Donde habita la magia

Trece hayedos de España que merecen una excursión

El otoño, cuando los bosques se tiñen con ocres, rojizos, naranjas y amarillos, invita a descubrir rincones naturales de radiante belleza.

En pocos parajes la transformación del paisaje al llegar el otoño se puede apreciar mejor que en los hayedos. Estas arboledas son protagonistas de un caprichoso juego de colores donde el verdor se intercala con ocres, amarillos, naranjas, rojizos, marrones... Cada época del año la naturaleza se destapa y sorprende a sus espectadores con imágenes en consonancia con el clima que la acompaña, pero la riqueza cromática que inunda en otoño este tipo de bosques es única e inimitable. Te proponemos un viaje sensorial por hayedos en los habita la magia. 

 

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Hayedo de Otzarreta (País Vasco)

Este bosque es uno de los tesoros guardados entre las laderas del monte Gorbeia. Sus hayas repartidas junto a un sinuoso arroyo forman un paraje idílico y a menudo misterioso, por el que se camina sobre una alfombra de hojarasca y musgo. Enclavado en el Parque Natural del Monte Gorbeia, en la frontera de Vizcaya y Álava, se trata de uno de los parajes más mágicos del País Vasco y un tesoro natural de España. La belleza de este lugar no solo reside en la explosión de color que protagoniza cada otoño, sino en el intento de las ramas de alcanzar el cielo, a diferencia de las hayas tradicionales que despliegan sus brazos horizontalmente. Ello se debe a que estos árboles centenarios se podaban asiduamente para conseguir carbón con la leña. Por eso el hayedo de Otzarreta es tan singular, con las ramas de sus árboles creciendo verticales. En la misma reserva también destacan los hayedos y robledales que flanquean la Ruta del río Balas, que se cuentan entre los bosques más frondosos del monte Gorbeia, donde bajo las florestas crecen además helechos y matas de frutos silvestres como arándanos y fresas.

iStock-1178633698. Hayedo de Motejo (C. de Madrid)

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Hayedo de Motejo (Madrid)

En otoño el hayedo de Montejo de la Sierra se muestra esplendoroso. Considerado uno de los bosques de hayas más meridionales de Europa, se integra en los límites de la Sierra del Rincón, un paraje protegido de la Comunidad de Madrid y Reserva de la Biosfera de la Unesco, extendido en las faldas de otra sierra mayor, la de Ayllón. El pueblo de Montejo de la Sierra es el punto de partida de las tres rutas más populares que lo atraviesan: la Senda del Río, la del Mirador y la de la Ladera. Por cierto que se dice que si se recorre al amanecer o al atardecer puede verse a los duendes y a las hadas que lo habitan. La fragilidad de sus ecosistemas hace que su visita requiera reserva previa.

iStock-1043844350. Fageda d'en Jordà (Girona)

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Fageda d'en Jordà (Girona)

En la comarca gerundense de La Garrotxa se puede caminar por el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, un paisaje formado por unos 40 conos volcánicos, 28 áreas de valor geológico y botánico, coladas de lava y cenizas oscuras que contrastan con los colores de bosques y prados integrados en él. Desde el pueblo de Sant Joan les Fonts, el curso del rio Fluvià acompaña al visitante que pone rumbo al sur para descubrir los atractivos principales de este paraje protegido, surcado por una treintena de senderos, algunos de los cuales se pueden recorrer en calesa. Una de las excursiones más emblemáticas es la que se adentra en la Fageda d’en Jordà, un hayedo de aspecto mágico y uno de los más extensos del país, cuya abundante floresta cambia de color según la época del año y por la que a duras penas se cuelan los rayos de sol. Este oasis de silencio, al que el poeta Joan Maragall dedicó un famoso poema («uno piensa en no salir... oh, liberadora prisión») es, además de un rincón inspirador, un hayedo excepcional por crecer sobre la colada de un volcán, el Croscat, con su caracteristica forma de herradura, y a una altitud de solo 550 metros. Está considerado el mayor de la Península y también el más joven, ya que su última erupción tuvo lugar hace «solo» 11.500 años. Lo que lo identifica es el profundo corte en sus paredes de más de 100 metros de alto, una herida multicolor originada por la extracción de material volcánico y que, como resultado, ha creado un paraje embriagador. En la zona merece la pena descubrir la belleza de otros volcanes encajados entre florestas, por ejemplo el de Santa Margarida, uno de los más accesibles, con laderas tapizadas de bosque y un cráter de más de 400 metros de diámetro. Desde su base arranca una senda que asciende hasta el borde del cráter y luego desciende hacia un prado que ocupa el fondo de la caldera, donde aguarda solitario la ermita románica que da nombre al volcán.

shutterstock 387203374. O Courel (Galicia)

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Sierra de O Courel (Lugo)

