Todo lo que hay que visitar y estrenar este año en Nueva York

Manhattan vive una transformación imparable con iniciativas arquitectónicas que se suman a los iconos de siempre para seguir siendo un referente mundial.

Tanto si es la primera vez como si es la sexta que se visita Nueva York, siempre hay algo por descubrir en esta ciudad en construcción y cambio constantes. Su perfil crece al ritmo de las innovaciones arquitectónicas, mientras que las costumbres de los locales evolucionan según las tendencias culturales y las tecnologías del momento.

 

Hoy, como en el pasado, la crisis provocada por la pandemia del Covid-19 ha despertado la capacidad de esta ciudad para adaptarse a las adversidades, acallando las voces de quienes la han querido dar por muerta en más de una ocasión. Su resiliencia es extraordinaria.

 

La gran ventaja de Nueva York es que se puede recorrer andando, especialmente el distrito-isla de Manhattan, a la que los neoyorquinos se refieren simplemente como The City. Los itinerarios a pie se pueden combinar fácilmente con trayectos en metro, un medio que ha mejorado de manera sustancial en los últimos años tras varios episodios caóticos de pérdida de tensión en horas punta, inundación de túneles y conflictos políticos entre el alcalde de la ciudad y el gobernador del estado. Una aplicación móvil informa de los horarios, se han construido grandes intercambiadores y un buen número de estaciones han sido equipadas con ascensores y pantallas que indican los tiempos de espera. La bicicleta es otra manera muy recomendable para moverse por el centro, gracias a la creación de decenas de millas de carriles exclusivos para ciclistas.

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BuqueFaroAmbrose

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El inicio de la ruta

Unas pocas manzanas hacia el norte, Broadway y Wall Street hacen esquina y por su bocacalle peatonal se llega al edificio de la Bolsa. Frente a él está plantada La Niña Sin Miedo (Kristen Visbal, 2017), que fue trasladada de su emplazamiento original frente al Toro de Wall Street en diciembre de 2018. También se erige aquí el histórico edificio de columnas griegas del Federal Hall, de 1842, con la imponente figura de George Washington, primer presidente del país, que juró su cargo en 1789 en un edificio anterior que ocupaba este mismo espacio.

Caminando desde Wall Street hacia el East River se pasa por lo que podría considerarse como el casco antiguo neoyorquino: South Street Seaport, con calles adoquinadas y edificios de apenas tres o cuatro alturas. Aquí permaneció abierto el mercado de pescado Fulton Fish Market entre 1822 y 2005, cuando se mudó al distrito del Bronx, en el norte. Resulta fascinante imaginar que hace unos doscientos años toda la ciudad, cuya extensión era mucho menor, tenía este aspecto. Aquí se hallaba el primer puerto de Nueva York, fundado por navegantes y colonos holandeses en el siglo XVII. La zona parece ahora una pequeña ciudad del norte de Europa, con tiendas de ropa, restaurantes, terrazas y música al aire libre.

World Trade Center. WTC

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El homenaje a las víctimas del 11/S

No se puede abandonar el bajo Manhattan sin visitar la zona del 11/S. Tras dejar atrás South Street Seaport y subir de nuevo hacia Broadway, a apenas un par de manzanas se extiende lo que fue la Zona Cero. El complejo erigido a partir de 2006 además de recordar aquella tragedia también supone un gran reclamo turístico. Donde antes se alzaban las Torres Gemelas ahora hay dos enormes estanques cuadrados por cuyas paredes resbalan cortinas de agua y cuyos bordes están delimitados por una placa de bronce con los nombres grabados de las 2983 víctimas del ataque de 2001. Debajo se localiza el 9/11 Museum, un espacio dedicado a revelar los hechos y las consecuencia de los ataques, y a rendir homenaje a las víctimas y a los equipos de rescate. Los jardines que rodean el complejo están dedicados a la contemplación, así que nada de sentarse aquí a devorar un sándwich.

A pocos metros se levanta el rascacielos de OWTC, con un impresionante mirador entre los pisos 100 y 102. Casi al lado de la torre,  merece la pena entrar en el Oculus, una estructura de color blanco y con largas púas del arquitecto valenciano Santiago Calatrava, que acoge un centro comercial y un intercambiador de transportes.

