Un encuentro intenso

Con los últimos gorilas de Uganda

Los gorilas espalda plateada son el emocionante objetivo del viaje por Uganda. Además, este país africano depara muchos otros alicientes, desde ascender volcanes hasta descubrir las fuentes del Nilo.

Lago Mutanda

NIGEL PAVITT / AWL IMAGES

Uganda es un santuario vegetal

Justamente apodada «la Perla de África» desde hace más de un siglo, Uganda reúne en un territorio relativamente pequeño tal diversidad de paisajes y fauna que se la puede considerar un compendio concentrado de la naturaleza africana. Cuando el viajero se enfrenta a la mirada de un gorila de montaña reconoce en ella a un primo lejano al que hace 400.000 años que no veía. Un animal de ojos marrones profundos, inteligentes y curiosos pero también cautos, que muestran a su vez la extrañeza de tener frente a frente a un pariente tan peculiar.

AL ENCUENTRO DE LOS ESPALDAS PLATEADAS

Al adentrarse en el lujuriante laberinto verde del Parque Nacional de la Selva Impenetrable Bwindi, el visitante está pendiente de lianas y ramas, de cuestas embarradas, de ejércitos de hormigas que desfilan por los troncos, de aves que huyen ruidosamente a su paso, de furtivos encuentros con ciervos. Espera con anhelo el tropiezo con la mítica criatura de espaldas plateadas que es, sin duda, la gran estrella faunística del África ecuatorial.

Cuando se produce el encuentro, en un claro de la selva, la emoción es incontenible. Pues no solo se observa a uno de los animales más poderosos, imponentes y elegantes de la Tierra, sino que también se está frente a un espejo de la evolución. Nos vemos a nosotros mismos tal y como éramos hace medio millón de años.

El primate rey

Una cría de gorila comiendo brotes tiernos en el Bosque Impenetrable de Bwindi.

ERIC REITSMA / AGE FOTOSTOCK

Hay dos espacios protegidos en Uganda donde observar gorilas de montaña: Bwindi y Mgahinga. El primero es más frecuentado porque es mayor, tiene una población de simios más amplia y el avistamiento está prácticamente garantizados. Las salidas son diarias y los guardas recuerdan en qué zona encontraron a los grupos de primates la jornada anterior.

Por otro lado, Mgahinga es un parque pequeño y con menos gorilas, visitado por aventureros que prefieren pagar tasas menores aun a riesgo de que el encuentro no se produzca. Pero las facilidades de acceso son una golosina: mientras que en Bwindi hay que reservar con un año de antelación, en Mgahinga casi siempre tienen plazas disponibles.

Sea cual sea el lugar escogido, la experiencia es la más intensa que se pueda vivir en la búsqueda de un animal salvaje en este planeta, caminando por selvas intrincadas y misteriosas, pobladas por seres letales como la serpiente mamba negra. En la hora escasa que, acurrucado y en silencio, se está a pocos metros de la familia de gorilas viendo como se acicalan, alimentan e interactúan adultos y cachorros, se tiene la certeza de una vivencia irrepetible.

Uganda es un santuario vegetal

Las caminatas en busca de los grupos de gorilas se adentran por un bosque de vegetación exuberante.

JOSEP M. PALAU

Uganda no tiene mar, pero tampoco lo necesita. Su abundancia de superficies lacustres –Victoria, Eduardo, Alberto, Jorge, Kyoga– se acerca a los 40.000 km2, una extensión superior a la de Cataluña. Esas inmensas láminas de agua ocupan la mitad sur del país, curiosamente donde se concentran los principales atractivos. Como las reservas de Bwindi y Mgahinga, que se localizan justo en la esquina sudoccidental de Uganda.

EL HOGAR DE LOS LEONES TREPADORES

Avanzando hacia el norte por la línea fronteriza de la República Democrática del Congo, las competentes pistas ugandesas conducen en un par de horas al Parque Nacional Queen Elizabeth, otra de sus reservas rutilantes. Allí desaparece la opresiva selva virgen y se muestra el paisaje soñado de África: la sabana. Campos eternos de gramíneas rubias que de vez en cuando permiten a algunas acacias decorar el escenario.

