Colonial y mucho más

Tras el rastro de la Nueva España en el Bajío y centro de México

Un viaje a través de aquellas urbes coloniales que mejor ejemplifican el legado español en este país.

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shutterstock 1525631441. Tepotzotlán: el museo del Virreinato

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Tepotzotlán: el museo del Virreinato

Todo viaje largo, y este lo es, necesita lugares donde parar a echar gasolina, desayunar, comer… Tepotzotlán, a 40 kilómetros de Ciudad de México y en dirección norte, es una primera parada obligatoria para adentrarse en el México colonial. La localidad, que forma parte del programa de Pueblos Mágicos (un sello de calidad turístico en ocasiones algo inflado), tiene el interesante Museo Nacional del Virreinato. En el que fuera antiguo Colegio de San Francisco Javier, un complejo religioso construido por los jesuitas a finales del siglo XVI, hay una extensa colección de objetos de época colonial. Entre ellos destaca por singular una talla de Santiago Apóstol hecha con pasta de maíz. Todo el edificio, con diversos patios, dos iglesias, biblioteca, capilla… es de enorme interés. Fuera hay, además, una bella plaza ajardinada, muy mexicana, donde tomar algo mientras suenan corridos y rancheras. A pocos kilómetros del pueblo se puede contemplar también el acueducto de Xalpa, levantado por los jesuitas, que tiene 438 metros de largo y 61 metros de alto, lo que le convierte en el acueducto más alto, dicen, de América Latina.

GettyImages-616160316. Santiago de Querétaro: tres taconazos

Iglesia de Santa Rosa de Viterbo. Foto: Getty Images

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Santiago de Querétaro: tres taconazos

La ciudad del sur del Bajío mexicano, a unos 220 kilómetros de la capital, se ha convertido en un centro tecnológico e innovador del país con un cierto prestigio de calidad de vida y tranquilidad. Pero el lugar en el que se han refugiado muchos mexicanos es además un sitio clave en la historia de México. Allí, se fraguó la Conspiración de Querétaro, que al ser descubierta por las autoridades precipitó el proceso de independencia y el mítico Grito de Dolores. La leyenda (hay mucho de leyenda en los eventos relacionados con la independencia y revolución mexicana) dice que Doña Josefa, la mujer del Corregidor, encerrada en un cuarto por su marido para protegerla, dio tres taconazos en el suelo para alertar a los suyos de que el plan independentista había sido descubierto lo que precipitó los acontecimientos en la cercana ciudad entonces de San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende). Todo esa historia se encuentra en la llamada Casa de la Corregidora, actual Palacio del Gobierno regional, donde señalan hasta el lugar exacto donde se produjeron los taconazos. El edificio forma parte del bello centro histórico de la ciudad de estilo colonial donde destacan el templo de Santa Rosa, el histórico Teatro de la República, el Maqro, un innovador Museo de Arte…

miranda-garside-Ux2le0HiXwE-unsplash. San Miguel de Allende: un grito de vida

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San Miguel de Allende: un grito de vida

San Miguel de Allende: un grito de vida

Para muchos la cuna de la independencia es la localidad colonial más bonita de México. Fue aquí donde el cura Miguel Hidalgo hizo sonar las campanas de la Parroquia de Dolores el 16 de septiembre de 1810 y lanzó el famoso Grito para levantarse en armas frente al gobierno de la Nueva España. Lo tiene todo: calles empedradas, una porticada y ajardinada plaza con una de las fachadas de iglesia, San Miguel Arcángel, más espectaculares de todo el país, lugares históricos, buenos restaurantes y tiendas, oferta cultural y vida nocturna incentivada por su ajetreado turismo. En San Miguel uno puede realizar además catas de vino, alojarse en algunos hoteles fashion, comprar algunas buenas piezas de artesanía y arte moderno o ir a algún concierto u obra en alguno de sus teatros.

shutterstock 779458327. Mineral de Pozos: la vida bajo el suelo

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Mineral de Pozos: la vida bajo el suelo