Central Park

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Un agradable paseo

Broadway Avenue atraviesa Chinatown y el Soho, repletos de restaurantes y tiendas de ropa, y nos acerca a Washington Square Park, un agradable parque rodeado por el campus de la New York University que siempre está lleno de jóvenes patinadores, malabaristas, músicos y artesanos que venden sus creaciones. A esa altura, conviene desviarse hacia el río Hudson para contemplar la última obra del escultor catalán Jaume Plensa: El alma del agua, una cabeza de mujer, de alabastro y 24 m de altura, que pide silencio desde la orilla de Nueva Jersey.

A partir de la calle 14 comienza Midtown, la zona media de Manhattan, que abarca hasta la 59 por el norte, donde empieza el extenso Central Park. La 14, que discurre de este a oeste como todas las calles numeradas, es uno de los ejes principales de la ciudad. En ella paran muchas líneas de metro y su centro neurálgico es Union Square, una plaza y parque que varios días a la semana acoge un mercado con productos frescos de calidad.

High Line Park. High Line

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La revolución verde de High Line

Little Spain es la zona comprendida entre las avenidas séptima y octava de la calle 14. Se llama así desde que a inicios del siglo XX se instalaron en sus calles numerosos inmigrantes españoles, sobre todo originarios de Galicia. Hoy queda el restaurante La Nacional, fundado en 1868 y que tras la pandemia del Covid-19 dispone de una animada terraza en la que se pueden degustar los clásicos de la cocina española.

Los efectos de la pandemia en la ciudad se aprecian en muchos negocios cerrados, aunque también han abierto otros y han proliferado las terrazas a pie de calle y en azoteas con magníficas vistas y acondicionadas para el invierno. Gotham está de nuevo abierta para los negocios y el turismo y, es más, diciembre de 2021 podría ser el momento ideal para visitarla ya que hoteles y restaurantes se pelean por los clientes y ofrecen buenos descuentos y ofertas.

En el extremo oeste de la 14th Street empieza el Meatpacking District, cuyas calles conservan algunas porciones adoquinadas. Hasta hace poco en esta zona se despiezaba el ganado para abastecer los mercados y restaurantes neoyorquinos. Ahora es una zona boutique con tiendas de lujo, donde tiene su sede el museo Whitney de arte estadounidense del siglo XX y actual. Aquí comienza el parque The High Line, un viaducto peatonal de 2,3 km de longitud creado sobre una línea ferroviaria elevada. Suele estar bastante concurrido, pero merece la pena por sus jardines y vistas sobre los edificios. El cercano Chelsea Market ofrece una multicultural oferta gastronómica en un amplio espacio interior.

Little Island

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Todo puede ocurrir en Little Island

Pasado el Meatpacking District se llega a orillas del río Hudson y, entre los muelles 54 y 56, destaca una de las grandes novedades de 2021: Little Island, una isla sostenida por pilares que parecen tulipanes. El conjunto crea una superficie sobre la que se asienta un espacio verde con dos anfiteatros –uno de ellos tiene capacidad para 700 personas–, una zona para consumir comida y bebida, y una serie de caminitos, escalones, colinas arboladas y praderas de césped. La visita resulta de lo más agradable y siempre suele haber alguna actuación musical. Merece la pena pasar el atardecer a este lado de Manhattan y ver el sol esconderse tras Nueva Jersey.

The Vessel

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La joya de la corona: The Vessel

Subiendo por el lado oeste de Manhattan en bici o caminando junto al río, se llega al barrio de Hudson Yards, en la calle 30, una zona de rascacielos de reciente construcción. En el enorme espacio que ocupaban unas cocheras de tren ahora emerge un grupo de edificios de cristal que parecen prismas de cuarzo peleándose por arañar el cielo. Entre ellos se levanta la estructura The Vessel, conocida por los locales como el «shawarma» debido a su forma cilíndrica ensanchada por la parte superior, pero que permanece cerrada de forma indefinida por razones de seguridad.

The Edge. Un mirador

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Miradores de vértigo

En uno de estos edificios nuevos se inauguró en 2020 The Edge Sky Deck, una terraza suspendida a 345 m que permite observar la ciudad a través de paneles de cristal. Hace unos años solo había tres miradores de altura en la ciudad: el del Empire State Building, el Top Of the Rock del Rockefeller Center y la OWTC; ahora existen más de media docena. En octubre abrió otro observatorio más: Summit, que promete una experiencia única en la que el visitante entra en una especie de jaulas de cristal colgadas sobre el vacío y puede subir en un ascensor exterior con paredes y suelo transparentes.