Esta sierra de Lugo es la mayor reserva verde de Galicia y uno de sus rincones con mayor riqueza vegetal y etnográfica. En O Cebreiro, la puerta en Galicia del Camino de Santiago, nace la carretera LU-651 que vertebra los pueblos de esta sierra, como Soane, el más poblado, o Moreda, donde se ubica el Aula de la Naturaleza que ofrece información sobre los valores naturales de O Courel y las rutas y actividades para descubrirlos. En ella comienza la excursión hacia la frondosa Devesa da Rogueira, el llamado «bosque mágico» o «último bosque intacto gallego», cuya grandeza radica en su variedad botánica (800 especies en solo 200 hectáreas), destacando sus tupidos hayedos. El sendero que atraviesa el espacio recorre 3 km en pendiente, sorteando riachuelos que nacen en el pico Formigueiros (1643 m), techo de O Courel, y aldeas tradicionales con casonas, pallozas para el ganado y antiguas herrerías.

shutterstock 1242425581. Belagua (Navarra)

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Rincón de Belagua (Navarra)

La ruta que se adentra en el valle navarro de Roncal alcanza el tesoro natural del Rincón de Belagua, una de las masas forestales más ricas del Pirineo. El pueblo de Isaba, con sus calles empedradas, casas de piedra y la iglesia de San Cipriano (siglo XV), es la puerta de entrada de este pequeño valle. Junto a la localidad se halla el Área Recreativa de Belagua, inicio de las rutas por el paraje que se acercan a simas, cascadas, dólmenes, ermitas como la de Arrak y a los mágicos hayedos, cuyo colorido otoñal aumenta la belleza de este enclave dominado por el macizo de Larra.

iStock-1156258677. Valle de Valdeón (Asturias)

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Valle de Valdeón (León)

La carretera que desde León accede al macizo de los Picos de Europa a través del puerto de Panderrueda (1463 m) descubre el hayedo del mismo nombre, uno de los mejor conservados del parque nacional. El bosque se asienta en el sur del valle de Valdeón, que ha preservado su pureza gracias a las cumbres que lo rodean. Una excelente base para recorrer la zona es Posada de Valdeón, capital del valle, que conserva sus casas de piedra, hórreos y molinos de agua. Allí se inician rutas como la que conduce a este hayedo de Panderrueda, un agradable itinerario de tres horas en el que se cruzan arroyos como el Cares, antes de que corra con fuerza por su famosa garganta natural. Otro atractivo de este paseo es la visita a aldeas de gran valor etnográfico como Soto de Valdeón, que guarda los hórreos más antiguos de la zona. 

También en el Valle de Valdeón y al abrigo de los Picos de Europa se pueden visitar otros hayedos excepcionales como los de Cuesta Fría y Canal de Asotín. Su privilegiada naturaleza hizo que la Unesco los incluyese en su lista de Patrimonio Mundial, dentro del bien «Hayedos primigenios de los Cárpatos y otras regiones de Europa». El de Cuesta Fría cubre una abrupta ladera en la cabecera de la cuenca del río Dobra, en la divisoria natural con la del río Cares. Por otro lado, el acceso al bosque de hayas de Asotín es solo apto para almas montañeras debido a su retirada ubicación.

iStock-507216674 (2). Los Cameros (La Rioja)

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Los Cameros (La Rioja)

Un remanso de paz en el que las hayas adornan las orillas del río Iregua. Así podríamos definir el pequeño paraíso riojano de Los Cameros, una tierra tradicional de pastoreo, situada a unos 50 km de Logroño. La frondosidad de estos y otros bosques del Parque Natural Sierra de Cebollera esconde una infinidad de senderos que culminan en impresionantes miradores. La mejor época para hacer senderismo y disfrutar de estos bosques es sin duda el otoño. Entonces los tonos de ocre de las hojas caídas y las copas de los árboles acompañan rutas como la del Sendero del Achichuelo. Este paseo de ribera de 9 km parte del pueblo de Villoslada de Cameros y discurre junto a los cauces del arroyo Puente Ra y del río Iregua. El final de la excursión, de unas 2 horas, es la ermita de Lomos de Orios, un antiguo recinto monacal destino de romerías.

