¡Una de romanos!

Tarragona bien vale una escapada

Entre vestigios romanos y medievales, esta ruta parte de la antigua Tarraco para detenerse en los principales atractivos de la ciudad.

Siglos de historia impregnan la Part Alta de Tarragona, el barrio antiguo de la ciudad. Sus piedras aún nos hablan de cómo Tarraco, fundada en 218 a.C., acabó siendo una de las urbes más importantes del Imperio romano. El mismísimo Augusto residió en ella durante dos años para dirigir las campañas en la franja cantábrica. Aquella fue la única ocasión en que un emperador vivió fuera de Roma. Augusto la convirtió en la capital de la Hispania Citerior y la dotó de excelentes obras e infraestructuras.

 

Tras 500 años de presencia romana, la ciudad fue asaltada por las tribus bárbaras y posteriormente abandonada hasta su repoblación en la Edad Media. Los nuevos habitantes aprovecharon los muros y adoquines de la antigua Tarraco para reconstruir el lugar, pero todavía quedan muchos vestigios de la que fuera la capital imperial. 

 

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Muralla romana Tarragona. Recorriendo la muralla

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¡A recorrer la muralla!

En la Part Alta ambos periodos se superponen configurando un mosaico de la historia local. Se percibe por ejemplo en la antigua muralla de Tarraco, una magna construcción de 3,5 km que delimitaba su perímetro, y de la que se conserva más de 1 km. Este muro de fundamentos romanos y cuerpo medieval se puede contemplar dando una agradable caminata por el Passeig Arqueològic, paralelo a la muralla, decorado con estatuas como la de Augusto. Al final se llega al Portal del Roser, puerta de entrada a la Part Alta que da a la plaza del Pallol. Allí, el edificio de la Antigua Audiencia exhibe una impresionante maqueta de Tarraco en el siglo II, su época de máximo esplendor. 

 

Calles de Tarragona. Tarragona

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La huella medieval

A continuación se enlaza con el corazón del barrio a través de la calle Cavallers, eje de la ciudad medieval, con palacetes como la Casa Castellarnau, hoy Museo de Historia, o la Casa Montoliu, que aloja el Conservatorio de Música. Por la calle Mayor se llega a la plaza de les Cols, enclave de exhibiciones castelleres, tradición declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco (2010). Tarragona cuenta con cuatro colles castelleres, y cada dos años acoge un torneo que reúne agrupaciones de toda Cataluña. 

 

Catedral

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Una catedral sobre el templo de Augusto

En lo alto de la plaza, al final de la gran escalinata, se alza la imponente Catedral, obra de transición entre el románico y el gótico que se construyó sobre el templo de Augusto. A su derecha se abre la calle Mercería, con bellos arcos medievales que antaño cobijaban el mercado. En esta misma vía se halla la cerería Antiga Casa Corderet; fundada en 1751, es la segunda tienda más antigua de Cataluña que siempre se ha dedicado al mismo negocio. 

 

Plaça del Forum

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Hora del vermú

En Tarragona el clima es agradable todo el año. El mismo emperador Augusto afirmó que era el lugar «de la eterna primavera». De ahí que los bares con terraza inunden las plazas de la Part Alta, como se comprueba en la adyacente plaza del Fòrum donde, mientras se degusta un aperitivo, se pueden contemplar restos del muro angular del Foro provincial romano.

Circo de Tarragona. Circo

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Como un espectador romano

No muy lejos, en la plaza del Rei, se encuentra el MNAT, Museo Nacional de Arqueología de Tarragona, y también la Torre del Pretorio. A través de esta se accede a las gradas del circo romano de Tarraco que, con 325 m de longitud y aforo para 30.000 espectadores, acogía las carreras de cuadrigas. Se conservan los túneles por los que el público entraba al recinto. 

 

Anfiteatro Tarragona. Amfiteatro

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Un anfiteatro frente al mar

Para sentir la verdadera esencia de Tarraco merece la pena dar un paseo hasta el anfiteatro, una construcción excavada en la cornisa y al borde del mar, donde se celebraban las luchas de fieras y gladiadores. Tenía capacidad para 14.000 personas y también se usó para las ejecuciones públicas. El estado de conservación del recinto permite contemplar con gran claridad las gradas, separadas de la arena por un muro. Allí sentada, una parece escuchar el clamor del público jaleando a sus gladiadores. 

 

Balcón del Mediterráneo

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Asomarse al Mediterráneo

El anfiteatro, con el mar de fondo, es un fotogénico decorado, irresistible para todo cazador de instantáneas. También lo es el Balcón del Mediterráneo, un mirador sobre el Mare Nostrum y el puerto de la ciudad. Una tradición local asegura que, llegados allí, se debe "tocar ferro", una expresión que significa tocar hierro, en este caso el de la barandilla, para atraer la buena suerte. 

 

Puerto de Tarragona

Foto: Jorge Franganillo via Wikimedia Commons

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Arte en el puerto

Colmados de fortuna, merece la pena recorrer la pasarela que hoy discurre sobre las vías del tren hasta la playa del Miracle. Desde allí, un agradable paseo por el  moderno puerto deportivo conduce hasta el muelle comercial. El puerto de Tarragona es uno de los más importantes de España en cuanto a tráfico de mercancías, y en los últimos años despunta también entre los cruceros. En el muelle de Costa, donde suelen amarrar estos grandes navíos, se hallan los Tinglados, antiguos almacenes portuarios reconvertidos en salas de exposiciones que acogen arte contemporáneo en un ambiente industrial. En el otro extremo del muelle es interesante visitar el Museo del Puerto, con barcos y utensilios relacionados con la actividad comercial, náutica y pesquera en la ciudad desde época romana.

 

El Serrallo

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La esencia gastronómica del Serrallo

El barrio de los pescadores se conoce como el Serrallo. Frente a su puerto, bares y restaurantes ofrecen todo tipo de pescado, pero es en los locales típicamente serrallencs donde se pueden degustar platos como el romesco. Este guiso nació en los fogones de las barcas cuando los pescadores preparaban una picada con lo que tenían a mano (ajos, pan seco, pimiento seco...) y añadían a la cazuela la pesca del día. El romesco de Tarragona, que también da nombre a una salsa, es uno de los emblemas gastronómicos de la ciudad, aunque también presume de su gamba roja y de su pescado azul. 

Mercado central Tarragona. Mercado central

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Modernismo en el mercado central

El histórico mercado de Tarragona es el símbolo del comercio de proximidad en el centro de la ciudad. Inaugurado en 1915, ocupa un edificio modernista del arquitecto Josep M. Pujol de Barberà. El año 2017 concluyó la remodelación que recuperó la estructura original de este monumento catalogado, con sus techos de madera y columnas de hierro forjado. 

 

Amfiteatro Tarragona

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