Parque Queen Elizabeth

Los cráteres inundados de esta reserva son una increíble fuente de biodiversidad. El parque es el hogar de 95 especies de mamíferos y más de 500 variedades de aves.

PALLADIUM / AGE FOTOSTOCK

Los prismáticos de los miles de visitantes anuales del Queen Elizabeth suelen dirigirse a las copas de los árboles, pues en este parque nacional se da la rareza de los leones trepadores, un estampa casi imposible de encontrar en otros lugares. Aquí son famosos los grupos de felinos trepadores que comen, duermen o se desperezan a unos metros del suelo, conformando una ensoñadora postal.

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El Queen Elizabeth es un territorio preferente para el cobo, esa elegante gacela que, junto a la grulla coronada, forma parte del escudo nacional ugandés. Esa abundancia de presas y la magnífica atalaya de los árboles es lo que provoca que la población de leones sea tan saludable y sus ganas de trepar para avistar mejor a las gacelas, tan común.

Además de los grandes mamíferos, Queen Elizabeth es una meca para los ornitólogos aficionados, que en la reserva pueden observar hasta 540 especies de aves. Algunas de ellas se arremolinan en las orillas de las salinas de Katwe, unas lagunas vinculadas al lago Eduardo. Allí, surgencias de agua caliente y ricas en cloruro sódico son explotadas de la misma manera desde hace por lo menos 800 años.

Se recoge el agua y se deposita en balsas de escaso calado para que se evapore. Una tarea básicamente desarrollada por mujeres, que hacen todos los trabajos a mano, desde llenar capazos de agua hasta rastrillar, separar calidades de sal y finalmente cargar el oro blanco en carritos que se desperdigarán por los mercados del país e incluso territorios vecinos.

APASIONANTES CAMINATAS

Desde las llanuras onduladas de la sabana se ven con claridad las cercanas Montañas de la Luna, que atraen al visitante como un imán al polvo de hierro. Estos dientes negros que se alzan abruptos y están coronados por un copete de nieve también se conocen como las Montañas Azules y, más modernamente, las Ruwenzori. Esta cordillera de apenas 100 km de largo por 50 de ancho no es de origen volcánico, como la mayoría de montes africanos. Se eleva por encima de los 5.000 m y tiene en el pico Margarita (5.109 m) la tercera altitud continental, después del Kilimanjaro (5.895 m) y el Kenia (5.199 m).

Ruwenzori

Las Montañas Azules o de la Luna ofrecen uno de los trekkings más bellos de África, entre senecios que pueden alcanzar los8mdealto.

GUENTER GUNI / GETTY IMAGES

Son las Ruwenzori un territorio para caminar, ganar altitud con facilidad y pasear por avenidas flanqueadas por gigantes botánicos propios de un cuento. Las lobelias son cilindros vellosos de hasta tres metros de altura que asemejan guerreros nórdicos. Cada mañana recogen el rocío del que beben aves, pequeños reptiles y roedores. Los senecios son arbustos leñosos que se levantan hasta superar cuatro veces la altura de una persona. Su rugoso y casi feo tronco está rematado por una hermosa corona verde de hojas coriáceas que se abren durante el día para tomar el sol y se cierran por la noche para guarecerse de las bajas temperaturas montañesas.

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En las Ruwenzori hay que vestir de invierno. Durante el día las jornadas pueden ser radiantes, pero los vientos provenientes de los hielos de los glaciares y las alturas son cortantes. Los viajeros deben aquí abandonar sus atuendos de safari y vestir los de montañero avezado, pues las caminatas por las laderas –incluso aunque solo se desee realizar un trekking sencillo y no subir a alguna de las cumbres destacadas– implican una lucha contra los meteoros. En algún momento de la estancia se dará uno cuenta de por qué el nombre Ruwenzori significa «el lugar al que llega la lluvia».

