Nieve y patrimonio

Tirol: el corazón de los Alpes austriacos

Un viaje que parte de Innsbruck y que culmina en los pueblos, montañas y estaciones de esquí más emblemáticas de esta región.

Una diadema de montañas refulgentes de nieve ciñe como una corona el Tirol austriaco, una de las piezas que componía el puzle del imperio de los Habsburgo. El invierno es perfecto para descubrir la región, cuando sus pueblos desbordan calidez y el esquí en todas sus variantes se convierte en la actividad estrella.

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iINS. Innsbruck: una ciudad con dos caras

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Innsbruck: una ciudad imperial

Asistir a una recepción en el Hof-burg o Palacio Imperial de Innsbruck resulta más común de lo que se podría imaginar, puesto que el edificio principal del complejo residencial de los Habsburgo se emplea a menudo como escenario para todo tipo de eventos. El Cuarto de Audiencias y el Salón de Plenos se abren entonces para mostrar la maravilla barroca que decora techos y paredes gracias a las reformas emprendidas por la emperatriz María Teresa en 1754.

A la sorpresa de acceder sin reparos al palacio se une la del relajado concepto de la etiqueta: abundan las americanas y los vestidos de noche, pero también los trajes regionales. Más de un invitado aparece con el vestido tradicional, que para ellas es el dirndl, una falda larga con un corpiño que deja al descubierto mangas de blusas inmaculadas, y para ellos, el lederhosen, unos pantalones cortos de piel, con tirantes y bordados. De origen rural, su precio es astronómico como el de los kilts escoceses y se luce con el mismo orgullo.

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tejad. Panorámicas doradas

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Panorámicas doradas

Los atuendos tiroleses son un reflejo de la dualidad de Innsbruck, dinámica y cosmopolita, pero fuertemente vinculada a sus montañas. De hecho, el parque natural Karwendel es uno de los espacios protegidos más extensos de Europa, y sus 730 km2 engloban parte del área metropolitana.

Al salir del palacio, el Tejadillo de Oro brilla bajo los focos; se trata de una cubierta de tejas de bronce pulido que el emperador Maximiliano I hizo poner en su mirador favorito. El magnífico cenotafio que debía contener los restos del monarca –ahora en Wiener Neustadt– se halla en la iglesia de Hofkirche, muy cerca de la catedral de San Jacobo, ya que el centro histórico forma un conjunto compacto alrededor de la avenida Maria Theresien.

matthias-betz-hcAjuh0ic88-unsplash. Esquí arquitectónico

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Esquí arquitectónico

Al amanecer lo que reluce son las cumbres nevadas y sus estaciones de esquí, algunas accesibles en transporte público desde el mismo centro urbano. Esta es una de las características de todo el Tirol, donde cada población cuenta con su propio dominio esquiable. El de Innsbruck se alcanza con los funiculares diseñados por Zaha Hadid, cuyas características estaciones tiene forma de seta psicodélica y los vagones articulados se adaptan a la pendiente manteniendo la perpendicularidad. Así se llega en 20 minutos a las estaciones de Seegrube y Hafelekar. En primavera es habitual ver a escolares de visita al zoo, situado a buena altura sobre la población. Ahora todo el mundo está más interesado en el descenso de esquí que empieza a 1900 m de altitud y en las vistas aéreas de la ciudad de Innsbruck.

GettyImages-86811101. Sankt Anton, 'patrón' del esquí

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Sankt Anton, 'patrón' del esquí

Aunque las pistas son aquí estupendas, a solo una hora de coche viajando hacia el oeste Sankt Anton am Arlberg despliega una de las mejores zonas de esquí del país, incluida la opción fuera pista desde el monte Valluga (2811 m). El único inconveniente de Sankt Anton es la gran cantidad de esquiadores que lo frecuentan. Pero existen opciones menos saturadas como Landeck, una tentadora encrucijada desde donde es fácil proseguir hacia Italia o Suiza. Sobre una colina, el perfil del castillo de la población advierte de forma muy teatral sobre los siglos que lleva controlando estas calzadas.

iStock-886635992. El pueblo más alto del país

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El pueblo más alto del país

Otra excelente alternativa la ofrece Kühtai, la población más alta de Austria, a más de 2000 m en el valle de Sellraintal. Los hoteles están a pie de pista, pero también es posible llegar desde Innsbruck, a 40 minutos, en los transportes gratuitos que ofrecen los hoteles de la capital tirolesa. Como curiosidad, allí se puede conocer al bisnieto de Sissi y el emperador Francisco José I, el conde Stolberg-Stolberg, quien transformó el pabellón real de caza en un hotel y restaurante.

iStock-1254655286. La peregrinación a Seefeld

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La peregrinación a Seefeld

Vale la pena fijar la base en Innsbruck unos días para explorar atractivos cercanos antes de internarse en el oriente tirolés. Seefeld, a 30 km, es uno de los imprescindibles. Siempre sorprende cómo, con solo apartarse unos metros de la ruta principal, el Tirol muestra enseguida un paisaje sembrado de casas de madera, dispersas e intercaladas con bosques y laderas nevadas. La naturaleza invariablemente se agazapa a las puertas de los núcleos urbanos, dispuesta a sorprender, por mucho que la iglesia de Sankt Oswald, en Seefeld, imponga su severo perfil gótico en el entorno. Cuenta una leyenda que, en 1384, un vecino decidió que la hostia no era lo bastante grande para alguien de su categoría; cuando el párroco le dio una mayor, el suelo empezó a tragárselo hasta que mostró su arrepentimiento y pudo salvarse.

