Castillos y empalados

Transilvania: viaje a la Rumanía más legendaria

Ambiente rural, naturaleza y, cómo no, historia con Vlad Tepes como figura destacada. Son estos tres pilares los que sostienen la embriagadora personalidad de Rumanía.

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iStock-519337240. El camino a Transilvania

Curtea de Argés. Foto: iStock

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El camino a Transilvania

Desde Bucarest, la capital del país, hay que poner rumbo a la región de Valaquia –Vlad Tepes «el empalador» era príncipe de Valaquia y no de Transilvania– para visitar en la ciudad de Curtea de Argés dos filigranas ortodoxas: la iglesia principesca de San Nicolás (Biserica Domeasca Sfantul Nicolae) y la del Monasterio (Biserica Episcopala).

shutterstock 676077277. Poienari entre montañas

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Poienari entre montañas

Poco después de Curtea de Argés, el camino hacia Transilvania se va replegando en una plataforma de curvas que salvan las estribaciones de las montañas Fagaras, en los Cárpatos meridionales. A partir de ese momento, una gran espesura de hayas y abetos cubre el paisaje de tal forma que se diría que no cabe ni una hoja, ni una rama más. Pero lo turbador de este territorio es que, sobre todo en otoño e invierno, las sierras y las florestas se ven ceñidas por unas inquietantes bufandas de nubes y neblinas.

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Y allá, sobre la cima de un peñón, aparecen los muñones del castillo de Poienari. Esto es lo que queda de la fortaleza del legendario príncipe Vlad Tepes (1431-1476). Para llegar a las ruinas del castillo hay que salvar 1.448 escalones. Cierto que se trata de un trayecto hacia unas ruinas, pero la ascensión lo mismo que se va cubriendo de nubes y silencio, también lo hace de misterio. Porque conforme se gana altura, allá arriba se advierten lo que parecen unas cabezas ensartadas en picas. Pero no. Cuando se llega al pie de las ruinas, se confirma que solo se trata de unos focos sujetos por unas largas y precarias pértigas.

shutterstock 1381444040 (1). Sibiu y el inesperado orden casi germánico

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Sibiu y la esencia sajona

Sibiu aparece 130 km al norte, ya en plena Transilvania. Después del baño de naturaleza que ofrecen los montes Fagaras, nos adentramos en la que fuera capital de la región entre finales del siglo xvii y durante casi todo el xviii. Su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, fue levantado por los sajones.

Este núcleo antiguo resulta una zona medieval de estilo germánico que invita a dar un largo paseo sobre un pavimento de losas y losetas que más bien parece confeccionado como una gran alfombra de cristal. Se descubren entonces bellas plazas –la Piata Mare o Grande y la Piata Mica o Pequeña–, calles que por su tamaño menguante a veces adquieren la categoría de pasadizos, y el Museo de Arte Brukenthal, una de las mejores pinacotecas del este de Europa.

shutterstock 352096268. Rumbo a Brasov

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Rumbo a Brasov

Sibiu representa un cierto avance de lo que se va a encontrar en la próxima etapa, Brasov. Pero antes de llegar a la segunda ciudad en importancia de Rumanía, seguramente nos topemos con una escena muy común en las carreteras de este país y que significa un acento exótico dentro de la motorizada Europa. Circulando a través de la noche rumana, a lo largo de las oscuras carreteras, a veces con tramos curvos y hasta angostos, hay que ir atentos para esquivar los carros de los campesinos que regresan a sus granjas. Son carromatos tirados por caballos, la mayoría sin señalización delantera o trasera y que surgen de improviso de las tinieblas, como un viejo sueño rescatado de leyendas encantadas.

Brasov posee uno de los cascos medievales más bonitos de toda Europa. La gran plaza de Sfatului clama su hegemonía frente a cualquier otra explanada rumana, con el impecable edificio del antiguo Ayuntamiento dominando el conjunto. A esta plaza le sienta de maravilla aparecer nevada, y ya no digamos barnizada por la lluvia, cuando se llena de sugerentes brillos medievales.