La selva Kibale está en la misma latitud que las Ruwenzori pero unas docenas de kilómetros hacia el interior del país. Acuden a este parque quienes, no saciados con la experiencia de ver gorilas, desean vivir un encuentro con chimpancés salvajes. La experiencia es muy similar, aunque ambos simios sean tan diferentes, apuestos y adustos los primeros, de aspecto cómico y estridentes los segundos.

EL MAYOR PARQUE NACIONAL DE UGANDA

Más al norte, cambiando de gran lago, dejando atrás el Eduardo y orillando el Alberto, se aprovecha la clase de geografía que nos brinda la falla del Gran Rift. Así, llegamos hasta uno de los espectáculos de naturaleza desatada más deseados de Uganda: las cataratas Murchison. Es el mayor parque nacional del país, con 4.000 km2 de superficie. En su viaje hacia el lago, el Nilo Victoria interrumpe su camino por una fractura en el terreno que genera unas cascadas que pueden competir en igualdad de condiciones con las más bellas del continente. Unos barcos fluviales acercan a los visitantes a la base de la estruendosa caída.

Cascadas de Murchison

El río Nilo Victoria se desploma 43 m en un salto colosal también denominado Kabarega. El agua proviene del lago Victoria y continúa hacia el Kyoga y el Albert en su ruta a través de la falla del Rift.

AGE FOTOSTOCK

Además del espectáculo geológico y acuoso, el viajero tiene en esta reserva una oportunidad realmente única: avistar el raro picozapato, un pariente africano del pelícano vestido totalmente de gris que tiene, efectivamente, el pico con forma de zueco y un aspecto de mayordomo loco.
Como una escultura, el picozapato se mantiene inmóvil en la orilla de marismas y cañizares, atento a cazar ranas, peces y serpientes.

Para ir de las cataratas Murchison al parque del Monte Elgon hay que atravesar de oeste a este el país. En esta ruta se pasa junto al lago Kyoga, el único artificial entre las grandes superficies lacustres ugandesas, que fue creado por la construcción de una presa. Así, en la frontera con Kenia, los ansiosos por pisar una cumbre fácil pero a la vez de prestigio (4.321 m) tendrán en el cono volcánico extinguido del Elgon una oportunidad extraordinaria, así como de contactar con los imbali, un grupo étnico proclive a admitir extraños en sus ritos de boda y circuncisión. De este último, la verdad, mejor asistir únicamente a los preparativos y no presenciar el desenlace.

Uganda-parque-del-monte-elgon

La aldea de Bugitimwa es una de las más próximas al volcán extinto Elgon, cerca de la frontera keniata. El trekking hasta la cumbre dura 4 días.

SHUTTERSTOCK

A tan solo un par de horas en coche del volcán Elgon tenemos el inmenso lago Victoria, el mar interior africano. Terreno propicio para revivir historias de exploradores, especialmente la de John Speke, que en 1862 estableció sin discusión lo que durante tantos siglos se había porfiado: que el gran río Nilo tenía su nacimiento en este enclave. En la localidad de Jinja hay un museo dedicado a las fuentes y una placa conmemorativa a orillas del lago.

Además, la población tiene interés porque es de las pocas que posee un puñado de casas de arquitectura colonial británica y porque su dinámica comunidad asiática –principalmente chinos e indios– le imprime un carácter vivaracho.

Una manera óptima de cerrar el viaje a Uganda es navegar las aguas del lago Victoria y llegar hasta el archipiélago de las islas Sese, un remanso de paz donde dar pequeños paseos para avistar aves e identificar plantas, pasear en bicicleta o visitar alguna plantación de café. Y, sobre todo, para sentarse al atardecer en una veranda con una copa en la mano y muchas experiencias revoloteando en la cabeza mientras se contemplan los fulgurantes, incomparables crepúsculos del África ecuatorial.

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