Alaska en estado puro

The Sheldon Chalet: El refugio de montaña que pasó a ser un hotel de lujo

Con la cumbre más alta de Norteamérica como telón de fondo, y en un glaciar a 1.800 metros sobre el nivel del mar, también es uno de los hoteles más remotos del mundo.

Cualquier alpinista experimentado dirá que alcanzar su cima (6.193 metros) es uno de los retos más peligrosos de este noble deporte. Y es que el Denali, en Alaska, demuestra que la altura no lo es todo en una montaña. Lejos de los grandes ocho miles como el Annapurna, el Nanga Parbat, el K2 o el Everest, el Denali destaca por ser uno de los picos más septentrionales del mundo, a pocos grados del círculo polar ártico, algo que le confiere el honor de ser la montaña más fría fuera del continente antártico. Si a eso se le suma el hecho de que en estas coordenadas, la atmósfera es más delgada y por ende, la presión es más baja de lo normal, entonces el Parque Nacional Denali se convierte en uno de los lugares más remotos e inaccesibles del mundo.

 

Pues bien, en su interior se encuentra The Sheldon Chalet, un antiguo refugio de montaña convertido hoy en uno de los hoteles de lujo más preciados para aquellos que desean evadirse y disfrutar de la naturaleza más extrema y pura. Como detalle, está construido sobre un glaciar a 1.800 metros sobre el nivel del mar y rodeado de un anfiteatro de roca y nieve que se extiende 56 kilómetros. 

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Llegar, toda una experiencia

Foto: The Sheldon Chalet

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Llegar, toda una experiencia

Al Sheldon Chalet no se accede por tierra. El hielo, la nieve y los muros de granito hacen pacticamente imposible cualquier medio de transporte terrestre. La única manera de llegar hasta aquí es mediante un paseo de 45 minutos en helicóptero desde el pequeño pueblo de Talkeetna. Durante el trayecto, uno puede hacerse una idea de la magnitud y solemnidad del lugar. Poco a poco, las rocas ganan altura, posan la nieve en sus faldas y se vislumbran las primeras cumbres. Entre ellas, largas autopistas blanquecinas conducen los vientos polares hasta los glaciares o nunataks. Es en uno de ellos -el Glaciar Ruth- donde se asienta el hotel, la única edificación de uso exclusivo dentro del Parque Nacional Denali.

Gastronomía gourmet

Foto: The Sheldon Chalet

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Gastronomía gourmet

Nada más aterrizar, se recibe a los huéspedes con una botella de champán y un aperitivo. Forma parte de lo que el hotel denomina Alaska Gourmet, porque un lugar se experimenta por la vista, el tacto, el olfato, el oído y como no, el gusto. Para ello cuenta con un chef que nutre la carta con elementos propios de Alaska, como el marisco, la carne de caza y todo tipo de plantas y vegetales.

De refugio a chalet ecológico

Foto: The Sheldon Chalet

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De refugio de montaña a hotel

El refugio, construido en 1966 por Don Sheldon, funcionó como campo base para montañistas hasta 2015, cuando sus hijos decidieron convertirlo en un hotel. Durante la remodelación del refugio salieron a la luz varios planos originales que Don había diseñado para aquella cabaña. Curiosamente, el diseño de sus hijos coincidía en gran parte con las ideas que planteaba Don: un espacio minimalista y cálido en el que la naturaleza acaparse todo el protagonismo.

Construida a base de acero y madera, la estructura soporta perfectamente los fuertes temporales que azotan el territorio, e incluso terremotos. Por fuera, una terraza se extiende varios metros y la sensación es la de estar en una pasarela infinita, solo acotada por los picos que pintan el horizonte de piedra granítica y nieve. Al entrar se accede a un salón coronado por una mesa maciza de abedul tallada por los artesanos de la zona y una chimenea finlandesa que calienta todo el recinto de manera limpia y eficiente.

En el piso superior se encuentran cinco habitaciones que aprovechan la forma hexagonal del hotel para aprovechar al máximo el espacio. De estilo minimalista y construidas a base de madera local, lo que más destaca son los ventanales desde los que observar los juegos de luces de las auroras boreales apareciendo y escondiéndose entre los riscos de piedra. En su objetivo por ser autosuficientes y conseguir la neutralidad en cuanto a emisiones, el hotel también cuenta con varios paneles solares y un sistema de suministro de agua natural que discurre por la superficie.

Paraíso natural

Foto: The Sheldon Chalet

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Paraíso natural

La filosofía de The Sheldon Chalet sigue siendo la misma, la de servir como excusa para que el mayor número posible de personas experimenten la grandeza del lugar. Por ello, la verdadera oferta del hotel se centra fuera de él y no en su interior, desde observar las auroras boreales y las estrellas fugaces en temporada de invierno, practicar esquí de fondo, rappel, raquetas de nieve, trekking, construir un iglú, visitar fuentes termales, pescar hasta visitar un campo de huesos Mastodon, el pariente prehistórico del elefante actual.

Un lugar que inspira

Foto: The Sheldon Chalet

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Un lugar que inspira

Los vastos paisajes y la inaccesibilidad han empujado a muchos viajeros a adentrarse en las fauces del Denali. Uno de ellos, quizás el más famoso, fue Christopher McCandless. Su historia inspiraría más tarde el libro y la película “Into the Wild”, y es que en 1992, fallecía allí mismo después de haber sobrevivido cuatro meses en completa soledad, sin apenas comida ni recursos.  

Aquella gesta impulsó a que muchos senderistas decidieran enfrentarse a la montaña más grande de Norteamérica. Tanto es así, que el gobierno tuvo que limitar el acceso al Parque Nacional no solo por el alto riesgo de accidentes e incluso muertes, sino por el impacto en el medioambiente, pues el Denali es uno de los parajes naturales de la zona más castigados por el cambio climático.

 

'Mountain House Number 1'

Foto: The Sheldon Chalet

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'Mountain House Number 1'

La historia de The Sheldon Chalet se remonta seis décadas atrás y hasta tres generaciones en la familia Sheldon. Bob Reeve fue el primero de la saga en quedarse prendado de la majestuosidad y belleza de estas tierras. Su nombre quedó grabado en la posteridad al aterrizar en Valdez casi 30 años antes de que Alaska fuera declarada como el 49º estado de los Estados Unidos de América. En su periplo por las frías tierras del norte, fundó una compañía aérea, la Reeve Aleutian Airlines, que conectaba Alaska con pequeñas ciudades a la otra orilla del mar de Bering.

El relevo lo tomaría su hijo Don, quien junto al fotógrafo y explorador Bradford Washburn, cartografiaron por primera vez el área. Trazar el mapa del Denali les llevaría alrededor de diez años de viajes, una avioneta modificada específicamente para soportar las condiciones del lugar y emplear tácticas de aterrizaje innovadoras para conseguir tomar tierra entre cañones y glaciares. Como recompensa a aquella hazaña, bautizaron con su nombre uno de los anfiteatros rocosos más grandes del Parque y le concedieron un acta de propiedad familiar, aún vigente hoy en día.

El documento permitió a Don construir en aquel territorio inhóspito, un derecho que nadie más posee. Don optó por mantener vivo el legado de su padre y al igual que él, construyó un refugio para alpinistas y exploradores. Lo llamó ‘Mountain House Number 1”. En su mente estaba construir más y mejores, pero un cáncer repentino terminaría con la vida de Don y con él, el ambicioso proyecto. Hasta 2018, fecha en que sus hijos tomaron el legado de Don y presentaron en sociedad uno de los hoteles más remotos del mundo. 

De refugio a chalet ecológico

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