A 60 kilómetros de San Miguel de Allende se encuentra este viejo pueblo colonial hoy convertido en vestigio de la época de esplendor de las viejas minas. Su nacimiento, al descubrirse oro, plata, mercurio y cobre, fue en el siglo XVI y su decaimiento, hasta casi enterrar a la localidad en el olvido, llegó tras la Revolución. Sin embargo, Mineral de Pozos, como todas las ciudades mineras, vivió tiempos de esplendor que la convirtieron en una ciudad puntera. A mediados del siglo XIX llegaban allí inmigrantes de todo el mundo a trabajar en las minas, lo que hizo que el pueblo tuviera diversos hospedajes, teatro y una renombrada escuela. A inicios del siglo XX la localidad contaba con más de 80.000 habitantes. El cierre de las minas, por la crisis internacional y los conflictos internos patrios, acabó con todo de golpe y en 1950 dicen que no había más de 200 personas que vivían en el pueblo. Hoy se pueden visitar algunas viejas explotaciones mineras, recorrer las viejas ruinas de todo ese pasado floreciente y comer en alguno de sus restaurantes de carácter añejo.

GettyImages-1285461360. Guanajuato

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Guanajuato

Quizá ustedes no lo saben, pero Alonso Quijano, Don Quijote, terminó sus desventuras subiéndose a un barco en Sevilla, cruzando un océano y muriendo en una preciosa ciudad de la Nueva España: Guanajuato. Al menos es aquí donde está la única tumba que existe en todo el planeta de Don Quijote, en medio de una plazoleta empedrada, entre viejos edificios que rezuman el ideario de ese México que representa a dos civilizaciones con una lengua común. En Guanajuato, de hecho, se celebra cada año el prestigioso Festival Cervantino. Un encuentro internacional de todo tipo de expresiones artísticas en honor de Miguel Cervantes y ese universo común que es el idioma español. Este 2022 es el 50 aniversario de este evento que es un referente internacional en el mundo de la cultura.

Pero Guanajuato es además un bello centro histórico en el que destaca la Basílica Colegiata, el Jardín de la Unión o el estrecho Callejón del Beso, un pasadizo de 69 centímetros de ancho en el que la leyenda dice que si las parejas se dan un beso en el tercer escalón tendrán siete años de felicidad. Además, no deben perderse el inquietante Museo de las Momias de Guanajuato.

iStock-1326505547. Zacatecas

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Zacatecas

Es una impresión del que aquí escribe, pero la ciudad de Zacatecas tiene una gran similitud con la española Salamanca. Por el color de la piedra de sus fachadas, los soportales, iglesias, tabernas… En todo caso, desde la amplia Plaza de Armas, donde está el Palacio de Gobierno y la Catedral, se toma la Avenida Hidalgo y se pasea entre viejos palacios, kioscos, mercados y el bello teatro Calderón. Siempre hay música en la calle en Zacatecas, en realidad esto vale para todo México, y el secreto es encontrar un lugar donde sentarse a tomar algo y ver pasar el día de esta acogedora ciudad. Se puede también subir al cerro de la Bufa con el teleférico a contemplar la urbe desde arriba o visitar alguno de sus singulares museos. Entre ellos, está el museo Pedro Coronel, con una imponente biblioteca, y el original museo Rafael Coronel que alberga la considerada colección de máscaras más grande del mundo. Y luego queda ya esperar la noche y cenar unas enchiladas o un asado de boda, para “estómagos profesionales”, y para los más atrevidos una sopa de rata. Este último es un caldo hecho de vegetales y roedores de campo.

shutterstock 1211711911. Real de Catorce: la montaña de los huicholes

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Real de Catorce: la montaña de los huicholes

Quizá el pueblo más ajustado a la idea, casi fílmica, que se tiene de México. Escondida en medio de la alta montaña, está a 2700 metros de altura, se encuentra una vieja localidad abandonada y hoy recuperada por el turismo que fue en época colonial una de las mayores minas españolas en toda América. Se llega, atravesando un largo túnel de una única dirección, a lo que podría parecer un fabuloso decorado, entre nopales y casas bajas, patria de los indígenas huicholes. Tan decorado que allí han grabado algunas famosas películas de Hollywood.

Entre sus calles adoquinadas y de tierra hay algunos hoteles de estilo colonial, tiendas con la colorida artesanía local, restaurantes… Todo en medio de un valle de riscos pelados y rocas donde hay dos fabulosas excursiones que se pueden hacer a pie o caballo. La primera lleva a las viejas minas abandonadas y la segunda al Cerro del Quemado, el lugar sagrado de los Huicholes, un sitio con sus círculos energéticos y su sagrada capilla donde intentar comprender, con respeto, su cosmovisión y creencias (muy aconsejable).