 

iStock-638246656. La Pedrosa (Segovia)

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Bosque de La Pedrosa (Segovia)

En la provincia de Segovia, cerca de pueblo medieval de Riaza y a la sombra de la sierra de Ayllón, se preserva uno de los hayedos más meridionales de Europa: el bosque de Pedrosa. En Riaza se inicia un sendero de 6 km que recorre el hayedo y remonta el río del mismo nombre hasta su manantial, pasando junto a la iglesia románica de Santa María. Declarado Espacio Protegido de Interés Nacional, La Pedrosa destaca por los corpulentos troncos de las hayas centenarias.

iStock-494389874. Altube (Álava)

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El hayedo de Altube (País Vasco)

El Parque Natural de Gorbeia, el más extenso del País Vasco, alberga algunas de las arboledas mejor preservadas de la Península. Una de las más frondosas es el hayedo de Altube, hermoso todo el año, pero que en otoño aparece espléndido, con su constelación de hojas rojas y el contraste del musgo verde. En el pueblo que le da nombre nace una senda de 4 km que se introduce en el bosque y bordea sinuosos arroyos como el Baias. El protagonista de esta reserva repartida entre Álava y Vizcaya es el monte Gorbeia (1480 m), cuyas laderas están tapizadas por hayas, robles, castaños, acebos y abedules. Para explorar el parque resulta atractivo seguir antiguas cañadas de pastores, senderos que ascienden hasta prados salpicados de dólmenes y cuevas que forman parte de la mitología vasca.

shutterstock 155573135. Tejera Negro (Guadalajara)

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Tejera Negra (Guadalajara)

El hayedo de Tejera Negra se viste de gala para recibir al otoño. Situado en un valle entre los ríos Lillas y Zarzas e integrado en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, puede presumir de ser el hayedo más meridional de Europa. Gracias a su microclima podemos contemplar el espectacular lienzo de colores que protagonizan las hayas, así como también encontrar robles, pinos silvestres, tejos, acebos y abedules como telón de fondo. Si se busca entre el inmenso manto de hojas secas y el musgo se pueden ver cómo los boletus brotan a su antojo de la tierra. Este hayedo, declarado en 2017 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, cuenta con dos rutas circulares por las que merece la pena perderse paseando: la Senda de Carretas y la Senda del Robledal. Aunque esta última es de acceso libre, para la primera es necesario reservar previamente.

iStock-1170277852. Ordesa (Huesca)

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Hayedo de Ordesa (Huesca)

Arropado por los valles del Pirineo aragonés, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido encontramos uno de los hayedos mejor conservados de España. En él los árboles nacen entre hipnóticas cascadas como la Cola de Caballo y las veredas guían al caminante a través de un paisaje dibujado por cañones y puentes como los que se cruzan a lo largo de la Senda de los Cazadores. Pasear por este patrimonio natural de Aragón en otoño, cuando luce más arrebatador que nunca, es una experiencia mágica.
 

iStock-1185539649. Selva de Irati (Navarra)

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Selva de Irati (Navarra)

El norte de Navarra da cobijo entre sus montañas a la frondosa Selva de Irati, un hayedo de dimensiones magníficas. Al mayor bosque navarro, emplazado en el Pirinero occidental, se accede por dos entradas: desde el pueblo de Orbaizeta, en el valle de Aezkoa (oeste) y la de Ochagavía, en el valle de Salazar (sur). El caminante tiene una veintena de senderos marcados donde escoger, la mayoría de los cuales se encajan entre laderas con hayas que en otoño regalan una bella paleta de colores. Esta riqueza forestal permitió durante años el oficio de almadieros que construian sus balsas para transportar mercancías con los troncos de madera. Entre las posibles rutas que discurren por la Selva de Irati destaca la que conduce a la fuente del río Irati, que finaliza en la ermita de las Virgen de las Nieves, un excelente mirador.

Redes

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Hayedos de Asturias

El frondoso hayedo de Orlé es uno de los más destacables de los que tapizan el Parque Natural de Redes, ocupando tres cuartas partes de la superficie total. En esta reserva de Asturias, el sonido de los urogallos se mezcla en otoño con el crujir de las hojas secas que alfombra el suelo, mientras el murmullo del agua del río Orlé crea una sinfonía perfecta para el cromático paisaje otoñal. Tras cruzar majadas, vegas y contemplar cumbres como la del Cantu l’Osu, la recompensa espera en la villa de Campo de Caso, donde se puede saborear el queso Casín, uno de los manjares de la zona.

Otra atractiva excursión es la que acerca al hayedo de La Vallinona o de Lindes, este ubicado en el corazón del Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, un bosque sobrecogedor surcado por arroyos, por el que se camina bajo la sombra de los árboles que enmarcan la ruta circular por el hayedo. El itinerario comienza en el  pueblo de Lindes y se extiende a lo largo de unos 7 km por una naturaleza en estado puro que hace sentir que se camina en solitario.

Para acabar, al sur de Cangas del Narcea, el pequeño pueblo de Monasterio de Hermo acoge el bosque de Hermo, uno de los mayores hayedos del Principado. Desde la aldea arranca un camino rural que remonta el cauce del río Narcea hasta su nacimiento, a 1350 m de altitud. La senda deja atrás varias brañas de pastores, las semillas cabañas de pastor típicas en la región. Esta arboleda forma parte del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, declarado Reserva de la Biosfera.

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Trece hayedos de España que merecen una excursión

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