 

iStock-529413190. La historia de la iglesia negra

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La historia de la iglesia negra

Cerca de la plaza de Brasov se localiza la serena y luterana Biserica Neagra o Iglesia Negra. Construida por los mercaderes sajones, dicen que debe su tonalidad negruzca al gran incendio que en 1689 causaron los invasores austriacos. Mientras se pasea por la dinámica y peatonal calle Republicii, resulta fácil olvidar que no lejos de las casas de fachadas pulcras y tejados rosáceos de Brasov, está la Transilvania profunda. En esta tierra montuna donde los lobos acechan a los rebaños de ovejas y los osos traen entre sus fauces fábulas y superstición, dicen los pastores: «Si un oso mata a una oveja por el cuello, ésta se puede aprovechar, pero si lo hace por los intestinos significa mala suerte».

GettyImages-685005121. El castillo donde nunca estuvo el Conde Drácula

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El castillo donde nunca residió Vlad Tepes

Entre este díscolo paisaje surge el legendario castillo de Bran, prendido de los acantilados de un monte, a 25 km de Brasov. De lejos se asemeja a ese escenario draculiano, cautiverio de princesas y misterios que lanzó a la fama la novela publicada por Bram Stoker en 1897. Sin embargo, de cerca resulta ser un inocente edificio que más bien parece un palacio ideal para rodar películas de época o incluso un lugar destinado a organizar cándidos cócteles a media tarde. Muchos visitantes se muestran sorprendidos cuando descubren que aquí nunca residió el temible y legendario príncipe Vlad Tepes.

iStock-586392894. Camino a Sinaia

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Camino a Sinaia

Desde Bran, en dirección sur, circulando hacia la ciudad de Sinaia, se abre una ruta que enhebra un puñado de pueblos agrícolas, en donde el silencio tan solo se quiebra por los graznidos de alguna partida de ocas. Conducidas por una campesina de mirada indiferente y vestida con ropas tradicionales, las aves forman un ballet de blancos cuellos estirados y ojos avispados que miran fijamente a los vehículos que interrumpen su paso bamboleante. Más allá de esta escena rural, nada parece anunciar al viajero que al cabo de poco se va a encontrar con el palacio de Peles.

nomadic-julien-DDu4aADRxrA-unsplash. Y de repente, la fantasía de Peles

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Y de repente, la fantasía de Peles

Situado a siete kilómetros de Sinaia, fue construido entre finales del siglo xix y principios de xx por el rey Carol I. A juzgar por el aspecto exterior, se diría que se trata de la obra de un confitero o de un ceramista; los detalles decorativos continúan en el interior, repleto de elementos de puro lujo: marfil, madera de ébano, cristal de Murano... Aunque lo mejor del palacio es su engaste dentro de un bosque teñido de verde bravío. Durante la dictadura de Ceaucescu (1974-1989) el palacio se utilizó como residencia para dignatarios extranjeros.

GettyImages-1340484186. La colorida cuna de Vlad Tepes

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La colorida cuna de Vlad Tepes

Al atravesar el corazón de Transilvania, aparece la bella Sighisoara, algo más de cien kilómetros al norte de Brasov. Aquí nació Vlad Tepes, temible empalador de enemigos y delincuentes, que luchó contra la invasión otomana de su territorio. Aunque también es cierto que sus métodos no fueron mucho más crueles que las costumbres guerreras y represivas de la época, en pleno siglo xv. Por eso, hoy los rumanos consideran a Vlad III como un héroe nacional y, en consecuencia, un personaje susceptible de explotación turística. Por ejemplo, la supuesta casa natal del voivoda (príncipe-caudillo) Vlad en la calle Cositorarilor aloja un restaurante llamado, precisamente, Vlad Dracul y un museo de armas medievales.

shutterstock 1927576820. Sighisoara entre torres

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Sighisoara entre torres

La ciudad de Sighisoara, sin embargo, se ha ganado admiración entre los viajeros por su ciudadela medieval de origen germánico. Tras las murallas –se mantienen en pie nueve de las catorce torres originales– se extiende un entramado encantador de calles limpias y empedradas, con un sector de edificios del siglo xvi que encierran sótanos, rincones, recovecos y corredores secretos. Sí, calles cuesta arriba que serpentean entre arcos y casas de cuentos de hadas, cuyas plantas bajas a veces se abren en cafetines donde los transilvanos de la zona, generalmente hombres, tocados con el típico gorro de pico rumano, se sientan a tomar negros cafés de poso espeso.

Los sábados, Sighisoara se llena de una especial animación gracias al mercado semanal, adonde acuden campesinos de los alrededores y gitanos conduciendo sus carros de madera para vender frutas, verduras y productos diversos, pero también para encontrarse con familiares y conocidos que viven en otros lugares de la región. Un colorido cierre al viaje por Transilvania.

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