Es importante advertir que en Real de Catorce, por su creciente turismo, es fácil encontrar personas que ofrecen probar el peyote. En realidad, la alucinógena planta que usan los indígenas para sanar el espíritu y conectarse con su interior, se ha convertido también en “reclamo” de turistas y personas que, por vivir una experiencia única, quieren probar los efectos de lo que vende como un viaje catártico. Cuidado con los engaños y los viajes a ninguna parte de algo que, además, está dañando a los propios indígenas que en ocasiones ven como su sagrada y escasa planta es comerciada para otros fines.

iStock-508207578. Morelia: un trozo de España en México

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Morelia: un trozo de España en México

La ciudad cuenta con otro de esos centros históricos de estilo colonial que no dejan indiferente a nadie. De hecho, la capital del estado de Michoacán es otro de los grandes destinos turísticos del centro del país por su enorme belleza. Por destacar algunas peculiaridades, la urbe cuenta con el Callejón del Romance, el lugar ideal para fotos de enamorados, o el Museo del Dulce, una histórica pastelería de 1840 convertida hoy en tienda, restaurante y museo del legado familiar de diversas generaciones. Es el lugar perfecto para pegarse un atracón de todo tipo de dulces patrios y entender su procedencia. Morelia es monumental, artística, barroca… Un trozo de la Península Ibérica levantado en México.

GettyImages-562508209. Pátzcuaro: el cementerio de 'Coco'

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Pátzcuaro: el cementerio de 'Coco'

Una pequeña localidad, junto a un lago, en el estado de Michoacán. Pátzcuaro es un resumen de todos los Méxicos posibles. La localidad, considerada Pueblo Mágico, era un centro ceremonial del pueblo Purupecha cuyo nombre significa Puerta del Cielo. La llegada de los españoles y, especialmente, la de un hombre aún hoy querido y venerado, Don Vasco de Quiroga, cambió todo. El conocido como Tata Vasco por los indígenas fue un religioso español que se ganó el afecto de los pobladores locales por su generosidad. Fundó el nuevo Pátzcuaro, que acabó obteniendo en 1553 el título de ciudad, lo que provocó que se levantaran conventos, iglesias y palacios de nobles españoles e indígenas. La muerte del religioso, primer obispo de Michoacán que aún hoy tiene una estatua en la localidad, condujo a una rápida decadencia de la urbe. Sin embargo, aún se ven las trazas coloniales, mezcladas con la cultura purépecha, en un pueblo rebosante de muerte en vida. Porque a Pátzcuaro hay que ir en el Día de Muertos para entender que se puede seguir vivo tras haber fallecido. Para resumir lo que van a encontrar allí, sería la película de Disney Coco pero hecha realidad. Si piensan que los dibujos animados exageran, vayan a Pátzcuaro y esa noche encontrarán todos esos colores y escenas. Desgraciadamente, como todo lo que es espectacular y especial, cada año va más gente.

shutterstock 1113459452. Taxco: una cuesta de plata

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Taxco: una cuesta de plata

Taxco es una cuesta, bulliciosa, con los viejos vochos por todas partes (el viejo coche escarabajo que durante décadas fue el taxi de muchas ciudades de México), joyerías que venden piezas de su reputada plata y, en la cumbre, una bellísima iglesia, una coqueta plaza y unas cuantas calles estrechas alrededor con algunas terrazas de bares y restaurantes en las que tomar una margarita, unos tacos y contemplar el enorme encanto de esta ciudad. Taxco de Alarcón, en el estado de Guerrero, es música alta, calles altas, torres altas…

shutterstock 1673411941. Tepoztlán: la ciudad de los ovnis

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Tepoztlán: la ciudad de los ovnis

En el estado de Morelos, a una hora en coche de Ciudad de México, se encuentra entre las montañas este precioso pueblito con un buen tianguis (mercadillo) en el que comprar artesanías y telas locales, con las ruinas de la pirámide del Tepozteco en la cresta de la montaña, a la que se llega tras una larga y pronunciada caminata, con una gran iglesia dañada por los sismos donde los carteles exigen, como antaño, que las parejas no usen sus jardines para desfogar pasiones… Y con una avenida principal llena de vida, y calles empedradas, y viejas haciendas coloniales algunas convertidas en hoteles, y un mundo cultural alternativo de creencias chamánicas, y algún buen restaurante como El Ciruelo, y la leyenda urbana de que allí se avistan ovnis. Tepoztlán es, como Pátzcuaro, el encuentro tranquilo de dos culturas y un montón de “buen rollo”. Eso último es marca México.

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