El Summit está en el One Vanderbilt, un edificio de 427 m de altura construido junto a la terminal de trenes Grand Central Station. La estación es una joya arquitectónica de 1913 que estuvo a punto de ser demolida y que ahora contrasta con los nuevos rascacielos. Además de colosal interconector para miles de ciudadanos, Grand Central constituye una visita por sí misma, con su techo decorado con los signos del zodiaco y más de 2500 estrellas pintadas, el reloj del vestíbulo y las bóvedas subterráneas diseñadas por el valenciano Rafael Guastavino.

Rockefeller Center Nueva York. Vistas y más vistas

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Vistas y más vistas

Al subir por la Quinta avenida desde la 42, otro de los principales ejes de la ciudad, entre las calles 48 y 51 se erige el Centro Rockefeller. Este complejo de 19 edificios en torno a una plaza es famoso por sus espectaculares decoraciones navideñas y su pista de patinaje sobre hielo. Aquí está el mirador Top of the Rock, desde el que se puede admirar el Empire State y Central Park. A pocas calles del Rockefeller, en la calle 53, tiene su sede el imprescindible Museo de Arte Moderno, el MoMA, uno de los mayores y más influyentes museos del mundo con obras de Matisse, Dalí, Bacon, Cézanne, Chagal o Jackson Pollock entre otros.

Con sus bosques y amplias praderas, Central Park es el lugar idóneo para tomarse un respiro del asfalto y los rascacielos. Aunque siempre en permanente mejora y con ligeros cambios, el gran parque neoyorquino ha sido capaz de mantenerse fiel a sí mismo, un oasis de naturaleza en el corazón de Manhattan. El invierno puede ser duro en Nueva York, especialmente de enero a marzo, pero los meses fríos siempre ofrecen días soleados por encima de los cero grados y copiosas nevadas, inolvidables en Central Park. Son jornadas perfectas para patinar sobre hielo, rendir homenaje a John Lennon o conocer las 29 esculturas repartidas por sus 3,4 km2.

The Met

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Entre islas y museos

Central Park tiene además la fortuna de hallarse rodeado de tres de los mejores museos de la ciudad. En el este, en la calle 83, se encuentra el más importante de todos: el Museo de Arte Metropolitano, The Met, un escenario también de grandes eventos. Es el mayor museo de arte de Estados Unidos, con una colección que abarca todo el mundo. En el lado opuesto, entre las calles 77 y 81, se encuentra el Museo Americano de Historia Natural, también de visita obligada, que en junio de 2021 reabrió ampliada su colección de minerales, piedras preciosas y meteoritos.

Es interesante acercarse a la Isla de Roosevelt. Una fina y alargada isla situada en el East River, urbanizada y residencial. Roosevelt Island también dispone de su propio transporte gratuito, en este caso se trata del teleférico que sale de la calle 59. Esta isla pertenece al distrito de Manhattan y cuenta con un gran parque en la punta sur que permite admirar Midtown y el edificio de las Naciones Unidas.

Brooklyn. Cruzando puentes

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Cruzando puentes

Desde Manhattan se puede también cruzar a pie o en bicicleta por alguno de los tres puentes que conectan con Brooklyn: el de Manhattan, el de Brooklyn o el de Williamsburg. De los tres, el que tiene mejores vistas y está mejor acondicionado para el visitante es el de Brooklyn, aunque puede estar muy concurrido.

Desde la orilla de Brooklyn impresiona el skyline de Manhattan y, al final del día, ver el sol ocultarse entre los edificios es espectacular. La zona alrededor del puente ha mejorado mucho en los últimos años y los paseos, carriles para bicis, tiendas y restaurantes han sustituido los descampados y las fábricas vacías. Es el caso de Domino Park, donde antes había una factoría de azúcar, situado cerca del puente de Williamsburg. Esta zona es otro ejemplo de cómo puede cambiar Nueva York en apenas tres lustros. De zona peligrosa y decadente, ha pasado a ser un barrio caro con bloques residenciales y hoteles con vistas magníficas. Hoy, como ayer, las crisis son las grandes oportunidades para la ciudad que nunca duerme... ni muere.

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