El suceso convirtió Seefeld en lugar de peregrinaje, aunque hoy son más los deportistas que los fieles quienes lo visitan, tanto en invierno como en verano. En la meseta donde se ubica el pueblo se extiende el lago de Wildsee, un enclave protegido declarado de excepcional belleza natural en 1926.

shutterstock 1082413337. Hall in Tirol, la otra capital

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Hall in Tirol, la otra capital

A otros 20 minutos de Innsbruck pero hacia el este, se halla Hall in Tirol, uno de los raros lugares de la región donde la historia y la cultura tienen más peso que los dominios esquiables. El nombre de la población ya anuncia que hizo de la sal su fortuna, pues el topónimo hall siempre se refiere al condimento, tanto en Austria como en Alemania. En época medieval tuvo tantos habitantes como Innsbruck y sus calles conservan el brillo del pasado, pero menos maquillado, lo que le añade naturalidad. Hall también disponía de plata, de manera que acabó teniendo su casa de la moneda en la torre de Burg Hasseg, el icono de la población. Aquí se acuñaba, en forma de thaler o talento, el oro español que llegaba de las Américas. La palabra derivó en «dólar» en Estados Unidos, gracias a los emigrantes que llegaron al nuevo mundo con pocas monedas y muchos sueños en el bolsillo. Tanta prosperidad hizo que surgiera en Hall un floreciente negocio de prostitución… ¡organizado por el obispado y gestionado por el verdugo de la ciudad!

shutterstock 1274334982. De la sal al cristal

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De la sal al cristal

En la plaza central de Hall in Tirol se alza la catedral de Santa Bárbara, cuyas naves trazan una diagonal en vez de una cruz perfecta, ya que al ampliarla adaptó su forma al terreno disponible, y también un ayuntamiento con una sala de plenos de madera artesonada y bellísima que aún se emplea para las bodas civiles. Aquí se casó un tal Daniel Swarovski, un checo proveniente de Bohemia, región famosa por su artesanía del cristal. Fundó a finales del siglo xix el imperio que lleva su nombre y cuyo museo de Los Mundos de Swarov-ski en Wattens, a un tiro de piedra de Hall, es uno de los más visitados del país. Hasta los más reticentes caerán rendidos ante una fantasía que en realidad es una muestra de arte contemporáneo con un toque lúdico y desenfadado, como anuncia nada más entrar la nube de cristal tallado que cuelga suspendida sobre unos estanques o la figura de un gigante que también es una colina y que cobija el museo de los famosos cristales.

iStock-531015275. Esquí entre minas

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Esquí entre minas

Retomo la carretera que rumbo este se dirige hacia los Alpes de Zillertal y Kitzbühel. A la altura de Wiesing, un desvío hacia el norte conduce al bello lago Achensee, el mayor del Tirol con 9 km de longitud, rodeado por bosques de coníferas que se reflejan en sus aguas y algunos remontadores de esquí que se encaraman a las lomas del macizo de Karwendel.

Si se sigue hacia el sur hasta Zell am Ziller, se descubre un territorio de antiguas tierras mineras hoy bendecidas por el turismo de invierno. En realidad, habría que decir Zillertal, ya que el dominio esquiable comprende también los pueblecitos de los alrededores, con sus acogedoras posadas o gasthaus que ayudan a reponer fuerzas con un buen plato de gröstl. Esta elaboración tradicional lleva ternera, patatas y cebolla, si bien la ternera se puede sustituir por salchichas o speck, un tipo de jamón curado. La alternativa a la cerveza, la bebida principal de todas las comidas, es el Almdudler, un refresco sin alcohol a base de limón y extractos de plantas silvestres. Tanto o más popular que la cola, el nombre deriva de la expresión de invitación a la fiesta auf der Alm dudeln, algo parecido a «cantemos yodel (el típico canto tirolés) en la pradera» .

shutterstock 379134055. La milla de oro nevada

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La milla de oro nevada

Las villas de Zillertal, bajo el manto invernal, parecen las que se reproducen en miniatura en las bolas de cristal donde se simula que nieva, un invento vienés, por cierto. De todas, Kitzbühel es la que acumula más encanto y glamur. A unos 70 km de distancia de Zell am Ziller, esta población compagina en sus calles los edificios cuidados de coloridas fachadas con tiendas dignas de figurar en el Quadrilatero d’Oro de Milán. No es casual que muchas marcas prestigiosas luchen por hacerse un hueco en un enclave que acoge cada año el Campeonato Mundial de Esquí en el monte de Hahnenkamm y que atrae a muchos italianos que cruzan la frontera para vivirlo en directo.

 

Unas veloces góndolas salvan en pocos minutos los 1100 m de desnivel entre la cumbre y el núcleo urbano, una comodidad habitual en los Alpes del Tirol que permite salir del hotel con los esquís al hombro. Un sol de invierno luce sobre la plata que cubre la cima del Hahnenkamm, el Pico de Gallo, e ilumina el valle allá abajo, atrapado entre paredes de roca con crestas que semejan una corona.

iStock-503190048. Un broche fortificado

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Un broche fortificado

A lo lejos, hacia el norte, me aseguran que se alzan las almenas del castillo de Kufstein, aunque sé que resulta imposible verlo desde aquí. Este pueblo ubicado casi en la frontera con Alemania durante siglos ejerció de bisagra entre bávaros y tiroleses. Hoy en día su función es mucho más amable gracias a la pasión que despiertan sus montañas nevadas. ❚

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