Detox familiar

Tirol en familia: más prados y menos Fortnite

Porque las vacas son mejores que cualquier amigo virtual.

Muy pocos lugares rezuman la autenticidad del Tirol, una de las regiones más recomendables de Europa para pasar unas vacaciones en familia. Naturaleza, animales de granja y diversión al aire libre son los sustitutos perfectos de móviles, tabletas y videojuegos, los apéndices más preciados de unas generaciones hiperconectadas. Este edén austríaco es el sitio perfecto para dejar a un lado la tecnología y para enseñar a los más pequeños –predicando siempre con el ejemplo– que hay vida más allá del Fortnite.

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Granjas tirolesas, un homenaje a lo genuino

Alojarse en una granja es la opción escogida por muchas familias para sacarle el máximo provecho a unas vacaciones en el Tirol. Los más pequeños están en pleno contacto con la naturaleza desde que se despiertan y no es de extrañar que muchos de ellos prefieran ver cómo se ordeña una vaca a desayunar ya con la tableta en la mano. En una granja siempre hay algo que hacer: dar de comer a los animales, acariciarlos o jugar al escondite o al pillapilla por todos los rincones. Y todo ello con la tranquilidad de los padres porque los churumbeles pueden correr por los prados como si no hubiera un mañana sin preocuparse por los coches.

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Desconectar en un entorno idílico

Por su parte, los padres que se alojan en granjas con niños más pequeños tienen aquí dos grandes aliados: la tranquilidad y un inusitado silencio. Los bebés se relajan y duermen a pierna suelta en las tierras tirolesas mientras que los progenitores aprovechan estos momentos para desconectar y disfrutar del bucólico entorno mientras degustan un delicioso schnaps, preferiblemente de albaricoque, o un zumo de manzanas del huerto.

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Delicias caseras

En una granja austríaca todo es genuino aunque si hay un momento verdaderamente auténtico ese es el desayuno. Las familias se reúnen alrededor de una mesa en la que se sirven productos como pan recién horneado con mantequilla y mermelada caseras, leche de las vacas de la granja, jamón ahumado o huevos de las gallinas que probablemente hayan recogido los niños el día anterior o esa misma mañana.

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Innsbruck, a un paso de la cumbre

Tras un pantagruélico a la vez que sano desayuno lo más aconsejable es coger carretera y manta y recorrer en coche algunos de los enclaves tiroleses más conocidos. La primera parada es Innsbruck donde se pueden alquilar unas bicis y hacer una excursión por el casco antiguo y ver, entre otros lugares, el famoso Tejadillo de Oro o entrar en la iglesia de la corte y que los niños alucinen con las estatuas gigantes de los reyes.

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Trampolines y leyendas tirolesas

Otra opción más que recomendable es tomar el espectacular funicular de Nordkettenbahn, que diseñara la fallecida arquitecta Zaha Hadid, y subir a la montaña con los peques para contemplar unas hermosas vistas de los Alpes. En pocos minutos este transporte conecta el centro de la capital del Tirol con las pistas de esquí. Por último, dos de los lugares de Innsbruck favoritos de los niños son los trampolines de saltos de esquí (esta ciudad fue sede de dos olimpiadas de invierno) y el castillo de Ambras, con una impresionante colección de armaduras y un misterioso retrato del Conde Drácula

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¿El pueblo más bonito de Austria?

Prados verdes, casas rústicas de madera perfectamente conservadas, y capillas centenarias son algunos de los atractivos que se pueden encontrar a tan solo una hora al este de Innsbruck, en la región de Alpbachtal-Seenland. Aquí se encuentra Alpbach considerado por muchos el pueblo más bonito de Austria gracias, en parte, a un reto tácito entre sus habitantes. Y es que cada uno de los propietarios de una casa en Alpach se ha propuesto tener el balcón mejor decorado de la población, desafío del que salen más que beneficiados sus visitantes ya que esta población les regala unas magníficas estampas típicamente tirolesas.

Foto: Museum Tiroler Bauernhöfer

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Un museo al aire libre

En Seenland se encuentra el Museo de Granjas Tirolesas Kramsach, uno de los más curiosos de esta zona y un lugar en el que los niños aprenden y se divierten. Este espacio al aire libre, creado en el año 1974, se dedica a conservar la tradición de las granjas del Tirol justo antes de la Revolución Industrial. Hay varias casas típicas de diferentes ubicaciones del Tirol restauradas y habilitadas como eran hace siglos.

Foto: D.R.

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Aventura, adrenalina y tradiciones

En la región de Imst-Gurgltal, al oeste de Innsbruck, los más pequeños se lo pasan en grande en uno de los toboganes de montaña más largos de los Alpes, el Alpine Coaster, cuyo descenso dura aproximadamente 12 minutos y asegura la diversión con sus 70 curvas y 16 saltos. Aparte de aventuras adrenalíticas, en esta región hay varios museos interesantes para los más pequeños como el del Carnaval, en la localidad de Imst, donde se exponen las máscaras y los vestidos de una celebración tradicional que tiene lugar cada cuatro años, o el de la Minería, situado en Tarrenz, una verdadera muestra al aire libre de cómo se extraía y trabajaba el metal en esa zona hace siglos.

Foto: Istock

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Trashumancia a la austriaca

Un buen colofón a un viaje por el Tirol es participar, a principios de septiembre, en la Schäferfest (fiesta de las ovejas) de Sölden. Esta tradición típicamente tirolesa celebra, con grandes dosis de música folklórica y de schnaps, el regreso de las montañas de las ovejas que se refugian en el pueblo para pasar el frío invierno austríaco.

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