino de adoquines que conduce directamente hasta el antiguo anfiteatro griego, el Teatro Greco, que cuenta con una de las ubicaciones más privilegiadas que existen y una acústica impresionante. Un lugar mágico en conjunción con los cuatro elementos del destino: el fuego del Etna, las aguas del mar Jónico, el poder del viento y la energía de la tierra.

Grand Hotel Timeo. El hotel de la Belle Époque

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El hotel de la Belle Époque

Todo el mundo debería poder asistir a cualquiera de las obras que se representan en la puesta de sol y dejarse seducir en la noche por uno de los hoteles más bellos del mundo, el Grand Hotel Timeo  que tiene el privilegio de compartir ubicación con el teatro, protagonismo con el Etna e historia con el resto del destino. Originalmente, el Timeo, comenzó siendo una especie de hostal sencillo y sin grandes pretensiones, y el hogar de Otto Geleng, el pintor que presentó a Taormina a la intelectualidad alemana del fin de siglo y quien la catapultó a la fama de la que hoy goza.

Dedicado a la hostelería desde finales del siglo XIX, sus gruesos muros han sido testigo de las andanzas de lo mejorcito de la Belle Époque hasta nuestros días, sin olvidar las visitas de Greta Garbo o Tennessee Williams en la llamada época dorada de Taormina, la auténtica dolce vita siciliana venida a más gracias al glamour de las estrellas de Hollywood.

Taormina. Todo al dulce

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Taormina literaria

Café y periódico en mano, no resulta complicado sentirse un auténtico siciliano en el histórico Bar Mocambo. El Mocambo no es como cualquier otro bar en Taormina, se trata de un lugar de culto que Tennessee Williams y Truman Capote utilizaron como fuente de inspiración, no obstante fue en Taormina donde Williams escribió parte de La gata sobre el tejado de zinc y Un tranvía llamado deseo.

Villa Sant’Andrea. A pie de playa

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A pie de playa

Diez minutos más tarde y en funicular, no existe mejor forma de terminar un viaje que descendiendo de las alturas hasta la playa y hasta la preciosa Isola Bella, que fue lugar de residencia del rey Fernando el I de las Dos Sicilias en 1800 y hoy es considerado monumento de interés histórico. Es el mismo tiempo que se tarda en llegar hasta la preciosa Villa Sant’Andrea con el firme propósito de disfrutar plenamente del mar Jónico y sentir el placer de dormir y despertarse con el sonido de las olas como auténtica canción de cuna siciliana. Este precioso hotel, perteneciente a la cadena Belmond, al igual que el Timeo, representa una sensual villa donde vivir, aunque sea por unos días, un auténtico sueño siciliano con vistas al mar.

Villa Sant’Andrea